Siria y la trampa de Viena*

A mediados de noviembre de 2015, y en pleno arrebato de visceralidad por el impactante atentado de París, el autoproclamado “Grupo Internacional de Apoyo a Siria” se comprometió a acelerar el proceso de paz en ese país, falsamente convencido de que allí están enterradas las raíces del fanatismo que desde hace décadas atormenta a árabes y musulmanes, y que ahora tanto dice asustar a los líderes de Europa. Una solución diseñada y sostenida en premisas con cierto hedor finisecular que entroncan con una forma obsoleta de entender la geoestrategia mundial: aquella que apuesta por la injerencia, por imponer transiciones políticas al estilo occidental a sociedades con un alto déficit de madurez democrática, y por confiar en interlocutores con el mismo superavit de inclinación a la tiranía. Un plan atado, igualmente, a la vetusta concepción de Oriente Medio a la que aún se aferran EEUU y los gobiernos de Europa, interesadamente ciegos ante la esquina que está doblando la historia: aquella idea de fomentar bloques enfrentados al rebufo del petróleo y la industria armamentística que quedó dibujada tras el triunfo de la revolución islámica en Irán, y que tanto dolor y sangre ha causado a los habitantes de la región. fjällräven kånken Laptop 13 Países de larga tradición democrática, como Estados Unidos o Francia, aliados con otros, como Arabia Saudí o Qatar, que ni siquiera han sentido el impulso de asomarse a ella, sentados a la mesa con imperios nostálgicos ávidos por recuperar su antigua grandeza, como Rusia, Irán y Turquía. Canotte New York Knicks El objetivo declarado, derrotar al nuevo enemigo: el Estado Islámico. El oculto, quizá, garantizar sus intereses particulares en el nuevo Oriente Medio del siglo XXI que parece esbozarse. Al margen de todo -y como error iterado-quedan una vez más los anhelos de las poblaciones locales, que en 2011 se levantaron con la ilusión -ahora casi desvanecida- de alcanzar al fin libertad, derechos y justicia social.

El hecho es que el Estado Islámico, como doctrina y práctica, se ha convertido en un modelo imbatible para aquellos que en el mundo musulmán suní buscan una combinación de religión, poder y modernidad“, argumenta el periodista árabe Ali Hashem. Antiguo corresponsal de la famosa televisión qatarí “Al Yazira”, el reportero insiste en subrayar un factor que considera crucial, un elemento esencial para entender la coyuntura actual que la desmemoriadas sociedades occidentales parecen haber querido olvidar: que la amenaza del yihadismo no es un problema de hoy, sino una rémora del ayer en la que la huella de sus tejemanejes está aún muy presente. Un desafío que nació en la aciaga década de los ochenta, hunde su rizoma en la historia del medioevo europeo, está ligado al colonialismo y a la fatídica guerra fría que envenenó el siglo XX, y que se nutrió de las dictaduras árabes de tinte socialista a las que Occidente apoyó -en mayor o menor medida- en las tres décadas precedentes. “Suníes y chiíes compartían similares aspiraciones hasta que la revolución islámica en Irak en 1979 logró derrotar al Sha“, abunda Hashem. “En ese tiempo, hasta islamistas sunníes como el jeque Abdula Azzam (uno de los fundadores ideológicos de Al Qaida) celebraron en las mezquitas de Jordania la victoria del Imam Rujola Jomeini“, recuerda. Huston Street Baseball JerseyDespués, se evidenció que la revolución (iraní) era más una respuesta a las ambiciones de los islamistas chiíes que de los suníes; así que la siguiente parada para Azzam y sus camaradas fue Afganistán, y lo que luego fue conocido como los árabes afganos”, concluye.

El triunfo de Jomeini y su interpretación fundamentalista de la sociedad islámica causó un impacto similar -aunque de inquietud- en Arabia Saudí, hasta entonces (casi) indiscutible caudillo del Islam suní. El mismo año que las huestes del avieso ayatolá se apropiaban de la indignación popular en Irán y la barnizaban de trascendencia religiosa, un grupo de radicales saudíes, adscritos al movimiento purista “Ijwan”, asaltaba la gran Mezquita de La Meca, la más sagrada del Islam. Liderados por Juhayman al Otaibi, un antiguo miembro de la Guardia Nacional wahabí, pretendían derrocar la tiranía de la familia Al Saud, a la que tildaban de hereje y corrupta. New Balance 420 mujer Al Otaibi y sus seguidores creían que la autocracia fundada en el siglo XVIII había traicionado los principios establecidos por Mahoma, y aspiraban a constituir una sociedad igual a la que, según su lectura literal de las escrituras, habitó el Profeta. Su sueño acabó en pesadilla. Amanecida la mañana del 4 de diciembre de 1979, soldados saudíes secundados por fuerzas de elite francesas y aconsejados por expertos militares estadounidenses recuperaron el control del templo tras tintar de carmesí sus albos mármoles. Unas 240 personas -entre militares y asaltantes- murieron y más de 400 resultaron heridas durante la batalla, que se prolongó dos semanas. Brandon Belt Authentic Jersey Miles más fueron arrestadas y encarceladas los días siguientes. Nike Air Max Tavas damskie Al Otaibi y 63 cabecillas fueron decapitados.

Avanzado 1980, recién estrenada la guerra entre Irán e Irak, muchos de esos “ijwan” comenzaron a abandonar las prisiones y a aterrizar en Afganistán, previa escala en Pakistán. asics gel noosa uomo En Islamabad, y en particular en la vecina Rawalpindi, eran recibidos por jeques como el propio Azzam y miembros de los servicios secretos saudíes, estadounidenses y pakistaníes que los instruían en el combate y les facilitaban armas. Conocido como “el puente de los muyahidin”, el primer objetivo de este plan era acorralar a las tropas soviéticas que ocupaban Afganistán. Pat Tillman Jerseys Hasta que estas se retiraron, los guerreros de la yihad fueron “combatientes por la libertad” para los gobiernos de Occidente y un alivio para las dictaduras árabes amigas. Casi todas ellas aprovecharon la citada pasarela para desembarazarse de la oposición religiosa que crecía a la sombra de su puño de hierro. Asics Gel Lyte Pas Cher Sin embargo, apenas nueve años después el muro de Berlín cayó y la guerra fría que domeñaba la geopolítica mundial comenzó a perder el sentido que nunca tuvo. Los muyahidin dejaron de ser útiles, y la mayoría de ellos optaron por regresar, convencidos de que en su país serían recibidos como héroes. Poco tardarían en percibir la realidad. En agosto de 1990, tanques del Ejército de Sadam Husein cruzaron la frontera y tomaron Kuwait. Asustado ante la posibilidad cierta de que siguieran su arrollador avance hacia el sur, Riad exigió a Washington que cumpliera con el pacto secreto suscrito en 1945 y protegiera su territorio. Una defensa que el después odiado Osama bin Laden y sus árabes afganos también ofrecieron a la casa de Al Saud. Rechazados y marginados, “los guerreros de Alá” retornaron a las agrestes tierras de Asia Central en las que tanta sangre habían derramado. Allí se terminó de gestar una idea que el llamado Islam político (liderado por los Hermanos Musulmanes egipcios) había contribuido a cimentar. La de lanzar una yihad global contra los infieles -incluidos entre ellos los corruptos líderes musulmanes- que pusiera las bases para la concreción futura del único de sus anhelos: crear un estado islámico según su ancestral interpretación de los textos religiosos. Había nacido Al Qaida, la organización terrorista más grande que la historia moderna haya conocido.

