El dilema (de la primavera) saudí

Apremiado por amigos y familiares, el 4 de febrero de 2012 Hamza Kashgari empacó una maleta a la carrera y abandonó su domicilio en la ciudad saudí de Yeda rumbo a la vecina Jordania. Esa misma mañana había recibido un mensaje de uno de sus colegas más íntimos. sac fjallraven kanken Contenía una sola palabra: “corre”. Horas después, cruzada ya la frontera jordana, supo que clérigos wahabíes habían desatado una campaña de persecución en su contra. En la red social “Facebook”, alguien había abierto una página bajo el epígrafe El pueblo saudí quiere la ejecución de Hamza en las que se sucedían las adhesiones, y cientos de usuarios de twitter pedían su linchamiento por blasfemia. A la persecución se sumaron días después cancerberos de la intransigencia como el jeque Nasir al Omar, quien lo convirtió en el antagonista de su famosa lección en Youtube e incluyó su nombre entre los perjuros. Su pecado, tres controvertidos tweets que Kashgari, conocido por sus polémicos artículos en el diario local Al Bilad, envió a sus seguidores durante la celebración anual del cumpleaños del profeta Mahoma. “(En esta fecha) no me voy a inclinar ante ti. max pas cher No voy a besar tu mano. Al contrario, te la voy a estrechar de igual a igual, y a sonreirte como tu me sonries. air jordans free shipping Te hablaré como amigo, nada más”, escribió en uno de ellos, de acuerdo con la traducción al inglés que el diario norteamericano The Christian Sciencie Monitor atribuyó en uno de sus artículos a Pascal Menoret, autor del libro “The Saudi Enigma: a history” y profesor de estudios sobre Oriente Medio en la New York University Abu Dhabi. No pudo llegar muy lejos. Para entonces, era ya un fugitivo perseguido por el poderoso aparato de represión saudí-wahabí. Desde los palacios reales se había ordenado su arresto y penaba en una comisaría del Kuala Lumpur, donde fue apresado cuando se aprestaba a embarcar en un avión rumbo a Nueva Zelanda. Escasos días después era deportado, pese a la presión de organizaciones de defensa de los derechos humanos como Amnistía Internacional o Human Rights Watch, que avisaron de que sus derechos no serían respetados. Su funesto augurio se cumplió. Nada más descender del avión fue encarcelado y confinado en soledad, sin acceso a un abogado. Un año después, sigue preso a la espera de juicio, acusado de apostasía, blasfemia y ateísmo, pese a haber expresado su arrepentimiento. De poco o nada han servido desde entonces las denuncias, silenciadas a golpe de amenaza. En los días previos a su extradición, un grupo de colegas y allegados lanzó una campaña de sensibilización en la web que en breve espacio de tiempo sumó más de 4.000 apoyos. El régimen saudí respondió con contundencia. El 13 de febrero de 2012, el diario oficialista Al Hayat publicaba un artículo en el que advertía que cualquiera que defensiese al joven (23 años) en la red podía ser denunciado y llevado ante un juez. Un año después, y a pesar de la citada advertencia, el recuerdo de la trágica historia de Kashgari –y de otros como él– ha rebrotado, arrastrado por la decisión del régimen de ajusticiar a siete presuntos ladrones en la provincia meridional de Asir, colindante con la frontera de Yemen, y reabierto el debate sobre la naturaleza de las relaciones con el régimen saudí. Al igual que entonces, baldías han sido las protestas, numerosas y contundentes en el caso de las organizaciones internacionales y ténues en el de las cancillerías mundiales. Todos ellos fueron condenados y ejecutados tras un proceso en el que, según AI, los acusados carecieron de defensa y se les negó el derecho a apelar. De acuerdo con el citado grupo, los siete fueron torturados en la prisión de Abha y antes de la vista, un grupo de hombres les recordó que si se retractaban se repetirían los tormentos. El eco exterior de la desesperada campaña emprendida por sus familiares logró que el ajusticiamiento se retrasara unos días. Simple espejismo. Tras un breve periodo de incertidumbre -barnizado de efímera esperanza-, el principe Miteb, hijo del rey Abdulá y uno de los principales representantes de esa nueva generación que podría aspirar al trono en un futuro no muy lejano, les anunciaba que debía cumplirse “la ley de Dios“. Cuna del Islam y uno de los principales suministradores de crudo del mundo, Arabia Saudí se acerca a su primera centuria de existencia como nación sostenida en el filo de la navaja. nike buty sklep La oleada de cambios que agita Oriente Medio, unida al auge de los movimientos radicales de oposición, la transformación del modelo energético, el incontrolado crecimiento demográfico -que ha abismado las diferencias sociales y agudizado problemas como el paro y la pobreza en uno de los reinos más ricos de la Tierra- y el desafecto cada vez mayor entre una población joven y dinámica y una gerontocracia asida al pasado que no ha sabido -o no ha querido- asumir aún los retos de la modernidad proyectan sombras sobre el futuro de un aliado considerado clave en el tablero internacional pese a su aversión a las estructuras democráticas y su escaso respeto a los derechos humanos. A ello se suma, además, la creciente tensión entre la familia Real y la casta clerical, origen, en gran parte, de la gestión de casos como el de Kashgari, que van más allá de la simple censura y hunde sus raíces en las divergencias que comienzan a aflorar en el seno de una dinastía aún aferrada a estructuras tribales. El reino del desierto se sostiene sobre un pilar labrado 250 años atrás en los alredededores del oasis hoy convertido en la populosa Riad: La alianza “sacra” que en el siglo XVIII suscribieron un clérigo revisionista y perspicaz llamado Muhammad Abdul Wahab y un señor tribal con ambiciones expansivas y poderío bélico, conocido como Muhammad Ibn Saud. Perseguido por la intemperancia de su doctrina -que algunos intelectuales islámicos consideran rayana con la herejía-, Abdul Wahab halló en el entonces emir un escudo frente a todos aquellos que combatían su pensamiento retrógado e intransigente, conocido como wahabismo. Al Saud, por su parte, consiguió para sí y para su familia una legitimidad religiosa de la que carecía y que con el tiempo le convirtió en guardián del Islam prístino y en el único custodio de los Santos Lugares de Medina y La Meca. Desde entonces, ese concordato ha condicionado no solo en el devenir del poder temporal y el poder religioso de Arabia, sino también el desarrollo de las estructuras políticas, económicas, culturales y judiciales de un país anclado en el ayer y reticente al mañana, en el que la democracia parece una quimera y las libertades personales y colectivas están en permamente peligro. Expertos como el propio Menoret coinciden en subrayar que el volcán de ira popular que estalló en Oriente con las revueltas de 2011 en Túnez, Egipto o Siria no solo no ha servido para quebrar el inmovilismo saudí, sino que al contrario, ha contribuido a apuntalar las tesis de los miembros más conservadores de la amplia y diversa familia Real que, asustados