La primavera silenciada

Avanzado el mes de febrero de 2011, y con el impacto aún reciente de la insólita victoria de la revolución en Túnez, el pequeño y estratégico reino de Bahrein se preparaba para rentabilizar una de las dos razones por las que es conocido a nivel mundial: técnicos y mecánicos se afanaban con precisión suiza para que el gran circuito de Formula 1 pudiera acoger, apenas un mes después, una de las citas más espectaculares de la temporada automovilística. Aunque un numeroso grupo de personas se había concentrado días antes frente a la embajada de Egipto en Manama para expresar su respaldo a las protestas que en aquellos días crecían sin freno en el país norteafricano, poco o nada inducía a pensar que el tsunami de indignación popular que se comenzaba a gestar en el mundo árabe-musulmán suní pudiera alcanzar la península Arábiga y agitar la ficticia apacibilidad que parecía disfrutar aquella antigua isla de mayoría chií. No fue así. El lujoso decorado de quietud y exótica modernidad impostada levantado por la familia Al Khalifa -emparentada con la casa Real saudí- en la segunda mitad del siglo XX se derrumbó la fatídica noche del 14 de febrero de ese mismo año y dejó desnuda, con las miserias expuestas, a una más de las variadas petro-dictaduras radicales suníes que exprimen el golfo Pérsico.

Manal -nombre ficticio usado para preservar la seguridad- lo recuerda aún a diario. Concluida la oración del alba, alrededor de 300 personas se congregaron en la localidad de Nuwaidrat, de mayoría chií, para exigir la puesta en libertad de los detenidos durante la concentración anterior y exigir reformas políticas, libertad, dignidad y justicia social. Superado el mediodía, eran ya miles más los que gritaban las mismas consignas en diferentes espacios del minúsculo estado. nike air max tn pas cher Abatido el ocaso, restrañaron en la cómplice opacidad de la noche los primeros disparos. Manal había alertado a su marido, un conocido activista de los derechos humanos, que aquel día había abandonado muy temprano el hogar conyugal impelido por un inusitado optimismo. Al salir, él le acarició la mejilla y le pidió que no se preocupara. Fjallraven Kanken 7L Estaba convencido -le dijo- de que esa vez “todo será distinto”. La suerte le acompañó aquella primera jornada de ira, la misma que al caer el sol abandonó a Ali Mushaima, primer “mártir” de la ahora silenciada y casi olvidada “primavera bahreiní”. Según wl informe que emitió la Policía, el joven, un soldador chií de apenas 21 años, integraba una turbamulta compuesta por unas 500 personas que supuestamente atacó en el distrito de Al Daih a un puñado de agentes del orden, que se vieron obligados a hacer uso de sus armas reglamentarias ante el riesgo que corría su vida. Activistas de los derechos humanos, locales y extranjeros, insisten aún hoy, sin embargo, en que fue ejecutado en plena calle, sin importar los testigos, a sangre fría, con impunidad, nocturnidad y alevosía. Su cuerpo -recuerdan- mostraba varios impactos de bala recibidos casi a bocajarro, con el orificio de entrada en la espalda.

Apenas unas horas después, y con el miedo aún vencido por la ilusión de un cambio largamente anhelado, el marido de Manal -prefiere que tampoco se revele su nombre- volvió a salir de casa para sumarse a los miles de compatriotas que se atrevieron a acompañar el cortejo fúnebre por las calles de la capital. La suerte le sonrió por segunda vez. En un calco de la noche anterior, cayó muerto sobre el asfalto Fadel al Matrook, un joven de 31 años, desempleado y padre de dos hijos, que también había decidido participar en el sepelio de la dignidad. La ira se adhirió entonces al hastío acumulado tras años de corrupción, abusos y olvido, y la combinación alumbró una batahola desatada y resuelta que comenzó a concentrarse y acampar en la emblemática plaza de la Perla. chaussures de foot adidas Inopinadamente, el huracán de las entonces incipientes y ahora marchitas “primaveras árabes” había alcanzado este rincón privilegiado de la península Arábiga en el que un día de 1995 El Pentágono decidió instalar la base central de su recién recuperada V Flota, destinada a la vigilancia del golfo Pérsico y el mar de Arabia. La represión, que se recrudeció en los días siguientes con nuevas cargas policiales, miles de arrestos, torturas, desapariciones forzosas -como la del marido de Manal- y otras medidas puntivas, fue condenada -en principio- por gran parte de los países occidentales, hecho que obligó al rey Hamad a prometer una investigación que certificó los abusos policiales pero evitó identificar a los autores y castigar a responsable alguno.

El Reino Unido amagó con cancelar importantes acuerdos de armas y el entonces presidente norteamericano Barack Obama incluyó una cita a Bahrein en su carta de condena a la represión violenta de las manifestaciones populares similares en tenían lugar en Yemen y Libia. Women Air Jordan 7 Una posición pro democrática, en línea con la defensa de los derechos fundamentales, que Estados Unidos divulgó el 18 de marzo y que apenas tardó una semana en variar y distanciar de la dureza que seguiría empleando meses después contra Trípoli y Sana. El 25 de febrero, el general Mike Mullen, por aquel entonces jefe del Estado Mayor del Ejército estadounidense, visitó Manama y se entrevistó con el monarca y con el príncipe heredero, Salman bin Hamad, para conocer la situación “de primera mano”. Diecisiete días después, cerca de 1.500 soldados del Consejo de Cooperación de Golfo (CCG) Pérsico, en su mayoría saudíes, entraba en la isla para ayudar al rey Hamad a restablecer la falseada calma. Para aquellas fechas, la carrera del mundial de Formula 1 había tenido que ser aplazada y las protestas se habían extendido a la región vecina de Qatif, zona petrolera de mayoría chií en el este de Arabia Saudí. La “primavera del Golfo” había sido abrasada.