Expertos y periodistas contemporáneos insisten en colgar esta misma etiqueta a la amenaza de moda, el Estado Islámico. nike air max 90 soldes Pero entender y conocer a esta organización yihadista exige, en primer lugar, desprenderse de ese erróneo concepto y admitir una realidad: se trata de un sistema sofisticado, un proto-estado fruto de la evolución lógica de la quimera radical que explotó en esa década de los pasados ochenta. Mientras que “el puente de los muyahidin” fue una ambición hábilmente manipulada, Al Qaida supuso una idea fruto de la frustración y la experiencia. El Estado Islámico es, ahora, esa idea llevada a la práctica gracias a un error mayúsculo cometido por aquellos que hace cuarenta años comenzaron a experimentar con el fuego de la intolerancia religiosa. La forzada e interesada decisión estadounidense de invadir Irak en 2003, y en particular la posterior desarticulación del corrupto régimen baazista tejido por Sadam Husein dejó un vacío de poder en las provincias suníes, aprovechado al principio por Al Qaida y explotado ahora por las huestes del dictador derrocado para reconstruir desde la clandestinidad las redes mafiosas en las que la satrapía iraquí se sostuvo durante la década larga que duró el embargo de la ONU. Womens Air More Uptempo La mezcla de ambas alumbró en 2006 el Estado Islámico de Irak (ISI), al que EEUU combatió con efectividad gracias a una alianza pecuniaria con movimientos suníes iraquíes considerados moderados. En 2010, la decisión del gobierno chií de Bagdad de no integrar a esas tribus en la estructura del Estado facilitó al ISI recuperar el terreno perdido. Y en 2011, la revolución en Siria le permitió ampliar sus huestes y su extensión territorial, clave de su desconcertante poder. El denominado Estado Islámico para Irak y el Levante (ISIS) ya se presentaba las características que tiene el actual EI, declarado por el autoproclamado califa, Abu Bakr al Bagdadi, el 29 de junio de 2014. nike air max pas cher Arraigado en un áreas de cientos de kilómetros que abarca de Siria a Irak; replicado por decenas de grupos armados que le han jurado lealtad, desde las montañas de Argelia a las costas de Indonesia, y dotado de un poderoso efecto llamada, que atrae tanto a jóvenes de países islámicos como a musulmanes y conversos nacidos y crecidos en Europa, el EI es una estructura estatal basada en una interpretación herética del Islam, con rasgos del totalitarismo y vicios de la ultraderecha, capaz de autofinanciarse con métodos mafiosos -pero también con herramientas estatales-, que gestiona un amplio tejido social, se alimenta de la frustración y se sostiene en una estructura militar que aúna con eficacia estructuras de ejército regular, tácticas de guerrilla maoista y acciones de cruel y elemental terrorismo. Es ahí donde reside su fuerza, pero también su principal debilidad. Al contrario que Al Qaida, el EI necesita un territorio que gestionar para tener sentido, y la llama de la guerra contra los infieles para pervivir.

“Para derrotar al IS, el mundo necesita golpear el corazón del grupo, y eso significa desatar la maraña de nudos que le rodean y cortar el flujo de sangre que llega a su corazón”, argumenta Hashem. “Se necesita un modelo alternativo que combata el modelo IS, un modelo que sea poderoso, moderno y que muestre un aprecio y un respeto real al Islam. Con este modelo sería mucho más fácil privar a la entidad terrorista de simpatizantes que se pueden convertir en el futuro en sus miembros“, razona.

La solución que las potencias mundiales y el resto de países implicados proponen apunta erróneamente a la poliédrica guerra siria, y obvia ese camino. sac kanken Más allá de los estériles bombardeos -que causan muertes civiles y abonan el terreno a la movilización y el combate en las poblaciones que los padecen-, este plan de tres puntos no ofrece esa indispensable alternativa y solo reedita políticas que se han probado ineficaces y contraproducentes en el pasado en escenarios similares. Supone, asimismo, un episodio más de la guerra fría autóctona que sacude desde hace cuatro décadas la región: la que enfrenta al eje chií -Siria, Irán y el grupo libanés Hizbulá- y al frente suní, liderado por Arabia Saudí, principal apoyo de la oposición islamista al régimen de Bachar al Asad. El primero se establecerá en el arranque de 2016, pero en el paréntesis previo ya ha multiplicado el dolor de un pueblo sometido a la tortura diaria de la muerte. Antes de que entre en vigor el pretendido alto el fuego, todas las partes en conflicto han redoblado sus bombardeos y ataques con el objeto de apropiarse de la mayor parte de territorio posible. En especial, las mejor armadas y más cohesionadas fuerzas del régimen, que con ayuda de Rusia y de las milicias del citado eje chií no solo han obligado a retroceder a las huestes del EI en el frente este, si no a la propia oposición, tanto laica como islamista. En este contexto se enmarca el derribo en octubre de 2015 de un avión de combate ruso por la artillería turca. Desde que se intensificara la intervención del Kremlin, uno de los principales objetivos del régimen ha sido recuperar el territorio que se extiende desde la ciudad portuaria de Latakia a la frontera de Turquía. Un agreste zona en manos de la oposición turkemana (apoyada por radicales chechenos) casi desde el inicio del conflicto y que posee un enorme valor estratégico. No solo abre el pasillo hacia Idlib y las regiones del oeste de Alepo, bajo dominio opositor, si no que garantiza la seguridad para la base militar que Moscú tiene en el área, la única en el Mediterráneo. Nike Air Max 2016 Heren wit Además, impide que las fuerzas turcas creen una entidad autónoma entre ambos países, y que rebeldes y turcos compartan frontera. nike pas cher En el albor de diciembre de 2015, las tropas de Bachar al Asad -secundadas desde el aire por cazabombarderos rusos, y reforzadas en tierra por infantes de “Brigada Zulfikar” chií- ya se habían asegurado el control de las colinas de Bayirbucak, a escasos 15 kilómetros de Turquía. Similar situación vivió Homs, lugar en el que estalló la revolución de 2011, recuperado por el régimen este diciembre.