ante la posibilidad de ver contestados sus privilegios, parecen dispuestos a frenar los pequeños atisbos de reforma y contentar así más a los más reaccionarios, en busca de salvaguardar esa legitimidad que cada vez más sectores de la dispar sociedad saudí empiezan a discutir, en particular los más fanáticos. Aaron Murray UGA Jersey A la situación actual ha contribuido igualmente la comunidad internacional, y en particular Estados Unidos, que nunca ha sabido lidiar con el “problema saudí”, más allá de proteger sus intereses estratégicos y comerciales. La relación bilateral se oficializó el 14 de febrero de 1945, apenas tres días después de la afamada conferencia de Yalta. El entonces rey de Arabia Saudí -y fundador del moderno estado- Abdulaziz Ibn Saud y el presdiente norteamericano, Franklin D. adidas nmd damskie Roosvelt, compartieron unos minutos a bordo del buque de combate USS Quincy, que navegaba por aguas del golfo de Suez. Diversas fuentes coinciden en señalar que fue en su cubierta donde ambos cerraron un pacto de caballeros secreto por el que Arabia Saudí se comprometía a abastecer de petróleo de forma preferente a Estados Unidos a cambio de apoyo político y garantías plenas de que siempre defendería su seguridad. new balance 373 uomo prezzo Thomas W. Lippman, periodista del diario The Washington Post y autor del libro “Arabia Saudí on the Edge”, destaca que pese a no quedar rubricado en papel, este pacto -que abrió las puertas del desierto arábigo a las empresas norteamericanas y ha convertido a Arabia Saudí en uno de los principales coleccionistas de material bélico estadounidense- ha sido asumido por todos los inquilinos de la Casa Blanca, desde Harry S. Truman a Barack Obama. Ni el reconocimiento estadounidense del Estado de Israel en 1948; ni el embargo petrolero impuesto a Occidente en 1973, ni más recientemente, los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Washington y Nueva York, lograron quebrar la solidez de una alianza que dura más de 60 años y que es una de las claves para entender la región. Solo la ilegal invasión de Irak en 2003 y el estallido del proceso de cambio en el mundo árabe -del que algunos príncipes saudíes responsabilizan en privado a la administración Obama- y el creciente papel de China -que ha sustituido a EEUU como primer consumidor de crudo saudí- han introducido un factor de conflicto en una relación tradicionalmente carecterizada por la indulgencia. Los lazos, dulces durante años, comenzaron a devenir en un quebradero de cabeza para la casa de Saud en agosto de1990. Aquel tórrido verano, tropas iraquíes invadieron el vecino emirato de Kuwait y se colocaron a escasos kilómetros de la frontera saudí. Asustada, la familia Real invocó la doctrina Carter y solicitó el apoyo militar de Estados Unidos, que en apenas seis meses expulsó a las tropas de Sadam Husein y trocó para siempre, a golpe de tanque, la política de Oriente Medio. El desembarco de los marines norteamericanos en la tierra sagrada del Islam enervó a los clérigos más radicales, indignados por la herejia que suponía la presencia de extranjeros en la tierra de Mahoma. A ellos se sumaron cientos de ex combatientes yihadistas, liderados por apóstoles de la violencia como Osama bin Laden, veteranos de la guerra santa en Afganistán recien llegados a un hogar que no reconocían. No solo no habían sido bienvenidos, recompensados por su esfuerzo en el camino de Alá, sino que vagaban por el país, arrinconados, señalados y vigilados pese a que también ofrecieron sus armas para neutralizar la amenaza iraquí. La tensión estalló en 1994 con una serie de atentados mortales que segaron la vida de decenas de personas -entre ellas varios estadounidenses- y contribuyeron a frenar el incipente movimiento de reforma nacido tras la invasión de Kuwait. Diez años después, una segunda oleada de terrorismo y represión anegó de igual modo la esperanza y las promesas de calculada apertura con las que el actual monarca, Abdulá, inauguró su reinado. En aquellos aciagos años de la invasión ilegal de Irak, parecía osado discutir la habitual política norteamericana para la zona: primero seguridad. Malas noticias para aquellos saudíes -y árabes, en general- que exigían más libertad. Desde entonces, poco se ha avanzado, al menos en lo que corresponde a Arabia Saudí. Dominado por una casta clerical obsesionada con una interpretación estricta y reaccionaria de la Sharía o ley islámica, y gobernada por una familia Real encerrada en sus propios cabildeos, el reino del desierto ha regatado con una mezcla de opresión e incentivos económicos el impacto en su propio territorio del proceso de cambios en el mundo árabe, que observa con aprensión. Con el palo y la zanahoria en la mano, se ha limitado a escenificar una serie de reformas cosméticas y de fuerte impacto mediático como el acceso de la mujer al Consejo Consultivo -un órgano sin poder efectivo que aconseja al soberano y que él mismo designa- o el derecho de éstas a votar en las elecciones municipales previstas para 2015, sin entrar en cuestiones esenciales como la modernización de las estructuras políticas del reino y la asunción de derechos universales. Ignoradas permanecen la demanda de comicios para la elección del Gobierno -exigida por una buena parte de la población desde la década de los noventa- o la codificación y modernización de un sistema legal que se cimenta en el albedrío de quienes interpretan la Sharía o ley islámica. Igualmente relegadas han quedado la imprescindible reforma del sistema educativo o la inclusión de otros grupos y minorías a los organos de decisión del Estado, además de la necesidad de construir una sociedad civil liberal y sólida que contrarreste la creciente influencia de los más retrógrados. Air Jordan 12 Un largo camino aún, no exento de piedras, al que en nada contribuye el pertinaz -y sesgado- silencio que frente a los abusos mantienen gran parte de los gobiernos del mundo. Más allá de las corrientes reaccionarias -que se consolidan como principal movimiento de oposición a la familia Al Saud-, en la sociedad saudí existen voces liberales que reclaman un mejor gobierno dentro de los parámetros de un islam sincero y moderno. Hombres y mujeres que promueven una sociedad más abierta, mejor educada y más justa sin renunciar a las tradiciones y la peculiaridades de un país con gran influencia entre sus vecinos. Propuestas para diseñar una democracia propia y singular, “ad hoc”, que apenas se escuchan fuera de las fronteras (ahogadas por el ruido de los radicales y el inmovilismo del régimen) y que se topan en el interior con la falta de cultura política en una nación en la que no existen partidos ni sindicatos fuertes, y en el que el asociacionismo se limita a las organizaciones de naturaleza religiosa y caritativa, muchas de las cuales difunden desde hace años la visión más reductora del wahabismo. En tiempos de mudanza mundial, concederles un altavoz quizá signifique apostar también por el futuro de una región en la que hace dos años brotó una incipiente (y frágil) primavera.