Seis años después, aquellos cruentos sucesos que acapararon titulares vuelven de nuevo a la actualidad, aunque cubiertos esta vez por un tupido telón de indiferencia y silencio. Si entonces sirvieron para mostrar como la aproximación y reacción de Estados Unidos y de otros países dominantes a la ola de protestas populares en el mundo árabe se ajustaba a los intereses económicos y estratégicos -implacable con “enemigos” como Al Gadafi, Bachar al Asad o amigos amortizados como Mubarak y Ben Ali; indulgente con las dictaduras amigas de Bahrein o Arabia Saudí-, hoy son la triste y deprimente constatación de que nunca se pretendió atacar las raíces de los problemas que desde tiempos de la colonización atribulan la zona; que simplemente algo se cambió en la región para que, en esencia, nada cambiara. La Administración Obama susurró bajito ante los desmanes de la autocracia saudí, numen del terrorismo yihadista que amenaza el mundo, a la que no solo no se atrevió a presionar; permitió que anegara en sangre su propia disidencia -y la de los países vecinos- e incluso años después dejo que accediera a la presidencia del comité de Derechos Humanos de la ONU, pese a estar considerada uno de los principales predadores de los mismos en el mundo. Su sucesor, Donald Trump, ha sido más imaginativo y ha enmascarado sus amigables relaciones con las satrapías del Pérsico -especialmente la saudí- agitando un engañoso y ladino señuelo de la inmigración que la prensa tradicional, en su ceguera, ha contribuido a agitar. Al tiempo que hablaba con el rey Salman y confirmaba la estrecha alianza de Wahington con Riad, el excéntrico multimillonario instauraba un polémico veto de entrada en el país que no afecta a los musulmanes -en su conjunto- como se suele informar. adidas uomo Si no a los ciudadanos de Siria, Irak, Irán, Libia, Somalia, Sudán y Yemen, países que unidos suman cerca de 180 millones de habitantes, menos de una décima parte de la población mahometana mundial. Ignorada queda aún la respuesta a la pregunta de si la excusa es el terrorismo porqué permite a egipcios o saudíes entrar y circular libremente por Estados Unidos si 17 de los 19 fanáticos musulmanes que cambiaron el mundo el 11S utilizaban pasaporte de esos dos países, que también son la patria de algunos de los yihadistas más buscados del planeta. “Es la misma política de doble rasero que ha dominado siempre en esta zona del mundo”, argumenta una activista bahreiní que prefiere ocultar su identidad por estar amenazada. Nike Sko Nettbutikk “La prueba es este país. La persecución de activistas, opositores, periodistas y defensores de los derechos humanos no ha cesado desde 2011. Incluso ha ido a más gracias a la carta blanca con la que actúa la monarquía, apoyada desde Riad y protegida por le silencio de los gobiernos mundiales”, añade. “Desde que comenzara el año, se han multiplicado los casos de torturas y desapariciones forzosas sin que nadie quiera escuchar nuestros gritos. Esto se parece cada vez más a (las dictaduras) en Argentina y Chile”, subraya con un hilo de voz quebrado en la garganta.

Las cifras, elocuentes, parecen concederle la razón: según distintas organismos de análisis independientes, a día de hoy existen más de 2.600 presos políticos en cárceles y calabozos de Bahrein, un número significativo si se tiene en cuenta que la población total ronda los 650.000 habitantes; centenares más han sido obligados a exiliarse y sobre varios miles pesan prohibiciones de viaje. Unos 300 opositores han sido desposeídos de su nacionalidad, entre ellos el jeque Qassim, uno de los predicadores más influyentes de la aldea de Diraz, principal núcleo chií. Las detenciones indiscriminadas y los registros aleatorios son moneda de intimidación común, puestos de control y carros de combate controlan los accesos a las principales barrios y aldeas chiíes -convertidas la mayoría de ellas en zonas marginales y estigmatizadas que suníes y extranjeros esquivan-, y el “Diálogo Nacional” yace exangüe, mortalmente herido por la falta de interlocutores de una oposición ahora entre rejas. Joc Pederson Authentic Jersey “Existe miedo, mucho miedo”, recalca Manal a través de la aplicación Telegram, uno de los métodos más seguros de comunicación con el exterior. “Nadie se atreve a salir a la calle y alzar la voz. No es como en 2011. La Policía tiene impunidad y los jueces son parte del sistema. Por nada puedes pasar cinco o seis años en la cárcel. O puede incluso pasarte algo peor. Aquí casi todo el mundo tiene un familiar o un amigo desaparecido”, subraya.

Una parte de ese miedo, tallado durante un lustro de represión, comenzó a quebrarse de nuevo el pasado 15 de enero, escasas horas después de que se confirmara la noticia de la ejecución de Abbas al Samea, de 27 años, Sami Mushaima, de 42 y de Ali al Singace, de apenas 21, tres hombres acusados de matar a un policía emiratí en un atentando con bomba perpetrado en 2014. La crudeza de las imágenes del ajusticiamiento -el primero en 20 años en el reino- y las dudas sobre la limpieza del proceso -organizaciones de defensa de los derechos humanos denuncian que las confesiones fueron extraídas bajo tortura a los acusados y amenazas a los familiares- han abatido el temor e inflamado una vez más las calles. Impelidas por la indignación -pero también por el propio miedo que antes les atenazaba, ahora convertido en un acto de supervivencia- cientos de personas retomaron las pancartas rotas y rompieron las mordazas al tiempo que las fotografías de los cuerpos fusilados de los reos y las vídeos furtivos de las resucitadas protestas inundaban las redes sociales, en un intento desesperado por atraer de nuevo la mirada solidaria del mundo. Sin apenas éxito.

Un mes después, y en víspera de un nuevo juicio contra un activista chií bajo la ley de emergencia que rige desde hace seis años en el país, el clamor desesperado de los ciudadanos -en su mayoría chiíes- vuelve a mezclarse con el eco hosco de las porras y los disparos en un aislado archipiélago nuevamente envuelto en llamas. “La razón de que nada salga a la luz es el apagón informativo”, argumenta un conocido periodista local. “La censura impuesta (por el gobierno) y la decisión de los aparatos de estado de ocultar la verdad. Matt Holliday Womens Jersey Pero lo cierto es que hay una peligrosa escalada de la represión, incluyendo asesinatos extrajudiciales que deben ser denunciados. Por eso necesitamos la ayuda de medios y organizaciones externas”, reclama. En la misma línea apuntaba días después de las ejecuciones Amnistía Internacional. En un informe rubricado por su subdirectora de investigación regional con sede en Beirut, Lynn Maalouf, se advertía que “Bahrein se encuentra la borde de la ebullición. Los cientos de bahreiníes que tomaron las calles para protestar contra esa impactantes ejecuciones, que se aplicaron pese a las denuncias de tortura y de juicio injusto, se han topado con un uso excesivo de la fuerza por parte de los servicios de Seguridad y una escalada de los ataques contra la libertad de expresión”. En este sentido, urgía a las autoridades a “respetar el derecho de asamblea y a ordenar a las fuerzas de Seguridad que eviten un uso abusivo de la fuerza. La arbitrariedad y las medidas draconianas en contra de la libertad de expresión solo servirá para exacerbar el peligroso deterioro que ya han sufrido los derechos humanos”. Exhausta al otro lado del teléfono, nerviosa ante la posibilidad de que alguien pudiera estar escuchando, Manal sentencia: “hace seis años mi marido y otros muchos bahreiníes nos levantamos para para pedir libertad y justicia social, hoy nos conformamos con que el mundo no nos olvide”.

La batalla olvidada que afectará el futuro de Europa

En junio de 2015, la rama libia del grupo yihadista Estado Islámico difundió un comunicado en las redes sociales en el que confirmaba que se había hecho con el control absoluto de la ciudad costera de Sirte, cuna del derrocado dictador Muamar al Gadafi y puerto mediterráneo en el que éste fue linchado hasta la muerte en el otoño de 2011. Tras meses de esporádicos e intensos combates con fuerzas islamistas afines al entonces gobierno en Trípoli -considerado rebelde por la comunidad internacional-, un comando de los fanáticos logró derrotar a la fuerza de elite “Falange 166” e izar el pendón negro sobre la central eléctrica que controlaba el suministro en la zona centro-oeste del país. Los yihadistas ya habían aprovechado, asimismo, la guerra de desgaste que los regímenes rivales de Trípoli y Tobruk libraban en Bengazi -segunda urbe en importancia del país- para tender una línea de suministro desde su baluarte en Derna -ciudad cercana a la frontera de Egipto-, y para abrir una ruta hasta la población de Al Uashka, a las puertas de Misrata, a escasos 250 kilómetros de la capital. cheap albion silver En apenas seis meses, y con relativa facilidad, los fanáticos habían logrado salir del desierto, avanzar por la costa y conseguir su mayor éxito: la conquista de un bastión en la cuenca del Mediterráneo, frente a las playas del sur de Italia.