Estos avances dibujan un reforzamiento de la satrapía alawí, que ha recuperado resuello, terreno y confianza de cara a la segunda fase de “la trampa de Viena”: la que debe servir para formar de un gobierno de unidad nacional transitorio -negociado por el régimen y la oposición- que convoque elecciones en un plazo de 18 meses. Solo las regiones del este, dominadas por el EI, y las zonas del noreste, donde los peshemerga iraquíes roban territorio al autoproclamado Califato gracias a la cobertura aérea que le brinda Washington, quedan lejos del control de Damasco. Una coyuntura que parece no preocuparle en demasía. La dictadura de Al Asad confía en Turquía para frenar las aspiraciones independentistas de los kurdos, pese a que estos se hayan ganado la confianza de EEUU -el presidente turco, Recep Tayeb Erdogan, ha equiparado públicamente a las milicias kurdas sirias (Unión Patriótica de Siria, PYD en su siglas en inglés), con el EI. Y en la comunidad internacional para debilitar a los seguidores del pretendido califa.

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  • Una fase que aún esta en el aire, víctima de cuatro innecesarios años de un conflicto armado que ha sido manipulado por las potencias y desprendido de las inocentes ansias de un pueblo traicionado. Y de dos preguntas sin aparente respuesta: ¿Quién debe sentarse en la mesa de diálogo?, ¿Quién representa a día de hoy al pueblo sirio? Algunos actores parecen tener butaca asegurada -aunque su grado de respaldo popular sea cuestionable-, caso de la Coalición Nacional Siria, principal grupo de la oposición en el exilio. Sac à Dos Fjallraven Kanken Y otros, garantías de que no serán convocados, caso del propio EI o del Frente al Nusra, filial de Al Qaida en el país y uno de los grupos armados más poderosos en litigio. En medio, se abre una gran paleta de grises de difícil encaje. La compleja tarea de espigar los comensales fue encomendada a Jordania, país que recibió múltiples presiones por parte de las petromonarquías del Pérsico. Tantas, que la decisión final se adoptó en Riad y se ajustó a las ambiciones saudíes. A la cabeza del llamado “Alto Comité Negociador” se colocó al antiguo primer ministro sirio, Riad Hijab. Y como jefe negociador a Mohamad Alloush, un conocido líder radical suní, defensor de la idea del califato, que contribuyó a fundar Jaish al Islam, uno de los múltiples grupos wahabíes financiados desde la península Arábiga que se sumaron a la dispar oposición siria.

    Considerado terrorista por el régimen sirio y sus aliados internacionales, su ideología se aproxima en exceso a la que defienden el Estado Islámico y Al Qaida, grupo este último con el que ha colaborado. En 2013, Alloush divulgó un vídeo en el que anunciaba el restablecimiento del histórico califato Omeya en las regiones de las actuales Siria e Irak y atizaba la retórica sectaria antichií tan arraigada en el wahabismo. El ahora jefe negociador apostaba por “decapitar a los impuros chiíes” y aprovechar el actual conflicto armado en la región para “recuperar la gloria (suní) en tiempos de los Omeya.” Un elogio al odio de difícil ensamblaje cuando está previsto que los interlocutores sean regímenes chiíes (el gobierno de Damasco, y sus aliados, Irán y el grupo libanés Hizbulá), y cuando la meta es formar un eventual Ejecutivo de unidad que según el comunicado salido de Viena debe ser “secular, inclusivo y no sectario”. “Alloush, junto a otros grupos similares, son la cuota que impone Arabia Saudí y los países del Pérsico para defender sus intereses en Siria”, explica un diplomático árabe en la zona. “Son lobos con piel de cordero. Su objetivo es el mismo que el Daesh (acrónimo usado en árabe para referirse al Estado Islámico), lo único que cambia es la táctica para lograrlo. Su aparente moderación responde a esta estrategia”, advierte.

    En la misma categoría colocan los expertos al grupo radical “Ahrar al-Shams”, vinculado a Arabia Saudí y Qatar, países miembros de la alianza internacional forjada por Estados Unidos, el Reino Unido y Francia, entre otros. Asentado en la región central de Idlib, “Ahrar al-Shams” fue formado en 2011 por un grupo de salafistas sirios, enlazados con movimientos wahabíes del golfo Pérsico, que fueron liberados por el régimen de Bachar al Asad al inicio de la revolución. Desde un primer momento, se alinearon con las fuerzas opositoras más reaccionarias, e incluso combatieron junto a sus entonces socios de Al Nusra. En 2012 y 2013 fue, junto a este último, el principal impulsor de la conocida como alianza rebelde islamista. Desde un principio abogó por el establecimiento de un estado islámico en Siria, aunque moderó y amoldó a los tímpanos de Occidente su ideología al insistir en que la naturaleza de la futura nación debería emanar de la voluntad del pueblo sirio. Aun así, reitera que todo quedará supeditado a la interpretación wahabí de la Sharía o ley islámica (similar a la que aplican Arabia Saudí o el EI).

    Frente a este bloque radical wahabí, aliado de Occidente, Rusia ha forzado la presencia de una tercera vía, integrada por varios de los grupos laicos que fueron apartados de la conferencia opositora de Riad. La autocracia que preside Vladimir Putin ha estado extremadamente activa en el campo de la diplomacia desde que en verano decidiera defender sin tapujos al régimen sirio sumándose a los bombardeos.