El augurio (sirio) de Gordias

Alto, fornido y con ese engañoso aplomo que concede el miedo cuando es la vida la que corre peligro, Ahmad Sahrar parecía uno más de los escasos fieles que aquella fría tarde de enero de 2012 se habían aventurado a rezar en el interior de la mezquita de los Omeyas de Damasco, una de las más bellas y emblemáticas del Islam. Hijo de un pequeño comerciante en la localidad de Duma, vecina a la capital, había sorteado puestos de control y patrullas de la policía para reunirse con un supuesto periodista occidental en el patio amarmolado del imperial edificio levantado en el año 705 por Yazid I sobre los restos de una catedral bizantina. Nada sabía de él más allá de una imperfecta descripción física y las palabras de confianza que le había transmitido un familiar que luchaba desde el exilio. “Creo que no es momento de discusiones. Lo esencial es expulsar al dictador y debemos centrarnos en ello. Ya habrá tiempo más tarde para solucionar otros problemas“, explicaba instantes después apoyado sobre uno de los pilares vecinos al mihrab. Hacía casi un año que la revuelta popular siria, azuzada por los éxitos de sus “hermanos” libios, egipcios y tunecinos, había prendido en el norte del país y destapado la faz más sanguinaria de una dictadura dominada por la soberbia. air max 2017 goedkoop Los muertos comenzaban a hacinarse bajo los escombros, apilados en fosas comunes ahitas de viejas cuentas pendientes ahora cobradas y la bisoña oposición siria en el exilio, fragmentada, inexperta e incluso ajena a un país doliente, comenzaba a dar los primeros pasos hacia una unidad de mando que le permitiera eclipsar tres décadas de cruel dominio de la familia Al Asad. “Venceremos, no lo dudes. Costará sangre, quizá la mía propia, pero es el momento, nuestro momento, y lo debemos aprovechar. Nos merecemos un país mejor, más libre“, argumentaba con un punto de altanería. “Todos estamos de acuerdo en eso, y eso nos hará unirnos, sea cual sea nuestra ideología. Todos, religiosos, laicos, dentro y fuera del país ansiamos la libertad“, insistía. Un año después, aquel anhelo libertario que Ahmad recitaba como una letanía sigue aún vivo en un pueblo condenado a la violencia, víctima casi por igual de un gobierno inmisericorde que apenas muestra síntomas de fisura, de una comunidad internacional deshonesta anclada en sus taimados intereses y de una oposición que pese a haber avanzado territorialmente en la denominada “liberación del país”, continúa lastrada por los mismos estorbos que condicionan su camino desde el primer grito de protesta: graves disensiones internas, falta de confianza exterior en su capacidad operativa, descoordinación, atomización y lejanía de la realidad sobre el terreno. Trampeado en extremo el frágil proceso político, la brecha es aún dilatada entre quienes combaten en las calles y aquellos que cabildean en pasillos enmoquetados, a los que se le recrimina que prosigan en Turquía, Europa, EEUU y otros países árabes y no se hayan trasladado aún a las “zonas liberadas” para coordinar la lucha armada y asumir la gestión administrativa de un área que según los expertos significa ya el 40 por ciento del territorio nacional y en el que malviven cerca de 10 millones de personas. “La oposición siria permanece aún incomodamente suspendida entre el armazón representativo en el exilio, que ha fracasado a la hora de ofrecer un liderazgo efectivo, y la diversa mezcolanza de organizaciones locales en el interior de Siria, dinámicas y expansivas aunque problemáticas. Esto le impide establecer el suficiente control sobre el terreno para resolver sus disfunciones“, explica Yezid Sayigh, doctor en estudios de Guerra en el King´s Colleage de Londres. “El verdedero dilema para la Coalición Nacional es que no puede esquivar de manera indefinida los retos a los que hace frente su liderazgo a no ser que se reubique en Siria“, subraya en su último trabajo, publicado por el think tank Carnegie Endowment for International Peace. De lo contrario, la perspectiva es más guerra y un estado fallido, diseccionado en dos entidades territoriales, una bajo el puño de hierro de una acorralada dinastía Al Asad y otro al albur de los diferentes grupos de oposición, en particular de los movimientos yihadistas, que se nutren y robustecen en la anarquía. “Es un juego perverso“, resalta un activista sirio afincado en El Líbano. “La oposición en exilio gana legitimidad en el exterior, pero no consigue arraigarse en el interior del país, donde son los comités locales, políticos y militares, los que ejercen el control“, agrega este opositor, que prefiere no ser identificado. fjallraven kanken pas cher Por su cercanía, estos comités ganan día a día autoridad entre la población, pero carecen de la legitimidad internacional -y de los recursos financieros que eso conlleva- como para aglutinar las diferentes tendencias y crear una estructura que cohesione las tierras liberadas, gestione la ayuda internacional, posponga las disidencias, unifique los diferentes frentes militares y enhebre una estructura de estado, fiable aunque imperfecta, como la que la oposición Libia logró hilvanar en Bengazi, clave para la posterior caída de la excéntrica dictadura de Muammar Qaddafi. Las razones son múltiples, aunque el origen debe rastrearse en el corazón de un sistema dictatorial que, a lomos de una particular interpetración del socialismo árabe y sostenido por una retórica belicista, se ha esforzado durante más de tres décadas por destruir cualquier brote de sociedad civil y silenciar todo atisbo de crítica. Desde que en 1972 triunfara el golpe militar liderado por el coronel Hafez al-Asad, padre del actual mandatario, Siria está gobernada -oficialmente- por una coalición de partidos llamada Frente Nacional Progresista, que engloba diferentes corrientes políticas. En la práctica, sin embargo, todas ellas están sometidas al monopolio del partido árabe socialista Baaz, fundado por un sirio cristiano en la primera mitad del pasado siglo y que tuvo sus propias franquicias en otros países, como Irak. Datos no oficiales calculan que cerca de 2,2 millones de habitantes están afiliados a la formación, que dota de privilegios a sus seguidores y discrimina a todos los demás; pertenecer al Baaz o comulgar con sus ideas es condición obligatoria para ser funcionario del estado (se cree que hay cerca de 1,5 millones de funcionarios en siria) o miembro del Ejército (los datos más optimistas hablan de una fuerza cercana a las 250.000 unidades). Además, la mayor parte de sus cuadros de mando se alistan en la minoría alawi, que lidera el propio Al Asad y que los expertos estiman que está integrada por 2,5 millones de personas. NCAA El resto -amedentrado por un sistema brutal y represor- ha tenido que optar, durante años, por el conformismo, por el silencio o por empacar las maletas, rumbo al exilio. “Hablar con el régimen es necesario para hallar una salida al callejón. La oposición en el exilio comienza a darse cuenta, aunque sea tarde. Ahora solo falta que quienes meten mano en Siria desde el exterior también sean conscientes“, subraya Hamid, un opositor afincado en España desde la década de los setenta. “No se puede cometer el mismo error que en Irak, donde se arrasó toda estructura. Hay gente que purgar, pero otros son muy válidos. Si no, Siria se convertirá en otro estado fallido“, advierte. El puño de acero con el que Hafez al-Asad gobernó el país durante casi tres décadas se relajó tenuemente a principios de siglo con la llegada de su hijo y sucesor, Bachar al-Asad. Zapatillas Asics Gel Lyte 5 Consciente de que el sistema económico estaba agotado y necesitado de legitimidad popular para paliar las intrigas de un palacio que lo recibía como un extraño, el actual mandatario impuso una estrategia de apertura cuyo objetivo era superar años de estructura económica obsoleta, de tinte socialista, y adentrarse en la economía de mercado, aunque obviando reformas políticas o sociales. Ole Miss Rebels Asidos al crecimiento económico, Al Asad y la pléyade de jovenes tecnócratas que le acompañaban confiaban en que la rápida y superficial modernización del país actuaría de antídoto frente al incipiente descontento que cundía en la calle, pero también frente a las intrigas de la vieja guardia que flanqueó a su progenitor, contraria a las tesis del oftalmólogo llegado por casualidad desde Londres. Troy Polamalu – USC Trojans Fue en aquel tiempo de grandes obras públicas, liberalismo económico y mercados colmados de productos extranjeros antes prohibidos cuando resurgieron también aquellos movimientos de disidencia política que su padre y sus acólitos tanto se habían esforzado en erradicar. Durante aquella breve y fugaz “Primavera de Damasco”, ahora olvidada, emergieron grupos de oposición como el Forum Jamal Al-Atassi o el Partido Popular de Riad al-Turk, que ahora nutren las organziaciones de oposición laicas y liberales. A ellos se sumaron enseguida los Hermanos Musulmanes, asfixiados pero no destruidos pese a la masacre de Hama en 1982. Obligados a deambular en el exilio, aprovecharon la aparente laxitud del régimen para intentar resucitar las estructuras que el apodado “león de Damasco” había arruinado a golpe de látigo y mortero. Apenas tuvieron tiempo. nike air huarache ultra hombre Presionado por los elementos más radicales del régimen -que vieron en la forzada retirada siria del Líbano un síntoma de debilidad del nuevo presidente-, Al Asad ordenó que el brote opositor fuera cercenado -aunque no consiguió que la semilla pudiera ser extirpada. Muchos de los nuevos líderes hubieron de hacer las maletas, empujados como sus predecesores a un exilio que esta vez aprovecharon, sin embargo, para reavivar una disidencia estancada y algo marchita. Otros volvieron a optar por la tradicional clandestinidad, aunque ahora convencidos de que la segunda oportunidad no tardaría en presentarse. Una revolución vírica Los alzamientos en Túnez y en Egipto, unidos a la vetusta táctica del régimen de recurrir a la violencia para reprimir unas protestas que en principio no exigían su fin, si no un cambio politico y social similar al que propició la apertura económica a principios de siglo, facilitaron esa ocasión tanto tiempo soñada por toda la oposición, laica y religiosa. Sin embargo, apenas seis meses después de las primeras manifestaciones, la oposición era ya un monstruo de tres cabezas que se miraba en espejos distintos. La primera en aventurarse fue el Comité de Coordinación Nacional Para el Cambio Democrático, nacido en septiembre de 2011 de las cenizas de aquella fracasada primavera damascena. Integrada por trece grupos de izquierda, cuatro partidos kurdos y una pléyade de intelectuales laicos, su alma mater es Hussein Abdul Aziz, un abogado capitalino formado en el nasserismo y el nacionalismo árabe, al que se acusa de cercanía al régimen. Opuesta a la intervención de los países no árabes y favorable a una solución negociada con el actual gobierno, es la plataforma opositora que más presencia tiene sobre el terreno, aunque de momento carece del perfil y relevancia internacional necesaria para aglutinar al resto de fuerzas y liderar la rebelión. Secular en su concepto, junto a ella pueblan las trincheras otros grupos laicos más pequeños como Building the Syrian State, del activista y escritor exiliado Louai Hussein. Dos meses después surgió la segunda y más conocida, el denominado Consejo Nacional Sirio (SNC). Establecido en octubre de 2011 en Estambul tras varios intentos fallidos, a sus cuadros de mando pertenecía el hombre que me puso en contacto con Ahmad Sharar en Damasco aquel invierno de 2012. Miembro de la franquicia siria de los Hermanos Musulmanes, representaba el prototipo de activista en el exilio: un intelectual obligado a abandonar un país que no ha vuelto a pisar en más de veinte años en el extranjero. “El problema del SNC fue que se lanzó a la arena internacional sin crear antes una base operativa en el interior. Air Jordan 14 Retro Creyó que con lograr el respaldo internacional sería suficiente para derrotar al régimen y su ansia por ese reconocimiento le fue alejando de la realidad sobre el terreno“, explica el activista afincado en el Líbano. Un anhelo “que ha impedido la consolidación de las iniciativas de los grupos locales“, precisa por su parte el investigador Yezid Sayigh. Dos circunstancias más han trabado su camino: la descompensación de sus órganos de gestión, dominados por la hermandad islamista, y su fracaso a la hora de incorporar otras opiniones y de controlar a las heterogéneas milicias armadas, ahora peligrosamente atomizadas.