Un año después, milicias afines al denominado gobierno de unidad libio -formado en febrero de este año por un Consejo Presidencial designado por la ONU-, fuerzas leales al Parlamento en Tobruk -que hasta la fecha se ha negado a reconocer a la nueva autoridad en la capital- y diferentes señores de la guerra se preparan por separado para intentar liberar Sirte, una batalla crucial para el futuro de Libia -y por extensión para la estabilidad del sur de Europa- que al igual que la ocupación yihadista de la ciudad apenas genera el interés de los grandes medios. Nike Air Max 2017 Heren Uno de los primeros en sumarse a la ofensiva ha sido el controvertido general Jalifa Hafter, un ex miembro de la cúpula golpista que aupó al poder a Al Gadafi en 1969, reclutado años después por la CIA para derrocar al sátrapa, y devenido ahora en el mayor obstáculo para la reconciliación en el país. albion gold Jefe del Ejército libio asociado a Tobruk, el general, de 73 años, ordenó hace una semana a sus hombres tomar posiciones en áreas del este vecinas a la localidad de Ben Yawad y a la carretera que conduce al este, donde cerca de dos centenares de familias que tratan de huir de Sirte son rehenes de los yihadistas. Ese frente oriental lo completan la fuerza de elite “Saika”, que también combate junto a Hafter en la batalla de Bengazi, y las llamadas “Fuerzas de Autodefensa de Cirenaica”, que defienden las instalaciones petroleras libias bajo el mando de Ibrahim Jadhran, enemigo del ladino militar. buy albion gold Según el diario local Libya Herald, el señor de la guerra y el líder de “Saika”, Wanis Bukhmada, llegaron la semana pasada a un acuerdo para combatir juntos en la zona de Ras Lanuf y Sidrá, principales puertos petroleros del país. Jadhran ya frenó el pasado diciembre el intento de los yihadistas de asaltar y conquistar las citadas instalaciones portuarias.

Más confuso se observa el frente oeste, donde las milicias de la ciudad Misrata tienen problemas para contener la presión del Estado Islámico libio. La semana pasada, al menos diez oficiales de esa fuerza murieron y cerca de un centenar de soldados más resultaron heridos en combates cerca de la localidad de Al Saed, situada a medio camino entre las dos poblaciones. Fuentes extraoficiales aseguran que en esa zona también pelean junto a los misratíes unidades especiales de Italia y Reino Unido -bajo el disfraz de equipos de asesoramiento militar. Según una conocida página web israelí vinculada a los servicios secretos, días atrás varios soldados británicos e italianos perecieron o fueron capturados por comandos yihadistas en el camino entre Misrata y Sirte. mochilas kankenLa batalla de Sirte es crucial para el futuro de Libia. La ONU y las potencias internacionales apuestan por que una victoria permita al gobierno de unidad lograr una legitimidad y un apoyo popular que no tiene”, explica un diplomático europeo que ha trabajado cerca del Consejo Presidencial. “Pero existe también un alto riesgo de que ahonde la división política del país, ya que algunos como Hafter ven una oportunidad de fortalecer sus reivindicaciones”, advierte la fuente, que prefiere no ser identificada. buy albion silver “Solo una victoria total facilitaría la negociación, pero incluso sobre esa victoria hay dudas”, subraya.

En la misma línea se pronunciaba días atrás el analista francés Patrick Haimzadek en las páginas de la revista digital Viento Sur. Mochilas Kanken Big De acuerdo con su relato, Hafter no solo persigue aumentar la presión sobre el gobierno de unidad; en sus cálculos estratégicos se proyecta la posibilidad de que el enfrentamiento con los yihadistas debilite la posición de Jadhran y la defensa de los campos petroleros de Ras Lanuf y Sidrá, que ambiciona. Además, en sus filas -apoyadas por soldados de elite franceses- han comenzado a aparecer antiguos miembros del derrocado régimen de Gadafi, huidos a Túnez y otros países de la región en 2011 a la espera de revancha. “La presencia de numerosos oficiales del antiguo régimen originarios de Sirte y de Bani Walid en el Ejército del general Haftar y el deseo de revancha -en particular de Bani Walid que no ha olvidado la ocupación y los castigos infligidos en 2012 por las milicias de Misrata- podrían reabrir las heridas de la guerra de 2011. En efecto, son muchos los que, tanto en el este como en el oeste, desearían hacer pagar a Misrata el precio de su dominación política y militar de estos últimos años”, advertía.

El primero de ellos, el propio Hafter. nike air max 2017 heren wit El general se ha posicionado desde el primer minuto en contra de la preeminencia de los misratíes y de la presencia, en cualquier órgano de gobierno, de grupos islamistas moderados emparentados con la ideología de los Hermanos Musulmanes egipcios. Desde su segundo regreso, en 2013, ha tratado, además, de explotar la tradicional división entre las dos grandes regiones libias (la Cirenaica, en el este, y la Tripolitania, en el oeste) en favor de sus ambiciones totalitarias. Primeramente, con una guerra fallida en Bengazi, capital del alzamiento contra Al Gadafi. En mayo 2014, emprendió la llamada “Operación Dignidad”, una ofensiva cuyo único objetivo era arrebatar el control de la urbe a las milicias “Majlis al Shura” y “Zawra Bengazi” -aliadas del antiguo gobierno en Trípoli- y favorecer así las exigencias del Parlamento de Tobruk en el proceso de negociación tutelado por la ONU. Dos años después, el frente de batalla apenas se ha movido y Bengazi sufre una crisis humanitaria similar a la que padecen muchas poblaciones en Siria. nike air max 90 uomo Cientos de miles de personas se han visto obligados a huir y se han convertido en desplazados internos. Los que aún permanecen, exponen su vida a la diosa fortuna. nike air zoom pegasus 32 hombre Esta misma semana, diez personas, entre ellas dos niños, murieron al caer tres proyectiles en la conocida plaza de Kish durante una manifestación en favor del anciano general. asics gel lyte 5 hombre rojas Escasea la comida y el agua, apenas funcionan los servicios públicos y algunos barrios de la periferia han caído en manos de bandas criminales y grupos yihadistas.

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En segundo lugar, embrollando el proceso político una vez que este se desvió del camino que interesaba a su codicia. buy albion gold Son sus afines los que desde hace mes y medio maniobran para que el Parlamento de Tobruk no pueda reunirse e impedir así que legitime el gobierno de unidad instigado por la ONU que dirige Fayez al Serraj. Adidas Superstar Heren Este proceso incluye una celada tendida por diversas fuerzas y movimientos del oeste para neutralizar el poder del general. Además del voto de confianza, los diputados deben aprobar el llamado “Acuerdo Nacional Libio”, firmado el pasado diciembre en la localidad marroquí de Sjirat. albion silver Aparte de permitir la creación del Consejo Presidencial, el pacto incluye un polémico artículo que exige la renuncia de todos los cargos de responsabilidad designados hasta ese momento. Incluida la dirección de las Fuerzas Armadas libias, que Hafter todavía retiene pese a las exigencias de Misrata y la oposición del ministro de Defensa del gobierno de unidad, Al Mahdi al Barghathi.