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  • Desde entonces, el antiguo agente de los servicios secretos soviéticos convertido en moderno zar se ha reunido con los presidentes de la propia Siria, Irán y Egipto, con el emir de Kuwait, el rey de Jordania y el príncipe heredero de Emiratos Árabes Unidos. Ha departido con los primeros ministros de Irak e Israel y recibido al ministro saudí de Defensa. Y el pasado 18 de enero negoció con el emir de Qatar, país con el que comparte el título de poseedor de las mayores reservas de gas del mundo, y al que su ministro de Asuntos Exteriores, Seguei Lavrov, había definido semanas antes como “el gran escollo” para la paz en Siria. Putin, al que parece no interesarle una larga guerra en Oriente Medio, ha formado su propio bloque, y forzado su presencia en la próxima reunión de Ginebra, ante el enfado de la delegación opositora tutelada por Arabia Saudí. En él están presentes Haytham Manna, un profesor exiliado en Francia que fue elegido en diciembre jefe del Consejo Democrático Sirio -oposición laica- y Saleh al Muslim, representante de la Unión Patriótica del Pueblo Sirio. Este último, de ascendencia kurda, ha sido rechazado por Turquía. En una estrategia en la que el uso interesado e iterado ha desposeído a la expresión de su verdadero significado, Ankara ha argumentado que también “es un terrorista”.

    La tercera añagaza, en caso de producirse, sería, quizá, casi la más dramática para un pueblo que confió en el sueño libertario. Según los expertos, la formación del gobierno de transición y la celebración de los comicios en el plazo y las condiciones ahora esbozadas servirían para legitimar, con toda probabilidad, a un régimen que durante décadas ha violado sistemáticamente los derechos de los sirios y bombardeado a su pueblo con barriles de pólvora. Con más territorio conquistado, y con una maquinaria administrativa casi inalterada -durante los años de la guerra Bachar al Asad se ha obstinado en seguir pagando salarios, pensiones y otras ayudas a los funcionarios y ciudadanos atrapados en zonas de la oposición, pese a que no pudieran trabajar, para mantener lazos y cultivar fidelidades-, el antiguo régimen seguramente batiría en las urnas a una oposición atomizada y diversa. Y cinco años de horror, muerte y sangre habrían conducido entonces a una situación similar a la que precipitó el regreso de la dictadura a Egipto. Queda aún mucha senda por recorrer. Según los expertos, Ginebra III caminará por el mismo derrotero que la intentona fracasada de 2014. Atrapada en las tácticas dilatorias del régimen, empeñado en repartir las culpas y alargar la bizantina discusión sobre terrorismo y terroristas antes de permitir que se aborde cualquier discusión que entierre las viejas políticas del siglo XX y despeje la vereda hacia la creación de una alternativa política cimentada en el respeto a los derechos humanos, único antídoto al veneno sectario que inocula el Estado Islámico.

    El tiempo apremia. Tiempo de escuchar las voces de un pueblo ahogado en sangre y no el hosco estruendo de las armas. Ya que, mientras los diferentes actores discuten en las mullidas y limpias alfombras de Riad, Nueva York o Ginebra, el Ejército sirio parece avanzar imparable en un territorio sembrado de cadáveres. “Las discusiones sobre que partidos o que individuos de la oposición deben estar presentes en las conversaciones de paz puede que sea al final algo secundario frente al verdadera tendencia en Siria, que es el progreso del Ejército sirio apoyado por Rusia e Irán- a la hora robar territorio al Estado Islámico, el Frente al Nusra y otros grupos armados”, explicaba en un reciente editorial el diario digital “Al Monitor”. “Quién está ganando la batalla tiene más importancia que quién se sienta en las sillas de Viena o Génova, aunque eso no ensombrezca las muchas contribuciones positivas que el Grupo Internacional de Apoyo a Siria (ISSG) puede y quiere hacer para ayudar a la transición siria. Pero es muy posible que el final de la partida en Siria se halle en Alepo antes que en las bienintencionadas reuniones del ISSG en ciudades europeas”, concluía.

    Aplaudir al dictador (1): Libia

    En 1991, el prestigioso diario “The New York Times”, publicaba una noticia que solo 16 años después comienza a cobrar su sentido completo. Citando fuentes propias, el rotativo revelaba que “350 soldados libios exiliados están siendo entrenados por oficiales de los Servicios de Inteligencia estadounidenses en técnicas de guerra”. Trasladados por la CIA a territorio norteamericano desde un país de África oriental (Kenia), el objetivo era -según la publicación- formarlos “para que cumplieran con el ansiado deseo de la Administración Reagan” de derrocar la dictadura de Muamar al Gadafi. Al frente de ellos descollaba la ambiciosa figura de un oscuro e intrigante militar: el general Jalifa Hafter, uno de los miembros de la cúpula golpista que en 1969 derrocó la monarquía de Idriss II y aupó al poder al entonces jovencísimo y ya carismático coronel.

    Hafter no era un oficial cualquiera. Nacido en 1943 en el seno de una influyente tribu del este del país, había sido uno de los colaboradores más estrechos del excéntrico líder libio. Goedkoop Air Max 2016 Schoenen Acostumbrado a maniobrar con ladina destreza tanto en el campo de batalla como en los despachos, en 1973 había sido agraciado con la jefatura de las Fuerzas Armadas y por extensión con el control de la guerra con Chad, que debía servirle para adornar su pechera y acrecentar su gloria, pero que a la postre devino en su tumba militar y política.

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  • nike tn requin Incapaz de hacer valer su mayor potencia bélica, en 1987 fue capturado por las tropas chadianas junto a 600 de sus hombres.

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  • Gadafi jamás quiso reconocer la derrota y optó por abandonarlo a su suerte. Algunos cronistas argumentan que, en realidad, el tirano libio aprovechó la oportunidad para deshacerse de un militar entonces tan prestigioso como ambicioso, al que observaba como una creciente amenaza. Fueran ciertas o no esas supuestas aspiraciones de Hafter, lo cierto es que la Administración Reagan optó sacar beneficio de la situación y autorizar el plan trazado por la CIA. Nike Air Max 90 Donna Fjallraven Kanken Mini De Niamey los cautivos libios viajaron a Zaire, donde 300 de ellos prefirieron regresar a su país. El resto fue trasladado a Kenia, donde fueron embarcados en un avión militar del Pentágono rumbo a América. A su jefe se le concedió la nacionalidad norteamericana y una casa en Virginia, muy cerca del cuartel general de los servicios de Inteligencia en Langley. En 1996, un informe del Servicio de Investigaciones del Congreso confirmaba que el general rebelde encabezaba “un Ejército para entrar en Libia” que se instruía en EEUU.