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  • Al contrario que sus colegas egipcios, el andamiaje local de la franquicia siria era muy endeble cuando estalló la revuelta. Diezmados en la citada masacre de Hama, la mayoría de sus líderes vivian y envejecían al otro lado de la frontera nacional, al margen de una nueva generación cultivada en casa durante aquella primavera damascena, y que ahora pide paso convencida de que quizá sea una oportunidad dorada pero postrema. “El islam sigue siendo la solución” reflexionaba Sahrar bajo las bóvedas aquella tarde de enero de 2012. “Un islam adaptado a los retos del futuro“, subrayaba antes de admitir que los años de represión del régimen no les habían permitido penetrar en la sociedad con la misma profundidad y efectividad que los Hermanos Musulmanes egipcios. Un nuevo camino, las mismas piedras El fracaso de la estratagema del SNC, observada con recelo tanto por sus compañeros de lucha como por la comunidad internacional -esta última reticente a entregarle la legitimidad absoluta que demandaba y los fondos que exigía para guiar la revuelta-, comenzó a ser evidente en marzo de 2012, escasos dos meses después de que me despidiera de Ahmad Sahrar en el atrio de la cuarta mezquita más importante del Islam. Su incapacidad para administrar las áreas liberadas y su ineficacia a la hora de repartir la ayuda humanitaria había socavado el escaso crédito que aún le restaba entre una población exhausta tras un año de guerra y feroz represión. La falta de un proyecto político diáfano, sumada a su tenaz resistencia a incluir al régimen en la solución -como ya propuso el primer mediador internacional, Kofi Annan- y a formar un gobierno provisional que coordinara los diversos esfuerzos antes de la eventual caída de la estirpe Al Asad, causó una encisura que meses antes ya parecía inevitable. En el primer aniversario de las protestas, el SNC había perdido casi una tercera parte de sus 270 miembros, la mayoría de ellos críticos con la actitud monopolizadora e inflexible de los Hermanos Musulmanes. Líderes influyentes como el veterano promotor de los derechos Humanos, Haytham al-Maleh, abandonaron la plataforma para crear una nueva formación, el Grupo Patriótico Sirio, al tiempo que las brigadas yihadistas, muchas de ellas financiadas en el golfo, ganaban posiciones en las áreas de combate. La grieta política se producía, además, escasos cinco días antes de la primera reunión del Grupo de Amigos del Pueblo Sirio, una alianza integrada por países como Estados Unidos, Francia, el Reino Unido, Turquía o Arabia Saudí que se reúne de forma periódica al margen de los organismos internacionales y sin la presencia de los otros grandes actores externos del drama sirio: Rusia e Irán con el silencio siempre cómplice de China, y comenzaba a evidenciar que el fuelle que aún sostenía al régimen procedía de la debilidad de quien quería arrogarse en los conciábulos internacionales el título de único representante del pueblo sirio. La batalla de las ciudades Iniciado el verano de 2012, una noticia rasgó la monótona sucesión de partes de bajas en la que se habían convertido los teletipos sobre el conflicto sirio. Dos organizaciones armadas yihadistas, financiadas por asociaciones caritativas salafíes y enamadas de ideologías wahabíes, anunciaron que en apenas unos días iniciarían “el asalto final a Alepo”. Nike Air Huarache damskie Jabhat al-Nusra y Tawhid Brigade revelaban que sus hombres habían comenzado a tomar posiciones en el extrarradio de la ciudad y en los barrios liberados, pese a la oposición del Ejército Libre Sirio (FSA, en sus siglas en ingles) y en particular del comandante rebelde en Alepo, general Abdul Jabbar al-Aqidi. La división se hacía así evidente también en el campo de batalla. El FSA había sido creado un año antes por el coronel Riad al-Assad, quien desertó con un grupo de hombres y se sumó a las filas de la entonces incipiente oposición. Solde Adidas Formado por un puñado de oficiales disidentes, varios miles de soldados huidos y una moraga cada vez más numerosa de entusiastas voluntarios llegados desde el exterior, lidera desde entonces la lucha armada, pese a las escinsiones y la competencia, a veces incluso desleal, de los grupos yihadistas. Armado por Arabia Saudí y financiado por Qatar, se considera afín a la oposición en el exilio aunque ni el SNC ni la plataforma que le sucedió tras la firma del Pacto Nacional han logrado atajar su independencia. Burhan Ghalioun, primer presidente del SNC, lo intentó a través de la creación de una oficina de coordinación entre el liderazgo político y la junta militar. Muhammad Farouk Tayfour, miembro destacado de los Hermanos Musulmanes, volvió a intentarlo el pasado septiembre, igualmente sin éxito, apremiado por el grupo de Amigos del Pueblo Sirio, que lo consideran una condicion inexcusable. Su idea de formar un “Comando Militar Conjunto de los Consejos Militares Revolucionarios” ha logrado avances en los últimos meses, pero se ha visto frenado por la negativa a sentarse en su mesa del citado Al-Aqidi y de su colega en el frente de Homs, general Qassim Saad Eddin. “La batalla de Alepo fue un error monumental“, explica Mohamad H. R., un periodista sirio asentado en España. “Dejó en evidencia la debilidad del FSA y el poder fánatico de los yihadistas, algunos vinculados ideológicamente con Al Qaeda. Y supuso un alivio para el régimen, que superó el embate y ganó tiempo“, explica. adidas ultra boostEl pulso político por el liderazgo de la revolución ha fomentado la balcanización de la lucha armada, impidiendo la formación de un frente común y favoreciendo la infiltración de grupos radicales que han sembrado la desconfianza hacia la oposición entre la población“, agrega. “Mientras este problema no se solucione, no se podrá avanzar hacia la victoria“, concluye. El error se repitió meses después. En esta ocasión fue el grupo yihadista “Ahrar al-Shams” el que se lanzó a una operación extremadamente cruenta y casi suicida para tratar de conquistar la capital. La fallida aventura solo sirvió para teñir con más sangre las calles de la capital y fortalecer la estrategia de defensa del régimen, que se dice a la defensiva frente a lo que denomina organizaciones terroristas. “El gobierno sabe que toda batalla y desplazamiento de poblacion mina la influencia de la oposición que, carente de una estructura fluida, se topa con dificultades para atender y enviar la ayuda prometida a la población“, explica el periodista. Mejor organizados y más presentes en el terreno, facilita también la labor misionera de la teleraña salafí, que comienza a arraigarse en algunas poblaciones del norte y el este del país. El mejor ejemplo es la localidad de Deir Ezzor, donde la llamada “Autoridad Religiosa para la Región Este de Siria” gestiona y administra los asuntos locales de menera prácticamente independiente. El resultado es un debilitamiento en la confianza de la comunidad internacional, que duda de la capacidad operativa de la nueva Coalición Nacional. De los cientos de millones de euros comprometidos en ayuda humanitaria por países como EEUU, el Reino Unido, Arabia Saudí, Turquía o Qatar, “la mayor parte ha sido entregado a la ONU” y sus agencias, recuerda Yezid Sayigh. Igualmente ocurre con los fondos destinados a la compra de armas o a la formación de un gobierno de transición, actual caballo de batalla de una crisis con propensión al enquiste. El nudo gordiano Presionada desde el exterior, en particular por Turquía y Qatar, y amenazada de colapso, la todavía divergente oposicion siria abrió una nuevo pasillo de acción común en octubre de 2012. sac a dos fjallraven Reunidos en Doha, figuras religiosas como Muaz al-Khatib, antiguo Iman de la mezquita de los Omeyas, y laicos, como Suheir al-Atassi, conocida activista de los derechos humanos, fundaron la denominada Coalición Nacional Siria de Fuerzas Opositoras y Revolucionarias, el enésimo intento por forjar un frente único de lucha política y armada en el que aunar las diferentes voluntades y arrinconar ambiciones dispares. Respaldada, en principio, por una comunidad internacional necesitada de un interlocutor fiable, en marzo de 2013 -y gracias, sobre todo a Arabia Saudí y a la creciente influencia de Qatar (y su dinero) en los asuntos regionales- asumió el puesto de Siria en la Liga Árabe, pese a que las diferencias eran aún evidentes. Incomodamente sentados, Al-Khatib, entonces dimisionario presidente de la Coalición Nacional, y Ghassan Hitto, recién nombrado jefe del futuro Gobierno provisional, trataban de dar una imagen de unidad que ocultara las discrepancias y aventara las suspicacias aparecidas tras apenas seis meses de vida. “Las posturas se han acercado, debemos reconocerlo, pero las raíces del conflicto aún permanecen casi inalteradas. Nadie ha conseguido aún reducir la desconfianza que existe entre todos los grupos“, explica el periodista. nike tn pas cher En realidad, la Coalición Nacional ya había nacido condicionada, incapaz de arrinconar las discrepancias que erosionan a la oposición desde que en marzo de 2011 arrancaran las protestas y que se han acentuado en los últimos meses por la también errática (y competitiva) actividad de los gobiernos extranjeros. En junio de 2012, y tras una reunión en Ginebra, el grupo de Amigos del Pueblo Sirio emitió un comunicado, respaldado después por Rusia y China, en el que se instaba a dialogar con el régimen y a consensuar un gobierno de transición que condujera a una solución definitiva de la crisis. La nota abogaba por la inclusión de miembros del régimen que no hubieran cometido delitos de sangre, y que no estuvieran salpicados por la corrupción crónica, pero evitaba mencionar uno de los asuntos más polémicos: el futuro de Bachar al-Asad y su estirpe. Días después, durante una reunión en El Cairo, la oposición aceptó esta nueva vía, que incluía la formación de un gobierno y de un Parlamento que gestionaría los “asuntos nacionales” hasta la caída del dictador. Una vez consumada ésta, ambas instituciones se disolverían y convocarían una conferencia nacional que sería la que elegiría un nuevo gabinete hasta la celebración de elecciones. La iniciativa se topó enseguida con la ferrea oposición del SNC, temeroso de perder la influencia y el protagonismo adquirido como principal representante del pueblo sirio en el exterior. Los Hermanos Musulmanes y sus aliados preferían un gobierno provisional, de caracter puramente gestor, dedicado a administrar las zonas liberadas, sin participación del antiguo régimen y desvinculado de la vía política. La presión de Qatar, Turquía y en menor medida de Francia consiguió, sin embargo, que el 7 de octubre de 2012, cuatro días antes de la creación de la nueva Coalición Nacional, el SNC cambiara de estratagema y decidiera incorporarse a la nueva iniciativa. Para esa fecha, ya había conseguido forzar un nuevo acuerdo con su antiguo socio, el Bloque Nacional, para volver a ser la fuerza dominante. Aunque aceptó, en principio, la formación de un gobierno de transición, exigió varias condiciones que le fueron parcialmente concedidas: reconocimiento internacional para ese gobierno incluso antes de ser formado, los asientos de Siria en la Liga Árabe y la ONU y la gestión de los multimillonarios fondos de ayuda prometidos: 145 millones de dólares de los cerca de 3.000 que según Al-Khatib se necesitarían para llevar a buen término la revolución.