La coordinación es esencial para expulsar a los islamistas y recuperar Sirte. cheap albion gold Y parece que está muy lejos de alcanzarse”, explica un responsable militar europeo destinado en el norte de África. “Hay voces en Trípoli que ya piden que se retrase la operación, pese a que el jefe de la Coordinadora Militar (apadrinada por el gobierno Al Serraj) insista en que está todo listo para seguir adelante. El riesgo es evidente”, agrega la fuente. Hafter, mientras, prosigue con su plan. cheap albion gold Sus hombres ya han tomado oposiciones y librado las primeras escaramuzas en el frente este. Y él mismo ha vuelto a desairar a la ONU al negarse a reunirse con el enviado especial, Martin Kobler. Adidas Zx 850 Heren Y es que más allá de los factores que introduzcan Ares y las Moiras, la probable derrota de los yihadistas –la planeada ofensiva cuenta también con el apoyo aéreo extranjero- podría al final constituir una victoria pírrica que agite aún más el actual caos, ahonde la división política y militar y abra un nuevo capítulo en la guerra civil libia.

Libia: la intervención militar que viene

En marzo de 2011, y en plena efervescencia de las ahora fracasadas “primaveras árabes”, las potencias internacionales sumaron una más a la lista de decisiones discutibles que han adoptado en Oriente Medio y el norte de África a lo largo del fatídico siglo XX. Goedkoop Nike Schoenen 2017 Asido a una obsoleta geopolítica que ha causado cientos de miles de muertes, el Consejo de Seguridad de ONU emitió la pertinente resolución “Ad Hoc” y la OTAN se apresuró a bombardear Libia con la excusa de proteger a los civiles. El alzamiento contra la dictadura de Muamar al Gadafi perdía fuelle y las tropas del excéntrico líder, mejor pertrechadas, recuperaban terreno y amenazaban con reconquistar la ciudad de Bengazi, capital de la histórica provincia de la Cireanaica y simbólico bastión de los rebeldes. La intervención militar aliada, liderada por cazabombarderos Rafale franceses, fragatas de la Marina británica y los buques de asalto anfibio estadounidenses USS Kearsarge y USS Ponce, contribuyó a cambiar el signo de la incipiente guerra civil libia. Iniciado el mes de agosto, la amalgama de grupos rebeldes ponía cerco a Trípoli, que caería apenas dos semanas después. Madison Bumgarner Authentic Jersey Acorralado, abandonado y traicionado, el tirano huyó a Sirte, su ciudad natal, donde moriría el 20 de octubre de ese año, vejado y linchado por una turbamulta ciega de entusiasmo e ira.

Cinco años después, Libia es un estado fallido, sumido en el caos y la guerra fratricida, donde un fusil vale más que una vida y el futuro es un lujo en el que casi nadie confía. La muerte se ha adueñado del desierto, las balas silban cada amanecer en las calles, tristes y vacías, y el lamento de miles de ciudadanos subsaharianos, víctimas de la guerra, el hambre, la desesperanza y la avaricia de los traficantes de personas, inunda la costa y resuena como un eco desgarrador en la sorda Europa. asics buty męskie Un inmenso almudín de armas teñido de sangre malbaratada en el que dos gobiernos igualmente deslegitimados luchan por prevalecer con la ayuda de estraperlistas de todo pelaje, líderes tribales devenidos en señores de la guerra, directivos ventajistas al servicio de multinacionales petroleras y comisionistas disfrazados de asesores extranjeros. Uno, calificado de rebelde y pro islamista, en Trípoli; y otro, considerado legítimo por la comunidad internacional -aunque carece de base legal desde el pasado 20 de octubre- en Tobruk. Enfrentados sobre el terreno, ambos están enmarañados desde hace más de un año en un trabado proceso de diálogo forzado y tutelado por la ONU que apenas ha servido para profundizar aún más la brecha que separa sus ambiciones. El objetivo declarado es consensuar un Ejecutivo de unidad nacional que colme el vacío de poder que gota a gota llenan, cada día, los grupos yihadistas que crecen en el país. Sin embargo, la ristra de informaciones y sucesos acaecidos en las últimas semanas inducen a pensar que el fin último es allanar el terreno para una nueva (e interesada) intervención militar extranjera.

Pese a que oficialmente lo nieguen, Londres tiene militares y asesores en Misrata desde hace meses. Taylor Martinez College Jerseys También los estadounidenses y los italianos han enviado gente son el terreno”, comentaba recientemente un colega durante una agradable cena en Argel. “Muchos de ellos, en particular los norteamericanos, son mercenarios, trabajadores de compañías privadas de Seguridad que entrenan a milicias locales”, comentaba otro de ellos. La táctica que se persigue es antigua, y ya se puso en marcha en Siria antes de que las tropas rusas intervinieran para salvar al sátrapa Bachar al Asad, y por extensión sus vastos intereses en la zona. Ensamblar primero una fuerza terrestre local que ofrezca carne de cañón y limite la injerencia extranjera a bombardeos aéreos y marítimos, sin el engorroso trago que suponen los muertos propios de cara a la exigente opinión pública. En Siria e Irak ese trabajo sucio lo han desempeñado con esplendor (también interesado) las tropas kurdas y algunos grupos de oposición, tanto laica como islamista. NMD Adidas Dames En Libia se busca desde hace varios meses un entendimiento entre las milicias afines al gobierno en Trípoli, congregadas en torno a la plataforma “Fajr Lybia” (Amanecer Libia), las katibas de la ciudad de Misrata, una de las más efectivas del país, los mesnaderos del señor de la guerra Ibrahim Yidran, que defienden las instalaciones petroleras, y el antiguo Ejército regular libio, ahora leal al Ejecutivo en Tobruk. buy albion gold Iniciada la segunda semana de febrero de 2016, el principal escollo es aún el controvertido general Jalifa Hafter, un antiguo miembro de la cúpula militar que en 1969 aupó al poder a Muamar al Gadafi y que en la década de los Ochenta se convirtió en uno de sus principales opositores en el exilio. Women Air Jordan 6 Refugiado durante años en una mansión cercana a la sede de la CIA en Langley, el militar, de 73 años, regresó al país en 2011, escasas semanas después de que estallara la revuelta contra su antiguo patrón. Fjällräven Kånken Mini Apoyado financiera y militarmente por Arabia Saudí y otras monarquías de la península Arábiga, cruzó entonces la frontera con Egipto y maniobró hasta ser designado el pasado año jefe de las antiguas Fuerzas Armadas gadafistas, leales a Tobruk. buy albion silver Meses antes, en mayo de 2014, había lanzado una infructuosa ofensiva militar contra la ciudad de Bengasi -bajo control de milicias afines a Trípoli- que ha causado el desplazamiento interno de miles de personas y solo ha servido para enconar aún más el conflicto.