    El nombre de Hafter no volvió a la primera página de la actualidad hasta abril de 2011, apenas tres meses después de que, en el ardor de las llamadas “primaveras árabes”, prendiera en Bengazi el alzamiento rebelde que finalmente acabaría con cuatro décadas de dictadura gadafista. adidas yeezy boost 350 v2 męskie En un prolijo artículo publicado por la revista Business Insider, el periodista Ross Buker se preguntaba si el intrigante militar no era en realidad el hombre de la CIA en Libia y lo comparaba con Ahmad Chalabi, el trapisondista político iraquí que la Inteligencia norteamericana financió, entrenó y trasladó a Irak en 2003 junto a cientos de hombres armados para gestionar el país tras el derrocamiento de Sadam Husein, y que fracasó en su intento. Hafter y sus hombres habían volado ya desde EEUU a la frontera entre Libia y Egipto, y el senador demócrata por Ohio, Dennis Kucinich, se preguntaba también si la decisión de la Casa Blanca de promover y sumarse a la intervención militar de la OTAN en Libia respondía al deseo declarado de proteger a la población civil y salvaguardar los derechos humanos, o escondía en realidad un objetivo oculto que viajaba en el petate del anciano general. Nike Air Max 2016 Heren “¿Cómo de espontánea ha sido esa revuelta?”, se preguntaba retóricamente el político. “El nuevo líder de la oposición militar viajó a Libia hace dos semanas, aparentemente casi al mismo tiempo que el presidente firmaba la orden de operaciones… ¿El nuevo líder vivió las dos últimas décadas en Libia? No. Maglia Jeff Teague En un barrio en Virginia, donde no tenía medios visibles de vida. Su nombre, coronel Jalifa Hafter. mochilas kanken baratas Uno se pregunta cuándo planeó el viaje…. y quién es su agencia de viajes”, argumentaba.

    Cinco años después, el general sublevado se proyecta como el principal escollo para la paz en Libia, y como uno de los peones que probablemente contribuirán a decidir si el país se hunde aún más en el caos que actualmente sufre, o logra iniciar el largo y proceloso camino hacia la normalización política. Joe Montana Jerseys Jefe del llamado Ejército regular libio, vinculado al Parlamento en Tobruk -reconocido por la comunidad internacional-, en mayo de 2014 lanzó una gran ofensiva contra las tropas afines al entonces gobierno rebelde en Trípoli en la ciudad de Bengazi que en dos años ha causado cientos de muertos y miles de desplazados internos. Conocida como “Operación Dignidad” -y apoyada por Arabia Saudí y Egipto-, en este tiempo solo ha servido para ahondar la división política entre los poderes rivales de Tobruk y Trípoli, envenenar el proceso de diálogo impuesto por la ONU y abrir las puertas de la urbe a los comandos yihadistas, ahora atrincherados en algunos de sus barrios. bestellen schoenen nike air max 2016 goedkoop Factor clave en la guerra que desangra el país, es también un obstáculo político esencial. El pasado 18 de abril diputados de su cuerda volvieron a boicotear la sesión en el Parlamento de Tobruk que debía votar la confianza del llamado gobierno de unidad nacional, nombrado a principios de este año por el Consejo Presidencial designado por la ONU. La razón, que el proceso incluye también una reforma constitucional (artículo 8) que exige el cese de todo cargo político o militar ejercido con anterioridad a diciembre de 2015, fecha en la que parte de los Parlamentos rivales de Trípoli y Tobruk firmaron en Sjirat (Marruecos) el llamado “Acuerdo Nacional Libio” de reconciliación. Un eventual sí de la Cámara obligaría a Hafter a abandonar el mando del Ejército y dejaría su improbable reelección en manos del actual ministro de Defensa en el gobierno de unidad nacional, Al-Mahdi Al-Barghathi, al que se vincula con los líderes milicianos y señores de la guerra contrarios al taimado general. Días antes de la fallida sesión de confianza, Saqir Al-Jroushi, uno de los oficiales que componen el Estado Mayor de Hafter, amenazó con arrestar a Al-Barghathi tras acusarle de traición por reunirse con ministros y militares extranjeros “sin el permiso del jefe de las Fuerzas Armadas”. “Hafter está en conflicto con la ONU, pero aún mantiene el apoyo económico y militar de Al Sisi y la monarquía saudí”, que le suministran las armas, explica una fuente árabe de Inteligencia. nike air max bambini lunette de soleil ray ban pas cher También de gran parte de la CIA, aquella que siempre ha apostado por sostener militares autoritarios en el poder. billig nike air max 2016Pocos creen que, pese a haber quedado arrinconado en el proceso que ahora aplaude con entusiasmo la UE, el general haya escrito su último capítulo”, agrega, por su parte, un diplomático en la zona sobre un pulso político-militar que amenaza con fragmentar aún más amplia división que corroe al país norteafricano.

    Más allá de las evidentes diferencias de contexto, la situación actual en Libia se asemeja mucho a la que vivió Irak en los días en los que la opción Chalabi se desplomaba y las diversas corrientes políticas estadounidenses luchaban por imponer sus improvisadas y pancistas estrategias. En aquel tiempo, animadas por la declaración de George W. Bush, de que la misión estaba cumplida, las agencias de la ONU y las embajadas extranjeras comenzaron a desembarcar en Bagdad, a reabrir sus puertas y a retomar sus negocios como si la ocupación y la guerra -con sus múltiples cuentas pendientes- jamas hubieran ocurrido. Nike Air Max Thea Dames Recuerdo aquellos días en que un gobierno títere iraquí, movido por el procónsul norteamericano Paul Bremer desde la acorazada “zona verde”, asumía poco a poco las funciones de gobierno en un ambiente de euforia y autocomplacencia occidental mientras desmantelaba el esqueleto de la dictadura baazista de Sadam Husein, incluido su poderoso Ejército. Apenas fue una corta fantasía. El 19 de agosto de 2003, un atentado con camión-bomba segaba la vida del enviado especial de la ONU a Bagdad, Sergio Vieria de Mello, y destruía la sede de Naciones Unidas a la que los corresponsales que en aquellos tiempos trabajábamos en la capital iraquí íbamos con frecuencia a comer. Nike Air Max 2017 Heren blauw Dos semanas antes, los movimientos yihadistas -entonces aún de resistencia- habían perpetrado una ataque similar en la embajada de Jordania. Garrett Richards Jersey Mochilas Kanken Classic Irak, invadido e intervenido por potencias occidentales, se deslizaba hacia el desgobierno y el enfrentamiento sectario en el que más de una década después sigue enfangado, y del que han salido monstruos como el Estado Islámico que ahora pervierte el Islam, mata musulmanes inocentes y atormenta a Occidente.