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  • De ellos, 500 millones serían solo para la formación de ese ente ejecutivo, según el presidente del SNC, George Sabra. En marzo de 2013, la ascendencia del SNC en la nueva organización era ya evidente. Con el apoyo del Bloque Nacional, impuso la elección de Ghassan Hitto como primer ministro provisional, arrinconando la opción de un ejecutivo de transición que todavía defienden Al-Kahtib y una minoria de miembros. La designación supuso una nueva fractura, la enésima. En protesta por la actitud de los islamistas y sus aliados, una docena de miembros de la nueva Asamblea General abandonaron la Coalición Nacional y se integraron en un grupo de más de medio centenar de intelectuales y politicos que exigen una plataforma más equilibrada en la que tengan mayor cabida grupos minoritarios y asociaciones que trabajan en el terreno. Críticos con la supremacia del SNC y el Bloque Nacional -entre ambos sumaban 35 de los 49 miembros de la Asamblea que eligió a Hitto- exigen la inclusión de otros 25 para reflejar mejor las diversas tendencias, demanda que aún no ha sido escuchada. fjallraven kanken goedkoop “El reconocimiento es un importante logro diplomático. Pero será efímero si la Coalición Nacional y su gobierno provisional no puede poner en práctica rápidamente una administración eficaz, servicios básicos y seguridad en las áreas liberadas”, donde “hace frente a la anarquía armada en muchas zonas, a la fragmentación de los consejos civiles y los grupos rebeldes, al constante incremento del número de refugiados y desplazados, y a la competencia de las alianzas islamistas rebeldes, que son más coherentes y cada vez más activas a la hora de establecer gobiernos locales”, advierte Sayigh. Una imagen que aún dista de aquel sueño que una plomiza tarde de invierno Sharar narró a un extraño junto a una de las pretendidas tumbas de Juan el Bautista.

    Irán, año 2000…

    En 1979, poco después de que el Sha huyera y las milicias islámicas certificaran a golpe de fusil el triunfo de la facción del ayatolá Rujolá Jomeini, al nuevo liderazgo iraní se le planteó un resbaladizo dilema: qué hacer con la costosa -y a priori innecesaria- central nuclear que el último de los Pahlevi construía con ayuda de Francia y Alemania en la provincia de Bushehr, a orillas del golfo Pérsico. Lego en la materia, el sañudo clérigo ordenó la formación de una comisión de cinco expertos que en pocos meses emitió un prolijo informe.

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  • Tres de ellos abogaron por suspender las obras y desmontar lo ya levantado. Los dos restantes subrayaron, sin embargo, que se trataba de una excelente inversión de futuro, interesante y muy beneficiosa a largo plazo. Uno de estos últimos era un joven científico formado en Beirut, vivaz y exquisito en el trato, llamado Alí Akbar Salehí. La guerra con Irak se cruzó en el camino y Jomeini pospuso la decisión. No sería hasta 1985, convencido por quien era entonces uno de sus consejeros más cercanos -el luego presidente Alí Akbar Hashemi Rafsanjaní- cuando el clérigo, de la mano de la Guardia Revolucionaria, aceptaría retomar un complejo y polémico programa que veinte años después atribula al país, divide a sus líderes y supone el principal foco de fricción con la comunidad internacional.

    Expresada su opinión como científico, Salehí optó por eludir la política. Centrado en su actividad académica y al margen de las viciadas y cainitas relaciones que imbrican el restrictivo círculo de poder iraní, su nombre evitó la esfera pública hasta que en 1997 el nuevo e inesperado presidente, Mohamad Jatamí, le colocó al frente de la Asociación Iraní de la Energía Atómica (AIEA). Un puesto que parecía cortado a su medida y a la medida de lo que el mandatario reformista deseaba: un hombre con experiencia, versado en materia nuclear, acostumbrado a la diplomacia y suficientemente desligado de las luchas partisanas que envenenan el liderazgo iraní. fjallraven kanken sale uk En Viena, su trabajo entroncó con el del entonces director del Consejo Superior de Seguridad Nacional y asesor de Seguridad del Líder Supremo (actual presidente del país), Hasan Rohani. Sobre todo, a partir de 2002, fecha en la que oposición iraní en el exilió sacó a la luz los detalles del programa nuclear clandestino y Rohaní se convirtió en negociador jefe para el programa nuclear. Pese a que estampó su firma, Salehí criticó el acuerdo alcanzado con tres países de la UE, por el que Irán prolongaba la interrupción de su actividad atómica. Convencido como en los ochenta de que el programa nuclear constituía un as en la manga, abandonó el puesto y aceptó un cargo de responsabilidad en la antigua Organización de la Conferencia Islámica (OCI), con sede en Arabia Saudí.

    Su regreso fue exitoso. En 2010, Ahmadineyad lo reclutó para que regenerara una diplomacia iraní desgastada y desprestigiada por él mismo tras casi un lustro de enconada lucha con la comunidad internacional. En aquellos días, el mandatario destinaba todos sus esfuerzos a la guerra que había desatado contra la vieja guardia, y necesitaba de alguien afín que se ocupara de la política exterior. Fluido en inglés y árabe, ilustrado en las reglas de cortesía occidentales y defensor del programa nuclear, su capacitación mejoraba, además, el rudo y limitado perfil de aquellos que secundaban al combativo jefe del Gobierno. new balance 999 homme blanche Sus intervenciones, sus acciones, constituían un contrapunto frente a los anhelos de Ahmadinejad, cuya desmedida sed de poder y sobre todo, su afán por trocar los equilibrios en la cúpula del sistema, le granjearon la animadversión del líder supremo. En 2005, Alí Jameneí había aceptado de buen grado la tesis del inesperado presidente, que abogaba por arruinar la política dialogante y conciliadora que ejercía su predecesor, Mohamad Jatamí, y recuperar la hostilidad tradicional, con el programa nuclear y el holocausto como arietes, tal y como exigían los elementos más radicales de las castas militar y religiosa.

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    Parapetado tras este talante combativo y retador, el polémico programa nuclear iraní progresó en apenas ocho años más rápido que lo que lo había hecho en las dos anteriores décadas. En 2009, el Gobierno Ahmadinejad anunció que había conseguido dominar por completo el complejo proceso de la energía nuclear y meses después desveló que sus científicos eran capaces de enriquecer al 19,75 por ciento, grado máximo del denominado Uranio Bajamente Empobrecido (LEU, en sus siglas en inglés). Además, aprobó una directiva parlamentaria para limitar la colaboración con la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA), multiplicó el número de centrifugadoras -la mayoría de última generación-, anunció la construcción de nuevas centrales, admitió la existencia de una nueva instalación secreta en el desierto próximo a la ciudad santa de Qom y se involucró en un teatro negociador diseñado más para colocar obstáculos que para resolver desencuentros.

    Han pasado apenas tres meses de la desaparición del poder de Ahmadineyad y su camarilla, e Irán parece dispuesto a abrir una nueva era de templanza, aunque sin abandonar el combate. Asido al rostro amable de su nuevo presidente, Hasan Rohani, -un hombre del sistema- ha retomado el pedregoso camino hacia el deshielo que emprendió hace más de una década el primer gobierno reformista y abierto la puerta a un eventual acuerdo con Estados Unidos y el resto de la comunidad internacional similar al que la Administración Clinton y el gobierno Jatamí sellaron a principios del presente siglo. Cocinado en secreto, aquel proceso propició el levantamiento parcial de las sanciones y despejó una vía de entendimiento que enseguida anegó el hallazgo del programa nuclear clandestino, revelado en 2002 por la oposición iraní en el exilio. Más allá de la impronta de Rohani, un clérigo de largo recorrido político, revolucionario de primera hora, jomeinista pragmático y conocedor de las alcantarillas del sistema teocrático, otros elementos confirman el cambio de actitud, al tiempo que azuzan cierta esperanza.