La ambición de Hafter de liderar el futuro Ejército de unidad libio -deseo al que se opone Trípoli- es igualmente una de las razones que obstaculizan el acuerdo político, que las potencias extranjeras ambicionan con desespero para avanzar en sus planes intervencionistas. albion gold También una de las causas de que la conjunción de fuerzas libias que anhela esa llamada “alianza antiyihadista” internacional no sea todavía una realidad. Arrinconada en Siria, donde Moscú marca ahora el paso de la guerra- las potencias mundiales han tornado sus ojos al país norteafricano, ausente de los titulares de prensa durante meses. Una reciente noticia difundida por los medios mundiales más influyentes ha despertado las sospechas de que algo se cocina entre los expertos. Días atrás, la Casa Blanca aseguró que el número de combatientes del Estado Islámico había caído en Siria e Irak y por contra había aumentado peligrosamente en Libia. cheap albion gold Pero lo cierto es que el empuje del yihadismo es poderoso desde hace más de un año. Asentados en la ciudad oriental de Derna, vecina a la frontera con Egipto, no ha dejado de acaparar terreno desde que en hace exactamente doce meses la rama libia del EI plantara su bandera en el extrarradio de Sirte, ciudad asomada al Mediterráneo situada a unos 450 kilómetros al este de Trípoli, sin que ello supusiera grandes titulares. buy albion gold Desde entonces, los yihadistas han logrado asumir la mayor parte de la urbe que vio nacer y morir a Al Gadafi. Han penetrado en barrios de Bengasi, donde las tropas de Trípoli y Tobruk se desgastan mutuamente sin sentido ni beneficio. cheap albion silver Y han establecido puestos avanzados en la histórica localidad romana de Sabratha, a medio camino entre la capital y la frontera con Túnez. Envalentonadas, a finales de enero pusieron cerco a las puertos petroleros de Sidrá y Ras Lanuf, los más importantes del país -este primer envite fue frenado por las fuerzas de Yidrán. Además, han sido capaces de contaminar su nociva influencia a las naciones de la región. albion silver Nike Max UK Especialmente al frágil Túnez. Según las autoridades de este país, los autores de los dos atentados que segaron la vida de sesenta turistas extranjeros entre marzo y junio de 2015 eran jóvenes compatriotas que recibieron entrenamiento militar en Libia. A territorio libio también se ha desplazado la mayoría de los yihadistas tunecinos que han regresado a su patria tras combatir con las huestes del autoproclamado califa. Se calculan en casi medio millar. A su vera -y en muchos casos, bajo sus órdenes- combaten iraquíes, sirios, turcos, jordanos, saudíes, egipcios, argelinos, europeos, pero también libios.

La reciente reunión de la alianza antiyihadista en Roma giró en torno a esa intervención. Y aunque el documento final descartó una inminente intervención, lo cierto es que se habló de que aportaría cada uno”, explica un miembro de los Servicios Secretos árabes familiarizado con el encuentro. cheap albion gold En la capital italiana convergieron la mayoría de los gobiernos que en 2011 participaron en los bombardeos de la OTAN sobre las fuerzas de Al Gadafi (incluida España), muchos de los cuales también forman parte de la cruzada en Siria. Algunos, como el propio Túnez, se oponen a esa posible intervención, convencidos de que solo servirá para aumentar la confusión y el dolor. Aunque pocos se atreven a verbalizarlo, en el pequeño país norteafricano hay quien teme que la respuesta de los yihadistas sea saltar la porosa frontera, tomar algunas de las mal defendidas poblaciones del desierto y dar con ello un golpe de gracia a la frágil transición. Igualmente se opone Argelia, nación acuciada por la abrupta caída del precio del petróleo y por la incertidumbre en torno a la sucesión de su enfermo presidente, Abdelaziz Bouteflika, en la que la amenaza radical también ha florecido con fuerza en los últimos meses. Advertencias que, como en el pasado, la referida coalición internacional antiyihadista parece preferir obviar, anudada todavía a la concepción del mundo que marcó la pasada centuria, y que quizá se debería pensar en enterrar.

Siria y la trampa de Viena*

A mediados de noviembre de 2015, y en pleno arrebato de visceralidad por el impactante atentado de París, el autoproclamado “Grupo Internacional de Apoyo a Siria” se comprometió a acelerar el proceso de paz en ese país, falsamente convencido de que allí están enterradas las raíces del fanatismo que desde hace décadas atormenta a árabes y musulmanes, y que ahora tanto dice asustar a los líderes de Europa. Una solución diseñada y sostenida en premisas con cierto hedor finisecular que entroncan con una forma obsoleta de entender la geoestrategia mundial: aquella que apuesta por la injerencia, por imponer transiciones políticas al estilo occidental a sociedades con un alto déficit de madurez democrática, y por confiar en interlocutores con el mismo superavit de inclinación a la tiranía. Un plan atado, igualmente, a la vetusta concepción de Oriente Medio a la que aún se aferran EEUU y los gobiernos de Europa, interesadamente ciegos ante la esquina que está doblando la historia: aquella idea de fomentar bloques enfrentados al rebufo del petróleo y la industria armamentística que quedó dibujada tras el triunfo de la revolución islámica en Irán, y que tanto dolor y sangre ha causado a los habitantes de la región. fjällräven kånken Laptop 13 Países de larga tradición democrática, como Estados Unidos o Francia, aliados con otros, como Arabia Saudí o Qatar, que ni siquiera han sentido el impulso de asomarse a ella, sentados a la mesa con imperios nostálgicos ávidos por recuperar su antigua grandeza, como Rusia, Irán y Turquía. Canotte New York Knicks El objetivo declarado, derrotar al nuevo enemigo: el Estado Islámico. El oculto, quizá, garantizar sus intereses particulares en el nuevo Oriente Medio del siglo XXI que parece esbozarse. Al margen de todo -y como error iterado-quedan una vez más los anhelos de las poblaciones locales, que en 2011 se levantaron con la ilusión -ahora casi desvanecida- de alcanzar al fin libertad, derechos y justicia social.

El hecho es que el Estado Islámico, como doctrina y práctica, se ha convertido en un modelo imbatible para aquellos que en el mundo musulmán suní buscan una combinación de religión, poder y modernidad“, argumenta el periodista árabe Ali Hashem. Antiguo corresponsal de la famosa televisión qatarí “Al Yazira”, el reportero insiste en subrayar un factor que considera crucial, un elemento esencial para entender la coyuntura actual que la desmemoriadas sociedades occidentales parecen haber querido olvidar: que la amenaza del yihadismo no es un problema de hoy, sino una rémora del ayer en la que la huella de sus tejemanejes está aún muy presente. Un desafío que nació en la aciaga década de los ochenta, hunde su rizoma en la historia del medioevo europeo, está ligado al colonialismo y a la fatídica guerra fría que envenenó el siglo XX, y que se nutrió de las dictaduras árabes de tinte socialista a las que Occidente apoyó -en mayor o menor medida- en las tres décadas precedentes. “Suníes y chiíes compartían similares aspiraciones hasta que la revolución islámica en Irak en 1979 logró derrotar al Sha“, abunda Hashem. “En ese tiempo, hasta islamistas sunníes como el jeque Abdula Azzam (uno de los fundadores ideológicos de Al Qaida) celebraron en las mezquitas de Jordania la victoria del Imam Rujola Jomeini“, recuerda. Huston Street Baseball JerseyDespués, se evidenció que la revolución (iraní) era más una respuesta a las ambiciones de los islamistas chiíes que de los suníes; así que la siguiente parada para Azzam y sus camaradas fue Afganistán, y lo que luego fue conocido como los árabes afganos”, concluye.