    En el Trípoli actual, un gobierno impuesto y tutelado por la ONU trata desde hace un mes con apropiarse del poder apoyado por las naciones europeas, dispuestas a reabrir sus embajadas y retomar sus negocios pese a que ese Ejecutivo carece de legitimidad, disfruta de tantos enemigos como frágiles apoyos locales, y de que la situación de seguridad es cuando menos confusa. Canotta NBA En la sombra, decenas de milicias mantienen los arsenales repletos de armas y municiones y venden su fidelidad al mejor postor, mientras el Parlamento expulsado, considerado rebelde, redefine su estrategia. En la parte este del país, Hafter conserva sus apoyos y chantajea al gobierno en Trípoli en busca de mantener y ampliar su poder, pese al rechazo de la mayor parte de las milicias. Y en Derna, Sirte, y otras pequeñas poblaciones de la costa mediterránea, los grupos yihadistas parecen prepararse para nueva ofensiva estival, con los vastos recursos petroleros del país como principal anhelo. Todavía asentados en el vecino -y también inestable- Túnez, muchos de los libios que en 2011 huyeron de la dictadura y del alzamiento rebelde apoyado por la OTAN se obligan aún a estrangular sus ansias de volver: conceden margen al tiempo, aguantan y rezan, con la esperanza de que “nos dejen a los libios elegir nuestro futuro“, y el deseo de que el paralelismo iraquí y la vieja historia intrvencionista y colonial que presidió el siglo XX -obsoleta y dañina- no se repitan.

    De Líbano a Libia: síntomas de una primavera en ocaso

    Avanzado el otoño de 1989, las distintas partes en conflicto en el Líbano se reunieron en la ciudad arábiga de Taif para firmar un acuerdo que pretendía poner fin a 15 años de cruenta y enmarañada guerra civil. Patrocinado por la autocracia saudí, el documento enmendaba parcialmente el reparto confesional diseñado por Francia durante los años de Protectorado (conocido como Pacto Nacional, entregaba la presidencia el país a la comunidad cristina, la jefatura del gobierno a la comunidad suní y la dirección del Parlamento a los chiíes), regulaba el desarme de todas las milicias -a excepción del grupo chiíta Hizbulá o Partido de Dios, entonces único movimiento de resistencia contra la ocupación israelí del sur del Líbano- y exigía el repliegue del Ejército sirio, actor protagonista en la contienda y en el gobierno desde que en 1976 penetrara en el país con el beneplácito de la Liga Árabe. Solo un hombre se opuso a un tratado bendecido, igualmente, por la administración que dirigía en Washington George W. Adidas ZX 750 Heren Bush: el general Michel Aoun, entonces jefe del Ejército Nacional libanés y líder de uno de los dos ejecutivos que en aquellos días pugnaban por el poder entre los escombros de un Estado desolado, arruinado, completamente fallido. Nacido en 1933 en Haret Hreik, un suburbio del sur de la capital mezcla de cristianos y chiíes convertido desde la década de los noventa en el bastión de Hizbulá, con su negativa Aoun prologó un año más el sinsentido bélico que padecían los habitantes de Beirut. Al mando de las principales unidades de artillería, y apoyado por el régimen de Sadam Husein, se acantonó en el palacio presidencial de Baabda para luchar contra lo que consideraba una capitulación forzada desde Damasco. A su entender, el arreglo rubricado en la localidad saudí favorecía las aspiraciones neocolonialistas de Siria -pese a que se le daba un plazo de dos años para retirar sus tropas-, garantizaba la futura supremacía militar (y consecuentemente política) de Hizbulá, ya que se obviaban las condiciones y el plazo para su desarme futuro, y mermaba la influencia y el poder de la comunidad cristiana al equipar el número de diputados cristianos y musulmanes en el Parlamento y traspasar la prerrogativa de la elección del jefe del gobierno de la Presidencia a la Cámara de Representantes. Nike Air Max 2017 męskie El primer capítulo de su resistencia -que le condujo incluso a enfrentarse a cañonazos con su antiguo aliado Samir Geagea, señor de la guerra y jefe de las Fuerzas Libanesas, segunda milicia cristiana del país- acabó el 13 de octubre de 1990 en la embajada de Francia en Beirut. Perseguido por los soldados del presidente sirio Hafez al Asad -en aquel tiempo aliado con Estados Unidos- abandonó el palacio presidencial por la puerta de atrás y partió hacia el exilio en París.

    Tres lustros después, Hizbulá aún conserva intactos sus arsenales y ha devenido en la principal fuerza política del país, con amplia presencia en la Asamblea Nacional y sobre todo, un dominio casi absoluto en los ayuntamientos y gobernaciones meridionales; las tropas sirias han retornado a su territorio -forzadas en gran parte por las manifestaciones populares que en febrero de 2005 estallaron en protesta por el asesinato del entonces primer ministro y líder de la comunidad suní Rafik Hariri, del que ase acusó tanto a Damasco como al Partido de Dios; y Michel Aoun ha retornado al palacio de Baadda con las ganas de revancha íntegras y la anuencia -quizá derrota- de aquellos que un día le combatieron y le obligaron a salir de la tierra en la que nació y luchó. Entrevisté al anciano general, al que muchos consideran un criminal de guerra, al poco de su regreso del destierro. El conflicto bélico de 2006 -el último hasta la fecha entre Hizbulá e Israel- acababa de concluir y Aoun emergía de nuevo como un elemento poderoso en la confusa, inestable y tornadiza política libanesa, acostumbrada a toda clase de alianzas efímeras y contra natura. Reconciliado con Geagea -único señor del enfrentamiento fratricida libanés que fue condenado y encarcelado- y aliado con Hizbulá y otras fuerzas pro sirias a las que combatió en 1990 -como las del líder maronita Suleiman Frangie- se presentaba como un simple patriota, un mediador que quería pasar la página del episodio más negro de la afligida y cruenta historia libanesa. Su discurso, directo pero con un estudiado acento conciliador, había contribuido a que su partido, el Movimiento Patriótico Libre (FPM), consiguiera 21 diputados en las elecciones de 2005 y fuera ya entonces el segundo bloque más numeroso del Parlamento. Todavía no había dado el giro definitivo y entrado en el gobierno dominado por Hizbulá, paso que daría tres años después. Sentado en un viejo sillón de su residencia del barrio de Rabieh, afable y distendido mientras hablaba de sus nietos, aún le costaba reconocer que su mayor deseo era recuperar el sillón del que se consideraba desposeído. Faltaba aún quebrar la aversión de la familia Hariri y de su partido Futuro, hegemónico entre la comunidad suní y brazo ejecutor en el Líbano de la plutocracia saudí. “Los acuerdos de Taif fueron un mal acuerdo. New Balance Dames Pero todavía tenemos una oportunidad y debemos aprovecharla”, me dijo entonces.