    El primero de ellos, la decisión de colocar a Salehí al frente de la AIEA, encargada de negociar las cuestiones científicas. Durante los últimos años, una de las quejas recurrentes de los responsables europeos y norteamericanos aludía a la incapacidad del anterior negociador nuclear, Saeed Jalili, quien además de no entender los detalles técnicos -y enredarse en polémicas bizantinas- carecía de competencia lingüística en inglés. Algunos le acusaban incluso de obrar para que el diálogo fracase. Salehí -cuyo nombre sonó como candidato a la presidencia- repara ambas deficiencias. Su condición de experto nuclear y su trabajo al frente de la diplomacia persa colman las expectativas de los pares que le esperan en Viena.

    El segundo, la total renovación de la diplomacia iraní, ahora bajo el mando de un funcionario de aquilatada experiencia y mejor reputación como Mohamad Javad Zarif. Bregado en los pasillos de la ONU hasta la llegada Ahmadinejad, los orígenes de Zarif invitan al optimismo. Soldes Fjallraven Kanken Entre 1992 y 2002, fue viceministro de Asuntos Exteriores en los gobiernos de Rafsanjaní y Jatamí, precursores de las aperturas económica y política respectivamente. Durante esos años, Estados Unidos e Irán llegaron al acuerdo ya mencionado, que no solo mejoró las relaciones entre dos enemigos enconados sino que ayudo a forjar una esperanza de futuro en un pueblo -el iraní- aislado, condenado a tres décadas de pobreza, tiranía y guerra. nike tn requin pas cher A su vera Zarif ha colocado, además, a otros actores relevantes de la diplomacia iraní, hombres de mayor empaque propensos a la flexibilidad como Abbas Araqchi (viceministro de Exteriores para Asuntos Exteriores), Majid Takht Ravanchi (viceministro para Asuntos Europeos y norteamericanos), Eshaq Ale-e Habib (antiguo ministro Consejero en la misión iraní ante la Naciones Unidas) o Hamid Ba´idinejad. Todos ellos formarán el equipo que se reunido ya con el 5+1 (los representantes de los países miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania) con el objetivo de enderezar una relación caracterizada por la desconfianza mutua.

    Las recientes declaraciones del líder supremo también alimentan -aunque menos- cierto grado de esperanza. Taimado, Jameneí ha dado su bendición al proceso, pero se ha cuidado al mismo tiempo de enfriar la euforia inicial. Steve Smith Sr Ravens Jerseys Cualquier avance o retroceso está en sus manos, ya que su poder es omnímodo. Compra Mochilas Kanken Baratas Y aunque parece que ha abierto el puño que aún le queda sano, ha querido dejar claro que las líneas rojas apenas han cambiado y que cualquier negociación será ardua y compleja. Asics Gel Noosa męskie Una de ellas es la propia negociación con Estados Unidos. Brooklyn Nets Irán exige el levantamiento total de las sanciones, pero se mantiene reticente a pedir perdón por lo sucedido en la legación. En el entorno del líder, la sensación es que aún no es posible aligerar uno de los pilares que sostienen el régimen desde su nacimiento: la hostilidad a Estados Unidos, inoculada en la sociedad a base de eslóganes que se repiten desde el jardín de infancia y de murales que aún decoran las calles de Teherán.

    Renovado el gobierno, la pregunta recurrente es si el propio régimen está finalmente preparado para un giro de timón al que se ha resistido en los últimos veinte años, y al que los sectores más conservadores y retrógrados se oponen con pertinaz obsesión. Y si lo está, por qué elige ahora alterar un rumbo que ha mantenido con brazo firme desde 2005. En este sentido, es necesario recordar que lo referente a la cuestión nuclear, lo cierto es que la República Islámica apenas ha variado su postura, aunque ha moderado el tono. Tanto Rohaní como Zarif mantienen la estrategia aplicada a principios del presente siglo -que incluye el derecho de Irán al desarrollo de la energía nuclear como país firmante del NTP- e insisten en que jamás renunciará al enriquecimiento de uranio para uso civil. Salehí ya ha precisado, en varias ocasiones, que su país solo está dispuesto a negociar el nivel de pureza, algo con lo que ya jugó en los años de Ahmadinejad.

    Ahí reside el meollo de la cuestión. El régimen iraní necesita cartuchos de combustible con uranio enriquecido al 19,75% para alimentar el reactor médico que posee en Teherán, dedicado a la generación de isótopos usados después en la lucha contra el cáncer. adidas zx flux damskie Según los expertos, en los últimos dos años, los científicos persas han enriquecido unos 240 kilogramos de uranio para alcanzar esa pureza, de los que cerca de 100 se han usado ya y el resto permanecen almacenados. Aunque es cierto que suponen una cantidad insuficiente para armar una bomba si se traspasa el límite de enriquecimiento permitido y se alcanza el 90 por ciento -grado necesario para el uso bélico, que Irán parece estar en disposición técnica de alcanzar- el denominado grupo 5+1 insiste en que los 140 kilogramos restantes queden bajo supervisión internacional, condición que el régimen observa con reticencia.

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  • Pese a que Ahmadinejad escenificó un principio de acuerdo con Brasil y Turquía para guardar ese uranio en un tercer país a cambio de recibir el combustible del exterior, lo cierto es que en la práctica, en la intimidad de su gabinete, nunca se avino a una solución que aún permanece sobre la mesa de diálogo.

    Sobre estos mismos parámetros se moverá la nueva tentativa negociadora, cuyo éxito dependerá del grado de flexibilidad que muestren las partes. Obligados ambos a presentar el resultado como una victoria, deberán conciliar la exigencia internacional de que Irán suspenda el enriquecimiento con el derecho que la República Islámica reclama al uso de la energía nuclear y las garantías absolutas demandadas al régimen de que controlará a sus elementos más radicales y no cederá ante la tentación de la proliferación. En compensación, Irán demanda el fin de las sanciones, una exigencia difícil de satisfacer a corto plazo por la complejidad de las mismas. En este sentido, un primer “armisticio” -un acuerdo de mínimos similar al hace una década- sería ya un triunfo.

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    Los obstáculos son también los mismos que han dilatado el proceso en los últimos años. La ascensión de Rohaní y su diplomacia pragmatista ha endulzado el tono pero no ha acallado las múltiples voces que dentro del llamado “estado profundo” aún abogan por la beligerancia. La sensación de expertos como Juan Cole es que sus actuales responsables son sinceros cuando reiteran que no persiguen ensamblar la bomba a corto plazo. En su opinión, estos estarían empecinados en una estrategia de disuasión, cuyo objetivo sería similar al que indujo a Japón a progresar en el terreno atómico: lograr la habilidad para desarrollar armamento nuclear y utilizarla como baza política y chantaje frente a sus enemigos. Existen numerosos elementos que apuntan a esta dirección, que parece plausible. Sin embargo, los recientes avances en el reactor de agua pasada de Arak -una instalación que solo tiene sentido si lo que se pretende es desarrollar una bomba de plutonio- y la querencia de los iraníes por el ketman -la autorización moral para mentir si ello conlleva un beneficio para el individuo o el estado- prolongan las incertidumbres.

    En la otra esquina del cuadrilátero, las disensiones en el seno de la comunidad internacional minan el espíritu conciliador por el que parece apostar el presidente norteamericano, Barack Obama. nike air max 1 mujer En un a muestra de cuales son sus deseos, el mandatario autorizó primero una reunión entre su secretario de Estado, John Kerry, y el nuevo jefe de la diplomacia iraní, en el encuentro bilateral de mayor rango desde que ambas naciones rompieran sus relaciones diplomáticas en 1980. Después, él mismo llamó a su homólogo Rohaní, que levantó el teléfono con la aquiescencia de Jameneí. Los presidentes de ambos países no admitían haber hablado directamente desde que en noviembre de 1979 un grupo de estudiantes fanatizados asaltara la embajada norteamericana en Teherán y retuviera a 52 personas durante 444 días.

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    Obama colisiona aquí, sin embargo, con los intereses de sus principales aliados en la región -Israel, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos-, que observan a Irán con temor. Milwaukee Bucks Goedkope Nike Air Max 2017 Heren Rusia -de quien Irán tampoco se fía por razones históricas- asume el conflicto como una ficha más de la nueva partida de ajedrez que juega con la Casa Blanca y China -necesitada de petróleo- se siente cómoda en su aparente inanición, que le ha permitido infiltrarse en la República Islámica hasta convertirse en uno de sus principales socios comerciales. Alemania permanece, por su parte, a la expectativa, preparada en la línea de salida para una posible relajación de las sanciones -es el primer socio comercial europeo de Irán- y Francia teme que los avances por el camino del diálogo coloque en portada la histórica exigencia iraní de que respete el acuerdo nuclear que firmó con Teherán en la década de los pasados setenta y que nunca cumplió.