El triunfo de Jomeini y su interpretación fundamentalista de la sociedad islámica causó un impacto similar -aunque de inquietud- en Arabia Saudí, hasta entonces (casi) indiscutible caudillo del Islam suní. El mismo año que las huestes del avieso ayatolá se apropiaban de la indignación popular en Irán y la barnizaban de trascendencia religiosa, un grupo de radicales saudíes, adscritos al movimiento purista “Ijwan”, asaltaba la gran Mezquita de La Meca, la más sagrada del Islam. Liderados por Juhayman al Otaibi, un antiguo miembro de la Guardia Nacional wahabí, pretendían derrocar la tiranía de la familia Al Saud, a la que tildaban de hereje y corrupta. New Balance 420 mujer Al Otaibi y sus seguidores creían que la autocracia fundada en el siglo XVIII había traicionado los principios establecidos por Mahoma, y aspiraban a constituir una sociedad igual a la que, según su lectura literal de las escrituras, habitó el Profeta. Su sueño acabó en pesadilla. Amanecida la mañana del 4 de diciembre de 1979, soldados saudíes secundados por fuerzas de elite francesas y aconsejados por expertos militares estadounidenses recuperaron el control del templo tras tintar de carmesí sus albos mármoles. Unas 240 personas -entre militares y asaltantes- murieron y más de 400 resultaron heridas durante la batalla, que se prolongó dos semanas. Brandon Belt Authentic Jersey Miles más fueron arrestadas y encarceladas los días siguientes. Nike Air Max Tavas damskie Al Otaibi y 63 cabecillas fueron decapitados.

Avanzado 1980, recién estrenada la guerra entre Irán e Irak, muchos de esos “ijwan” comenzaron a abandonar las prisiones y a aterrizar en Afganistán, previa escala en Pakistán. asics gel noosa uomo En Islamabad, y en particular en la vecina Rawalpindi, eran recibidos por jeques como el propio Azzam y miembros de los servicios secretos saudíes, estadounidenses y pakistaníes que los instruían en el combate y les facilitaban armas. Conocido como “el puente de los muyahidin”, el primer objetivo de este plan era acorralar a las tropas soviéticas que ocupaban Afganistán. Pat Tillman Jerseys Hasta que estas se retiraron, los guerreros de la yihad fueron “combatientes por la libertad” para los gobiernos de Occidente y un alivio para las dictaduras árabes amigas. Casi todas ellas aprovecharon la citada pasarela para desembarazarse de la oposición religiosa que crecía a la sombra de su puño de hierro. Asics Gel Lyte Pas Cher Sin embargo, apenas nueve años después el muro de Berlín cayó y la guerra fría que domeñaba la geopolítica mundial comenzó a perder el sentido que nunca tuvo. Los muyahidin dejaron de ser útiles, y la mayoría de ellos optaron por regresar, convencidos de que en su país serían recibidos como héroes. Poco tardarían en percibir la realidad. En agosto de 1990, tanques del Ejército de Sadam Husein cruzaron la frontera y tomaron Kuwait. Asustado ante la posibilidad cierta de que siguieran su arrollador avance hacia el sur, Riad exigió a Washington que cumpliera con el pacto secreto suscrito en 1945 y protegiera su territorio. Una defensa que el después odiado Osama bin Laden y sus árabes afganos también ofrecieron a la casa de Al Saud. Rechazados y marginados, “los guerreros de Alá” retornaron a las agrestes tierras de Asia Central en las que tanta sangre habían derramado. Allí se terminó de gestar una idea que el llamado Islam político (liderado por los Hermanos Musulmanes egipcios) había contribuido a cimentar. La de lanzar una yihad global contra los infieles -incluidos entre ellos los corruptos líderes musulmanes- que pusiera las bases para la concreción futura del único de sus anhelos: crear un estado islámico según su ancestral interpretación de los textos religiosos. Había nacido Al Qaida, la organización terrorista más grande que la historia moderna haya conocido.

Expertos y periodistas contemporáneos insisten en colgar esta misma etiqueta a la amenaza de moda, el Estado Islámico. nike air max 90 soldes Pero entender y conocer a esta organización yihadista exige, en primer lugar, desprenderse de ese erróneo concepto y admitir una realidad: se trata de un sistema sofisticado, un proto-estado fruto de la evolución lógica de la quimera radical que explotó en esa década de los pasados ochenta. Mientras que “el puente de los muyahidin” fue una ambición hábilmente manipulada, Al Qaida supuso una idea fruto de la frustración y la experiencia. El Estado Islámico es, ahora, esa idea llevada a la práctica gracias a un error mayúsculo cometido por aquellos que hace cuarenta años comenzaron a experimentar con el fuego de la intolerancia religiosa. La forzada e interesada decisión estadounidense de invadir Irak en 2003, y en particular la posterior desarticulación del corrupto régimen baazista tejido por Sadam Husein dejó un vacío de poder en las provincias suníes, aprovechado al principio por Al Qaida y explotado ahora por las huestes del dictador derrocado para reconstruir desde la clandestinidad las redes mafiosas en las que la satrapía iraquí se sostuvo durante la década larga que duró el embargo de la ONU. Womens Air More Uptempo La mezcla de ambas alumbró en 2006 el Estado Islámico de Irak (ISI), al que EEUU combatió con efectividad gracias a una alianza pecuniaria con movimientos suníes iraquíes considerados moderados. En 2010, la decisión del gobierno chií de Bagdad de no integrar a esas tribus en la estructura del Estado facilitó al ISI recuperar el terreno perdido. Y en 2011, la revolución en Siria le permitió ampliar sus huestes y su extensión territorial, clave de su desconcertante poder. El denominado Estado Islámico para Irak y el Levante (ISIS) ya se presentaba las características que tiene el actual EI, declarado por el autoproclamado califa, Abu Bakr al Bagdadi, el 29 de junio de 2014. nike air max pas cher Arraigado en un áreas de cientos de kilómetros que abarca de Siria a Irak; replicado por decenas de grupos armados que le han jurado lealtad, desde las montañas de Argelia a las costas de Indonesia, y dotado de un poderoso efecto llamada, que atrae tanto a jóvenes de países islámicos como a musulmanes y conversos nacidos y crecidos en Europa, el EI es una estructura estatal basada en una interpretación herética del Islam, con rasgos del totalitarismo y vicios de la ultraderecha, capaz de autofinanciarse con métodos mafiosos -pero también con herramientas estatales-, que gestiona un amplio tejido social, se alimenta de la frustración y se sostiene en una estructura militar que aúna con eficacia estructuras de ejército regular, tácticas de guerrilla maoista y acciones de cruel y elemental terrorismo. Es ahí donde reside su fuerza, pero también su principal debilidad. Al contrario que Al Qaida, el EI necesita un territorio que gestionar para tener sentido, y la llama de la guerra contra los infieles para pervivir.

“Para derrotar al IS, el mundo necesita golpear el corazón del grupo, y eso significa desatar la maraña de nudos que le rodean y cortar el flujo de sangre que llega a su corazón”, argumenta Hashem. “Se necesita un modelo alternativo que combata el modelo IS, un modelo que sea poderoso, moderno y que muestre un aprecio y un respeto real al Islam. Con este modelo sería mucho más fácil privar a la entidad terrorista de simpatizantes que se pueden convertir en el futuro en sus miembros“, razona.