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    El regreso días atrás del general al Palacio de Baabda supone, ante todo, una nueva victoria de Irán sobre Arabia Saudí en el escenario regional. Aoun no solo ha contado con el apoyo directo de Hizbula -el principal socio de Teherán en el Líbano-, del propio régimen persa -una de las primeras llamadas de enhorabuena que recibió fue la de su ahora colega iraní, Hasan Rohaní- e incluso de Bachar al Asad -a cuyo padre combatió en 1989 y que también le llamó para felicitarle; si no que visto doblegarse ante su aún marcial figura a Saad Hariri, el hijo del primer ministro asesinado hace una década y hombre de paja de Riad en el Líbano. La familia Hariri ha dominado la comunidad suní libanesa desde que a finales de la década de los ochenta, Rafik -el patriarca- se desprendiera de la responsabilidad de sus cresos negocios de construcción en Arabia Saudí y se trasladara al Líbano con el beneplácito de sus patrones, a los que construyó suntuosos palacetes. Forrado de petrodólares, el especulador se apropió de los proyectos para reconstruir el centro de la capital, devastada tras quince años de bombardeos, y los sumó a sus influencias hasta lograr ser elegido primer ministro. Una de las teorías más consistentes que explican su asesinato apuntan a que, henchido de poder y dinero, se atrevió a retar al presidente Bachar al Asad, que hasta entonces aún tenía la última palabra en el devenir de la política y la economía libanesa. Dallas Mavericks “La decisión de Hariri (de firmar un acuerdo con Aoun y Hizbulá) ha generado controversia entre sus bases populares, e incluso ha llevado a varios miembros de su bloque parlamentario a oponerse a la decisión de su líder”, explica el periodista Alí Hashem. Nike Air Max Goedkoop Y muy probablemente está relacionada, en gran parte, con la crisis financiera que atraviesa el multimillonario y el supuesto rechazo a ayudarle de su protector saudí, argumenta. “La principal compañía de Saad, Sudi Oger, no paga los salarios a sus empelados desde hace semanas debido a una serie de reveses financieros sufridos a causa de la propia crisis saudí y de la difícil relación personal que mantiene con el príncipe heredero, Mohamad bin Nayef. Saad se ha topado con una encrucijada: o se arriesga a una apuesta política absoluta o trata de preservar su estatus personal hasta que la situación en la región vuelva a cambiar”. El hijo de Rafik Hariri, que probablemente se convertirá en primer ministro gracias al acuerdo con Aoun, ha elegido la segunda. Una decisión, la de tratar de sobrevivir, que Hashem considera en una de su columnas del diario digital Al Monitor, una verdadera oportunidad para el futuro del Líbano.

    Pero la resurrección de Aoun se perfila también como un síntoma nocivo, como el triste ocaso de una primavera, la cacareada “primavera árabe”, que se resiste a florecer. Bien es verdad que el Líbano apenas se vio sacudido por el viento renovador que desataron las movilizaciones populares de 2011, sumergido como estaba en simas dispares a las que condujeron a la caída de las dictaduras en Egipto, Libia o Túnez. O al intento, aplastado y manipulado, de revolución en Siria. Pero un lustro después de un terremoto social y político que sorprendió y maravilló al mundo, el Líbano parece sumarse también a la preocupante marcha atrás que han emprendido la mayoría de los países árabe-musulmanes. Una tendencia que parece repetir los oscuros patrones que caracterizaron la pasada centuria y en la que las retrógradas monarquías absolutas sobreviven o se refuerzan (caso de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Qatar o Marruecos), en la que surgen nuevos mutantes políticos (como la demo-dictadura electoral turca, cada vez más parecida a la iraní), y en la que las dictaduras se renuevan con tenebrosos personajes del ayer que regresan -bajo la indolencia o quizá beneplácito de Occidente- para garantizar que nada cambie. Solo Túnez ha mostrado hasta la fecha una faz distinta, aunque queda aun por ver si el giro renovador emprendido es sincero o una simple triquiñuela.

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    El proceso ya ha culminado en países como Egipto. Allí, el general Abdel Fatah al Sisi, miembro de la cúpula militar que escoltó y protegió la dictadura de Hosni Mubarak, ha aprovechado las cenizas del Islam Político para imponer una satrapía, tan cruel o más que la dirigió durante más de tres décadas su jefe y predecesor. tn nike pas cher Desde que hace casi tres años liderara un golpe de Estado al que después vistió con una falseada legitimidad democrática, la represión de las libertades individuales y colectivas se ha multiplicado, el miedo ha retornado y el Ejército ha incrementado su monopolio sobre los recursos del poder y el Estado; ministros y responsables de todo el mundo han regresado a Egipto para hacer negocios y los países vecinos -en particular Israel- aplauden la “estabilidad” conseguida. Nada que los egipcios -que se levantaron en 2011 al grito de libertad, derechos y justicia social- no hubieran padecido ya.