    Las razones son más más variadas y discutibles, aunque se pueden establecer algunas certezas. Pese a que cierto escepticismo persiste entre algunos expertos, lo cierto es que la última ronda de sanciones impuestas por el 5+1 y en particular por la Administración Obama han hecho mella en la frágil economía iraní. Asics Gel Lyte 3 A este respecto, parte de la culpa es también achacable a Ahmadinejad, cuya desastrosa gestión económica y administrativa ha sumido al país en la precariedad. Scarpe Nike Italia Desvinculado de los mercados financieros, con el crédito congelado y con una industria petrolera obsoleta, en continuo deterioro, el régimen acumula dificultades para mantener a flote la economía doméstica. nike air jordan 3 mujer Y por experiencia, sabe que un pueblo hambriento es más peligroso que un pueblo con la voz sometida.

    A ello se ha sumado en los últimos meses una compleja y amenazante situación regional. Alejado geográficamente de Oriente Medio, Irán observa con desasosiego la guerra en Siria, su principal aliado en la zona. Una eventual caída de Bachar al Asad significaría la ruptura del denominado eje de la resistencia, ancla de la República Islámica en el que también participan grupos como Hamas y Hizbulá- y agudizaría su aislamiento. Un importante varapalo para un régimen que desde hace años pretende ser reconocido como potencia regional, y que ha hecho de su antisionismo y su interesada defensa de los derechos de los palestinos, uno de los pilares de un sistema al que treinta años después comienzan a surgirle arrugas y grietas.

    Chavez y la alfombra persa

    “Pese a las distancias, las afinidades entre Irán y Latinoamérica han contribuido al acercamiento entre nuestras naciones… nuestra lucha por la libertad fue exitosa y animó a otros países a levantarse contra el imperialismo”.

    Mahmud Ahmadineyad, noviembre 2004

    Protegido por la intimidad de un chalé en el norte de Teherán, un diplomático latinoamericano rememoraba divertido el primer encuentro entre el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y su colega iraní, Mahmud Ahmadineyad, ante un grupo de extranjeros que nos habíamos reunido con la excusa de disfrutar de una barbacoa. Asics Pas Cher El sol caía a plomo sobre las montañas de Alborz y la cerveza animaba y distendía la conversación, impelida por la fascinación de lo prohibido. Los dos hombres, recordó, cruzaron sus destinos por vez primera una fría tarde de otoño de 2004 en el parque Gofto-Gu (diálogo, en persa) durante la ceremonia de inauguración de una estatua en honor a Simón Bolívar, y desde el primer instante sintieron una afinidad intelectual mutua. En aquellos lejanos días, Ahmadineyad no era más que el exitoso alcalde de la capital iraní, y Chávez un militar transido en político que se reponía de un golpe de Estado fallido y ya soñaba con liderar la revolución internacional de los “países oprimidos”. Nike Air Max TN Femme “Chávez siempre recordaba divertido que alguien le susurró entonces que aquel hombrecillo que tan buena impresión le había causado sería el próximo presidente de Irán y que ambos tenían mucho en común”, evocaba el diplomático. Chavez y Ahmadineyad bromean sobre EEUU Casi un año después, y para pasmo de la comunidad internacional, que apenas conocía nada del estrambótico regidor persa, la predicción se cumplió y ambos mandatarios iniciaron un periplo fraternal que en palabras del propio Ahmadineyad no solo les convirtió en socios contra el “imperialismo norteamericano”, sino también “en algo más que amigos, hermanos”. Unidos por unas profundas convicciones religiosas y cierto halo de mesianismo compartido, ambos mandatarios hallaron en su común hostilidad a Estados Unidos y en su denuncia del nuevo colonialismo la senda en la que aunar ambiciones compartidas. Enfrentado a la comunidad internacional y tocado por las sanciones económicas impuestas a causa de su caliginoso programa nuclear, Irán entendió enseguida que una relación estrecha con Venezuela podía contribuir a sortear el bloqueo financiero y abrirle la puerta de Iberoamérica. Y así fue. En el último lustro, el intercambio comercial entre ambos estados se ha multiplicado de forma aritmética, hasta superar los 5.000 millones de dólares anuales. Empresas iraníes han instalado en Venezuela una fabrica de automóviles conjunta, construyen miles de viviendas sociales y gestionan con capital mixto más de 26 plantas agroalimentarias. En 2006, ambos estados emprendieron una programa de cooperación militar que permitió el desembarco de miembros de la Guardia Revolucionaria, cuerpo de elite del régimen iraní, en territorio bolivariano y pusieron en marcha un polémico vuelo entre Caracas y Teherán, con parada técnica en Damasco, que se ha mantenido activo –y vigilado- durante años, pese a las pérdidas millonarias que en términos de pasaje suponía cada despegue (poco se sabe de la carga de sus bodegas). nike air max 2016 online Tres años más tarde fundaron un banco bi-nacional con más de 2.000 millones de dólares de capital para financiar el intercambio bilateral y eludir así la presión internacional. Mochilas Fjallraven Kanken Compañías venezolanas como PDVSA –después sancionada por Estados Unidos- ganaron proyectos de explotación y gestión petrolera en Irán, en particular en el yacimiento de “South Pars”, una inmensa bolsa de gas escondida bajo el lecho marino en el golfo Pérsico. adidas bounce uomo En octubre de 2010, durante una de las últimas visitas de Chávez a Teherán, ambos países firmaron un memorando de entendimiento para establecer una sociedad conjunta de transporte marítimo de crudo que busca facilitar a Caracas la venta más de medio millón de barriles de petróleo en mercados de Europa y Asia. La cooperación energética –que se remonta a 1960, año en el que Venezuela e Irán, junto a Arabia Saudí, Irak y Kuwait fundaron la OPEP- fue la punta de lanza del proyecto anti-imperialista, que se ha desarrollado en el marco de la organización de los Países No Alineados y otras asociaciones regionales, como el ALBA, y que ha prendido con fuerza, en especial en Sudamérica. Sammy Watkins – Clemson Tigers Jerseys Bajo el influjo de Chávez, la alfombra persa se ha extendido a los pies de otros líderes de la región, como Evo Morales, Daniel Ortega o Rafael Correa, que se han sumado con entusiasmo al eje antiimperialista al tiempo que han ampliado sus negocios con la República Islámica. Nike Free 5.0 Heren Incluso el propio Luiz Inacio Lula da Silva sucumbió a los encantos de la llamada “Alianza por la Justicia” mundial en la que también aparecía Fidel Castro. La llegada al poder en 2011 de Dilma Roussef supuso el primer revés para esta política que se enmarca en el denominado eje sur-sur y en la que ahora se trata de implicar más a países como Egipto, Siria, Argelia, Libia, Túnez. Gadafi colocó su famosa jaima en Isla Margarita en 2009, durante la II cumbre Sudamérica-África y Bachar al Asad compartió mesa con Chávez antes de descubrir su cara de dictador disimulado. Pero Mubarak y Ben Ali marcaron distancias, temerosos de embarrar su interesada relación con Washington. Caídos ambos en desgracia, Venezuela e Irán buscan ahora explotar en su favor las afinidades que hallan en las políticas de grupos islamistas como los Hermanos Musulmanes o An Nahda, pese a que la distancia geoestratégica es aún dilatada. La muerte de Chávez y la inminente salida del poder de Ahmadineyad, que no puede presentarse a la reelección el próximo junio, abren un abanico de incógnitas sobre el futuro de esta privilegiada relación. El último servicio de Chávez a su compañero del alma persa ha sido la reconducción de las relaciones con Argentina, rotas desde el mortal atentado contra un centro judío de Buenos Aires en 1994 atribuido a los servicios secretos iraníes. Un informe detallado entregado por el Consejo Nacional de la Revolución Iraní –principal plataforma de oposición en el exilio- al congreso norteamericano permitió identificar a suicida –Ibrahim Hussein Berro- y establecer lazos con el ministerio iraní de Inteligencia e incluso con el entonces presidente del país, Ali Akbar Hasemi Rafsanyani, sobre el que pesa un requerimiento internacional. Sin embargo, las imprecisiones en la investigación de los hechos y la extraña desaparición de alguna de las pruebas han empantanado el proceso, hasta llevarlo a un punto muerto. El pasado febrero, y en un giro copernicano de la tradicional política argentina, la presidenta Cristina Fernández anunció un principio de acuerdo que permitirá cerrar el caso, al parecer a cambio de una relación comercial más fluida y una compensación secreta. Nike Schoenen Goedkoop En el acercamiento ha desempeñado un papel decisivo el presidente interino Nicolás Maduro, ex ministro de Asuntos Exteriores y tutor de la geoestrategia chavista. En este sentido, parece que el nuevo hombre fuerte de Venezuela no tiene intención de dar un golpe de timón en la vertiente internacional, pese a los cantos de sirena que comienzan a llegar desde Washington. Pocas dudas despierta también la estrategia iraní, pese a la incertidumbre que pende sobre los comicios presidenciales de junio. Las decisiones de política exterior de la República Islámica están en manos del líder supremo de la Revolución, ayatolá Ali Jameneí, cuyo poder es omnímodo. Aunque pragmático y ladino, el anciano clérigo concibe las relaciones internacionales como una lucha infinita contra lo que denomina “los estados acosadores”, y defiende el antiimperialismo como política de Estado. Chávez, acompañado del propio Maduro, visitaba su casa en el centro de Teherán en cada uno de sus numerosos viajes a Irán.