La solución que las potencias mundiales y el resto de países implicados proponen apunta erróneamente a la poliédrica guerra siria, y obvia ese camino. sac kanken Más allá de los estériles bombardeos -que causan muertes civiles y abonan el terreno a la movilización y el combate en las poblaciones que los padecen-, este plan de tres puntos no ofrece esa indispensable alternativa y solo reedita políticas que se han probado ineficaces y contraproducentes en el pasado en escenarios similares. Supone, asimismo, un episodio más de la guerra fría autóctona que sacude desde hace cuatro décadas la región: la que enfrenta al eje chií -Siria, Irán y el grupo libanés Hizbulá- y al frente suní, liderado por Arabia Saudí, principal apoyo de la oposición islamista al régimen de Bachar al Asad. El primero se establecerá en el arranque de 2016, pero en el paréntesis previo ya ha multiplicado el dolor de un pueblo sometido a la tortura diaria de la muerte. Antes de que entre en vigor el pretendido alto el fuego, todas las partes en conflicto han redoblado sus bombardeos y ataques con el objeto de apropiarse de la mayor parte de territorio posible. En especial, las mejor armadas y más cohesionadas fuerzas del régimen, que con ayuda de Rusia y de las milicias del citado eje chií no solo han obligado a retroceder a las huestes del EI en el frente este, si no a la propia oposición, tanto laica como islamista. En este contexto se enmarca el derribo en octubre de 2015 de un avión de combate ruso por la artillería turca. Desde que se intensificara la intervención del Kremlin, uno de los principales objetivos del régimen ha sido recuperar el territorio que se extiende desde la ciudad portuaria de Latakia a la frontera de Turquía. Un agreste zona en manos de la oposición turkemana (apoyada por radicales chechenos) casi desde el inicio del conflicto y que posee un enorme valor estratégico. No solo abre el pasillo hacia Idlib y las regiones del oeste de Alepo, bajo dominio opositor, si no que garantiza la seguridad para la base militar que Moscú tiene en el área, la única en el Mediterráneo. Nike Air Max 2016 Heren wit Además, impide que las fuerzas turcas creen una entidad autónoma entre ambos países, y que rebeldes y turcos compartan frontera. nike pas cher En el albor de diciembre de 2015, las tropas de Bachar al Asad -secundadas desde el aire por cazabombarderos rusos, y reforzadas en tierra por infantes de “Brigada Zulfikar” chií- ya se habían asegurado el control de las colinas de Bayirbucak, a escasos 15 kilómetros de Turquía. Similar situación vivió Homs, lugar en el que estalló la revolución de 2011, recuperado por el régimen este diciembre.

Estos avances dibujan un reforzamiento de la satrapía alawí, que ha recuperado resuello, terreno y confianza de cara a la segunda fase de “la trampa de Viena”: la que debe servir para formar de un gobierno de unidad nacional transitorio -negociado por el régimen y la oposición- que convoque elecciones en un plazo de 18 meses. Solo las regiones del este, dominadas por el EI, y las zonas del noreste, donde los peshemerga iraquíes roban territorio al autoproclamado Califato gracias a la cobertura aérea que le brinda Washington, quedan lejos del control de Damasco. Una coyuntura que parece no preocuparle en demasía. La dictadura de Al Asad confía en Turquía para frenar las aspiraciones independentistas de los kurdos, pese a que estos se hayan ganado la confianza de EEUU -el presidente turco, Recep Tayeb Erdogan, ha equiparado públicamente a las milicias kurdas sirias (Unión Patriótica de Siria, PYD en su siglas en inglés), con el EI. Y en la comunidad internacional para debilitar a los seguidores del pretendido califa.

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  • Una fase que aún esta en el aire, víctima de cuatro innecesarios años de un conflicto armado que ha sido manipulado por las potencias y desprendido de las inocentes ansias de un pueblo traicionado. Y de dos preguntas sin aparente respuesta: ¿Quién debe sentarse en la mesa de diálogo?, ¿Quién representa a día de hoy al pueblo sirio? Algunos actores parecen tener butaca asegurada -aunque su grado de respaldo popular sea cuestionable-, caso de la Coalición Nacional Siria, principal grupo de la oposición en el exilio. Sac à Dos Fjallraven Kanken Y otros, garantías de que no serán convocados, caso del propio EI o del Frente al Nusra, filial de Al Qaida en el país y uno de los grupos armados más poderosos en litigio. En medio, se abre una gran paleta de grises de difícil encaje. La compleja tarea de espigar los comensales fue encomendada a Jordania, país que recibió múltiples presiones por parte de las petromonarquías del Pérsico. Tantas, que la decisión final se adoptó en Riad y se ajustó a las ambiciones saudíes. A la cabeza del llamado “Alto Comité Negociador” se colocó al antiguo primer ministro sirio, Riad Hijab. Y como jefe negociador a Mohamad Alloush, un conocido líder radical suní, defensor de la idea del califato, que contribuyó a fundar Jaish al Islam, uno de los múltiples grupos wahabíes financiados desde la península Arábiga que se sumaron a la dispar oposición siria.

    Considerado terrorista por el régimen sirio y sus aliados internacionales, su ideología se aproxima en exceso a la que defienden el Estado Islámico y Al Qaida, grupo este último con el que ha colaborado. En 2013, Alloush divulgó un vídeo en el que anunciaba el restablecimiento del histórico califato Omeya en las regiones de las actuales Siria e Irak y atizaba la retórica sectaria antichií tan arraigada en el wahabismo. El ahora jefe negociador apostaba por “decapitar a los impuros chiíes” y aprovechar el actual conflicto armado en la región para “recuperar la gloria (suní) en tiempos de los Omeya.” Un elogio al odio de difícil ensamblaje cuando está previsto que los interlocutores sean regímenes chiíes (el gobierno de Damasco, y sus aliados, Irán y el grupo libanés Hizbulá), y cuando la meta es formar un eventual Ejecutivo de unidad que según el comunicado salido de Viena debe ser “secular, inclusivo y no sectario”. “Alloush, junto a otros grupos similares, son la cuota que impone Arabia Saudí y los países del Pérsico para defender sus intereses en Siria”, explica un diplomático árabe en la zona. “Son lobos con piel de cordero. Su objetivo es el mismo que el Daesh (acrónimo usado en árabe para referirse al Estado Islámico), lo único que cambia es la táctica para lograrlo. Su aparente moderación responde a esta estrategia”, advierte.

    En la misma categoría colocan los expertos al grupo radical “Ahrar al-Shams”, vinculado a Arabia Saudí y Qatar, países miembros de la alianza internacional forjada por Estados Unidos, el Reino Unido y Francia, entre otros. Asentado en la región central de Idlib, “Ahrar al-Shams” fue formado en 2011 por un grupo de salafistas sirios, enlazados con movimientos wahabíes del golfo Pérsico, que fueron liberados por el régimen de Bachar al Asad al inicio de la revolución. Desde un primer momento, se alinearon con las fuerzas opositoras más reaccionarias, e incluso combatieron junto a sus entonces socios de Al Nusra. En 2012 y 2013 fue, junto a este último, el principal impulsor de la conocida como alianza rebelde islamista. Desde un principio abogó por el establecimiento de un estado islámico en Siria, aunque moderó y amoldó a los tímpanos de Occidente su ideología al insistir en que la naturaleza de la futura nación debería emanar de la voluntad del pueblo sirio. Aun así, reitera que todo quedará supeditado a la interpretación wahabí de la Sharía o ley islámica (similar a la que aplican Arabia Saudí o el EI).