    Y progresa adecuadamente -aunque con más lentitud quizá de los esperado- en Libia, donde el mariscal Jalifa Hafter, antiguo miembro de la cúpula que en 1968 aupó al poder a Muamar al Gadafi, pugna por hacerse con el poder. Nacido hace 73 años en la localidad de Ajdabiya, en la parte este del país, Hafter fue durante los primeros años del régimen de Al Gadafi un héroe de guerra. El hombre al que el entonces joven coronel confiaba la dirección de los asuntos bélicos relevantes bélicos, como la guerra de Chad. Sin embargo, avanzado la década de los ochenta, y con las primeras disidencias de importancia en el Ejército, el militar fue acaparando una fama que asustó al excéntrico dirigente. Derrotado y capturado en el campo de batalla, Al Gadafi abandonó a Hafter y a sus hombres a su suerte. Asics Kinsei 5 męskie Solo la CIA, que en aquellos años buscaba crear una fuerza de oposición interna, acudió en su ayuda. Transportado en un avión militar a Virgina junto a 300 de sus hombres, se instaló en una mansión cercana al cuartel general de los servicios secretos norteamericanos en Langley y, al mando de una milicia entrenada por agentes estadounidenses, se convirtió en el principal opositor al tirano en el exilio. Adidas sklep Regresó a su país en marzo de 2011, escasos dos meses después de que estallara en Bengazi el alzamiento. Entró vía Egipto con un nutrido grupo de fieles fuertemente armados y conspiró en el seno de las filas rebeldes hasta lograr que en 2014 el entonces gobierno internacionalmente reconocido en Tobruk le nombrara comandante jefe del llamado Ejército regular libio. Desde entonces, se ha convertido en el hombre fuerte del este del país y en uno de los principales escollos para el desarrollo del plan de reconciliación forzado en diciembre pasado por la ONU. No solo controla el Parlamento en Tobruk -aún la única institución legítima de Libia; ha levantado un cerco a la ciudad de Bengazi, juega con las fuerzas yihadistas e islamistas en su bastión oriental de Derna y en los últimos meses se ha hecho con el control de los puertos petroleros de Sidrá y Ras Lanuf, claves para la exportación de crudo en el país. “Se ha convertido en un factor esencial para el futuro de Libia”, admite en secreto una fuente diplomática de Naciones Unidas. Tanto que, tras intentar apartarlo y ningunearlo con el plan aprobado en diciembre de 2015, el nuevo enviado especial de la ONU, Martin Kobler, le telefonea desde hace semanas -sin éxito- para dialogar con él.

    Los avances de Hafter, quien controla ya más de la mitad del país, han enterrado el citado plan de paz trazado por el anterior enviado especial de la ONU a Libia, Bernardino León, quien jamás llegó a entender la complejidad del conflicto en el que pretendía mediar. Como señala el reputado centro de investigación “Crisis Group” en su último informe, en el inicio el problema residía en la legitimidad: el gobierno en Trípoli se negaba a reconocer el resultado de las elecciones y se resistía a entregar el poder al nuevo Parlamento, que buscó refugio en Tobruk. El objetivo era evitar una división territorial que se halla inscrita en el ADN de este vasto desierto asomado al Mediterráneo: la Tripolitania, en el oeste, y la Cirenaica, en el este, se han sentido regiones diferentes desde tiempos del imperio romano. Para ello Naciones Unidas inventó un Consejo Presidencial, que debía trabajar en la designación de un gobierno de unidad nacional, y un Consejo de Estado, más amplio, que ejercía de Cámara consultiva con la que tratar de equilibrar los intereses del Ejecutivo cesante. El Parlamento de Tobruk asumiría el poder legislativo y entregaría la legitimidad a ese gobierno.

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    El plan dejaba en segundo plano el problema de las decenas de poderosas milicias que existen en el país -verdadero nudo gordiano, más allá del conflicto político- y ocultaba una celada para intentar descabalgar a Hafter. El acuerdo exigía que todos los altos cargos, políticos y militares, cesaran de sus cargos hasta que se constituyera el citado gobierno de unidad, que renovaba su responsabilidad o los sustituía por otros. Air Jordan Uomo 9 Una cláusula que ponía en serio riesgo la continuidad de el general (ahora mariscal) al frente de las Fuerzas Armadas libias.

    Del conflicto sacaron provecho las mafias que trafican con inmigrantes, que han hecho de Libia su principal base en el Mediterráneo, y los grupos extremistas emparentados con la organización yihadista “Estado Islámico”, que -con ayuda de nostálgicos del régimen de Al Gadafi- lograron establecer una consiste provincia del Califato en la ciudad costera de Sirte, cuna y tumba del dictador. A finales de mayo, cuando los fanáticos amenazaron con avanzar a Trípoli, las influyentes milicias de la ciudad de Misrata lograron concitar en su favor al Gobierno de unidad -recién aterrizado en Trípoli- y a varias milicias del oeste del país para liberar la urbe, ofensiva que seis meses después no ha sido resuelta aún, pese a contar la Alianza libia con el apoyo aéreo de Estados Unidos. El ejecutivo nombrado por el Consejo presidencial designado por la ONU esperaba una victoria rápida que le ayudara a congregar el respaldo político y militar del que aún carece. También adolece del favor del pueblo, decepcionado porque no ha sido capaz de solucionar la crisis financiera y logística que sufre gran parte del oeste del país, donde carecen de agua corriente, electricidad y dinero en efectivo.

    “Los objetivos fundamentales que se marcaron en Skhirat -evitar una mayor confrontación militar y prevenir el colapso financiero- aparecen cada vez más distantes. El retroceso del Estado Islámico en Sirte podría desembocar en nuevos enfrentameitnos entre los grupos no yihadistas por el control del petróleo y gas, lo que probablemente pospondría la capacidad de Libia para aumentar las exportaciones y pondría aún más en peligro las perspectivas de paz”, argumenta Crisis Group. “A largo plazo, un proceso de paz fallido y enfrentamientos crecientes darían a los grupos radicales la oportunidad de reagruparse. Por tanto, la prioridad inmediata es evitar la violencia que parece estar gestándose en el Golfo de Sirte, Bengasi y Trípoli quizá”, advierte.

    En círculos diplomáticos, comienza a cuajar, igualmente, la idea de que solo un hombre fuerte, con mano de hierro, puede ordenar este caos. Hafter ha trabajado durante los últimos meses en esta dirección. Fjallraven Kanken Pas Cher Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Rusia -además de Arabia Saudí- respaldan abiertamente al mariscal, al que le proveen de las armas que le impide comprar el embargo impuesto por la ONU a Libia. También alista el apoyo de fuerzas de elite francesas en la lucha contra el yihadismo y de los sectores de la CIA que lo tutelaron en su etapa norteamericana. Enfrente, una parte del gobierno de Estados Unidos mantiene su alineamiento con el Gobierno de unidad; igualmente Italia y otros países europeos, aunque cada vez de forma más tibia. A la espera de conocerse el destino final de Bengazi, capital de la Cirenaica y del alzamiento contra Al Gadafi, todos los ojos miran ya al viejo mariscal, hijo político de un siglo que ya pasó, que ha prometido no abandonar la lucha hasta pisar de nuevo, como su colega Michel Aoun, el palacio de gobierno que cree corresponderle en Trípoli.