    Qatar ¿Una genuina primavera en el Pérsico?

    El pasado 24 de junio, apenas un año después de que se deslizaran los primeros rumores sobre sus problemas de salud, el emir de Qatar, sheij Hamad bin Khalifa al-Thani, sorprendió a todos con un inesperado anuncio. Reunió al grueso de la familia Real en uno de sus palacios y les comunicó que renunciaba al poder en favor de su hijo Tamim bin Hamad al-Thani, un joven de apenas 33 años de edad, apuesto y aparentemente moderno, que ha sido educado en algunos de los centros más prestigiosos del mundo: estudió en la escuelas públicas británicas de Harrow y Sherborne y se graduó con excelentes calificaciones en afamada la academia militar de Sandhurst, tradicional refugio de los delfines europeos y árabes (por sus victorianas aulas han pasado líderes mundiales como el actual rey Abdalá II de Jordania).

    Consciente de los retos que angustian a la región –zarandeada por la guerra civil siria y las revueltas en Túnez, Egipto o Libia-, el emir ha optado por ser consecuente con la misma filosofía que le condujo al poder y que ha hecho del pequeño Qatar uno de los países claves en el mundo árabe actual: en 1995, y ante el anquilosamiento y la vejez de sus padre, reunió igualmente a sus allegados y dio un golpe de estado incruento que le reportó el trono. A partir de entonces, el rico pero arcaico emirato emprendió un vertiginoso tránsito hacia la modernidad que en apenas dos décadas ha convertido este minúsculo pedazo de desierto asomado al golfo Pérsico en uno de los estados con mayor influencia en la región y con mejor proyección e imagen en el exterior, pese a conservar un sistema autocrático, pro islamista y de derechos limitados. “Ha llegado el momento de abrir una nueva página en el viaje de nuestra nación, un viaje en el que las nuevas generaciones asumirán sus responsabilidades… con sus innovadoras ideas”, argumentó el jeque en un inusual discurso, transmitido por el que es el mejor –y más controvertido- de sus legados: la televisión por satélite Al-Jazeera, que en sus cerca de 22 años de existencia, no solo ha revolucionado el concepto de la información en las sociedades árabes-, si no que también supuso el abono esencial para que el actual proceso de transformación germinase. “Esta supone una página más en el capítulo de las primaveras árabes, aunque no se trata necesariamente de que ha llegado el poder popular”, explicaba la semana pasada al diario británico “The Guardian” el profesor Salman Shaikh. air max pas cher Asociado al Brookings Center de Doha, el experto precisaba que se trata “de una transición familiar sostenida en valores tradicionales antes que una transición con valores democráticos”.

    Observado en el contexto regional, la decisión del emir Hamad supone, ante todo, una genuina revolución. asics gel lyte 5 mujer Al contrario de lo ocurrido en Egipto o Túnez –donde las vetustas dictaduras han sido sustituidas por regímenes pseudo-democráticos dirigidos por una generación de viejos opositores que crecieron y se desarrollaron bajo su cruenta sombra, asidos a los mismos obsoletos patrones-, la abdicación ha introducido un fenómeno novedoso: el del relevo generacional suave en una zona del mundo donde los dirigentes se suelen aferrar al poder hasta la muerte, incluso aunque la enfermedad les cerque. El caso más evidente es el de su poderoso vecino Arabia Saudí, escenario desde hace años de un movimiento de protesta reprimido sin piedad e interesadamente ignorado desde occidente que exige el transito hacia una monarquía constitucional y la renuncia de un rey y un príncipe heredero que rondan los 80 años en favor de líderes más jóvenes. Similar situación vive Argelia, dirigida por un presidente –Abdelaziz Bouteflika– del que se desconoce, siquiera, si aún gobierna en Argel o estás postrado a la espera de la muerte en un hospital de París. Nike Air Max 2017 Heren roodEsto va a cambiar la mentalidad tradicional en la región, donde los líderes se eternizan hasta que mueren. Baskets ASICS Femme Arabia Saudí por ejemplo. El rey tiene 90 años y todavía ha resistencia al cambio generacional. Esto va a llevar a otros cambios”, insiste Said Yebbar, un abogado afincado en Londres. Expertos y diplomáticos en la zona consultados agregan que al igual que Al Jazeera supuso una revolución al derribar el control y el monopolio que los regímenes árabes ejercían sobre la información, la renuncia voluntaria del emir Hamad es un mensaje a sus pares para que le concedan una verdadera oportunidad a los jóvenes.

    En el plano interno, sin embargo, apenas se esperan novedades. En estos años de vértigo en los países árabes, el emir de Qatar se había alineado con los denominados movimientos islamistas moderados, en particular con los Hermanos Musulmanes y sus afines, a los que ha provisto de apoyo político y financiero. new balance 999 homme blanche Este respaldo se incrementó aún más tras las revueltas en 2011, que acabaron con los regimenes dictatoriales de Hosni Mubarak, Ben Ali y Mouamar Gadafi y han llevado al gobierno a la cofradía en Egipto y a sus colegas del movimiento An-Nahda en Túnez. “La cobertura de Al-Jazeera de las revoluciones árabes no es un ejemplo de imparcialidad. Su apoyo a los islamistas y su desdén por los liberales ha sido manifiesto. Al-Jazeera ha perdido mucho del prestigio que se ganó en los años anteriores”, explica el periodista egipcio Mohamad Qantir. Aunque el próximo jeque Tamim parece menos entusiasta que su padre a este respecto, pocos creen que este respaldo vaya a cambiar a medio plazo.

    Más controvertido es el apoyo que Qatar proporciona a los rebeldes sirios, y que el nuevo emir tampoco va a variar. fjällräven kånken pas cher El sheij Hamad era –y es- un fiel defensor de la necesidad de armar a los rebeldes sirios, y durante los últimos meses les ha proporcionado ayuda logística y humanitaria. Nike Air Jordan Baratas Sus servicios secretos están sobre el terreno, y su músculo financiero es –junto a las aportaciones de Arabia Saudí- el principal sostén de la oposición en el exilio, incluido el brazo armado: el Ejército Libre Sirio. Esta estrategia ya la estrenó con éxito durante el levantamiento popular en Libia, que condujo a la desaparición de la peculiar autocracia de Gadafi.

    A cambio, Qatar gana presencia e influencia internacional como lo hizo con Al-Jazeera, su auténtica lavadora de imagen. Con apenas dos millones de habitantes, se ha convertido en un interlocutor político de Occidente en la región y ejerce de mediador e incluso de tutor frente a otros países menos estables de Oriente Medio, como el propio Egipto. Grandes inversores qataríes han comprado tierras y adquirido, además, importantes proyectos de infraestructuras en el norte de África. El mejor ejemplo de su artera diplomacia son las buenas relaciones que mantiene con Irán, al tiempo que acoge a soldados norteamericanos en su territorio.

    La derrota tampoco se espera que gire en el plano interno. New Balance 996 hombre El emir Hamad no anunció cuando se hará efectivo el traspaso de poder, aunque se intuye que será en breve. Aunque se espera que el también anciano primer ministro y ministro de Asuntos Exteriores, jeque Hamad bin Yassim, deje igualmente paso a los jóvenes, no habrá una revolución democrática inmediata. Tampoco lo demandan los ciudadanos qataríes, que no llegan a los 500.000 y que disfrutan de la mayor renta per cápita del globo. La única institución suceptible de ser elegible en el futuro es el Consejo de Shura, una especie de senado integrado por 45 dignatarios que asesora al emir. El plan que algunos de los allegados a Tamim manejan, parcialmente bloqueado ahora por la última reforma de su padre, sería un cambio que permitiera que 30 de esos consejeros fueran elegidos por votación popular.

    Formado en la disciplina y la obediencia militar, el nuevo emir de Qatar es también –dicen quienes le conocen- un hombre ambicioso dotado con el privilegio de saber esperar. Es consciente de que su reinado será largo y que la estabilidad y la riqueza de su país residen en mantener su destreza como relaciones públicas. En este sentido, sus retos más inmediatos son garantizar la independencia que le regala su riqueza energética –es el principal exportador de gas licuado del mundo- y preparar ese gran escaparate que será el Mundial de fútbol en 2022. Herschel Walker Jerseys En el camino, no estaría de más exigirle mayor libertad de expresión en su país, mejores derechos para los trabajadores extranjeros que lo sostienen y una relación más transparente con los movimientos islámicos que avente supuestos flirteos con el yihadismo global.