    Frente a este bloque radical wahabí, aliado de Occidente, Rusia ha forzado la presencia de una tercera vía, integrada por varios de los grupos laicos que fueron apartados de la conferencia opositora de Riad. La autocracia que preside Vladimir Putin ha estado extremadamente activa en el campo de la diplomacia desde que en verano decidiera defender sin tapujos al régimen sirio sumándose a los bombardeos.

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  • Desde entonces, el antiguo agente de los servicios secretos soviéticos convertido en moderno zar se ha reunido con los presidentes de la propia Siria, Irán y Egipto, con el emir de Kuwait, el rey de Jordania y el príncipe heredero de Emiratos Árabes Unidos. Ha departido con los primeros ministros de Irak e Israel y recibido al ministro saudí de Defensa. Y el pasado 18 de enero negoció con el emir de Qatar, país con el que comparte el título de poseedor de las mayores reservas de gas del mundo, y al que su ministro de Asuntos Exteriores, Seguei Lavrov, había definido semanas antes como “el gran escollo” para la paz en Siria. Putin, al que parece no interesarle una larga guerra en Oriente Medio, ha formado su propio bloque, y forzado su presencia en la próxima reunión de Ginebra, ante el enfado de la delegación opositora tutelada por Arabia Saudí. En él están presentes Haytham Manna, un profesor exiliado en Francia que fue elegido en diciembre jefe del Consejo Democrático Sirio -oposición laica- y Saleh al Muslim, representante de la Unión Patriótica del Pueblo Sirio. Este último, de ascendencia kurda, ha sido rechazado por Turquía. En una estrategia en la que el uso interesado e iterado ha desposeído a la expresión de su verdadero significado, Ankara ha argumentado que también “es un terrorista”.

    La tercera añagaza, en caso de producirse, sería, quizá, casi la más dramática para un pueblo que confió en el sueño libertario. Según los expertos, la formación del gobierno de transición y la celebración de los comicios en el plazo y las condiciones ahora esbozadas servirían para legitimar, con toda probabilidad, a un régimen que durante décadas ha violado sistemáticamente los derechos de los sirios y bombardeado a su pueblo con barriles de pólvora. Con más territorio conquistado, y con una maquinaria administrativa casi inalterada -durante los años de la guerra Bachar al Asad se ha obstinado en seguir pagando salarios, pensiones y otras ayudas a los funcionarios y ciudadanos atrapados en zonas de la oposición, pese a que no pudieran trabajar, para mantener lazos y cultivar fidelidades-, el antiguo régimen seguramente batiría en las urnas a una oposición atomizada y diversa. Y cinco años de horror, muerte y sangre habrían conducido entonces a una situación similar a la que precipitó el regreso de la dictadura a Egipto. Queda aún mucha senda por recorrer. Según los expertos, Ginebra III caminará por el mismo derrotero que la intentona fracasada de 2014. Atrapada en las tácticas dilatorias del régimen, empeñado en repartir las culpas y alargar la bizantina discusión sobre terrorismo y terroristas antes de permitir que se aborde cualquier discusión que entierre las viejas políticas del siglo XX y despeje la vereda hacia la creación de una alternativa política cimentada en el respeto a los derechos humanos, único antídoto al veneno sectario que inocula el Estado Islámico.

    El tiempo apremia. Tiempo de escuchar las voces de un pueblo ahogado en sangre y no el hosco estruendo de las armas. Ya que, mientras los diferentes actores discuten en las mullidas y limpias alfombras de Riad, Nueva York o Ginebra, el Ejército sirio parece avanzar imparable en un territorio sembrado de cadáveres. “Las discusiones sobre que partidos o que individuos de la oposición deben estar presentes en las conversaciones de paz puede que sea al final algo secundario frente al verdadera tendencia en Siria, que es el progreso del Ejército sirio apoyado por Rusia e Irán- a la hora robar territorio al Estado Islámico, el Frente al Nusra y otros grupos armados”, explicaba en un reciente editorial el diario digital “Al Monitor”. “Quién está ganando la batalla tiene más importancia que quién se sienta en las sillas de Viena o Génova, aunque eso no ensombrezca las muchas contribuciones positivas que el Grupo Internacional de Apoyo a Siria (ISSG) puede y quiere hacer para ayudar a la transición siria. Pero es muy posible que el final de la partida en Siria se halle en Alepo antes que en las bienintencionadas reuniones del ISSG en ciudades europeas”, concluía.

    Aplaudir al dictador (1): Libia

    En 1991, el prestigioso diario “The New York Times”, publicaba una noticia que solo 16 años después comienza a cobrar su sentido completo. Citando fuentes propias, el rotativo revelaba que “350 soldados libios exiliados están siendo entrenados por oficiales de los Servicios de Inteligencia estadounidenses en técnicas de guerra”. Trasladados por la CIA a territorio norteamericano desde un país de África oriental (Kenia), el objetivo era -según la publicación- formarlos “para que cumplieran con el ansiado deseo de la Administración Reagan” de derrocar la dictadura de Muamar al Gadafi. Al frente de ellos descollaba la ambiciosa figura de un oscuro e intrigante militar: el general Jalifa Hafter, uno de los miembros de la cúpula golpista que en 1969 derrocó la monarquía de Idriss II y aupó al poder al entonces jovencísimo y ya carismático coronel.

    Hafter no era un oficial cualquiera. Nacido en 1943 en el seno de una influyente tribu del este del país, había sido uno de los colaboradores más estrechos del excéntrico líder libio. Goedkoop Air Max 2016 Schoenen Acostumbrado a maniobrar con ladina destreza tanto en el campo de batalla como en los despachos, en 1973 había sido agraciado con la jefatura de las Fuerzas Armadas y por extensión con el control de la guerra con Chad, que debía servirle para adornar su pechera y acrecentar su gloria, pero que a la postre devino en su tumba militar y política.

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  • nike tn requin Incapaz de hacer valer su mayor potencia bélica, en 1987 fue capturado por las tropas chadianas junto a 600 de sus hombres.

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  • Gadafi jamás quiso reconocer la derrota y optó por abandonarlo a su suerte. Algunos cronistas argumentan que, en realidad, el tirano libio aprovechó la oportunidad para deshacerse de un militar entonces tan prestigioso como ambicioso, al que observaba como una creciente amenaza. Fueran ciertas o no esas supuestas aspiraciones de Hafter, lo cierto es que la Administración Reagan optó sacar beneficio de la situación y autorizar el plan trazado por la CIA. Nike Air Max 90 Donna Fjallraven Kanken Mini De Niamey los cautivos libios viajaron a Zaire, donde 300 de ellos prefirieron regresar a su país. El resto fue trasladado a Kenia, donde fueron embarcados en un avión militar del Pentágono rumbo a América. A su jefe se le concedió la nacionalidad norteamericana y una casa en Virginia, muy cerca del cuartel general de los servicios de Inteligencia en Langley. En 1996, un informe del Servicio de Investigaciones del Congreso confirmaba que el general rebelde encabezaba “un Ejército para entrar en Libia” que se instruía en EEUU.

    El nombre de Hafter no volvió a la primera página de la actualidad hasta abril de 2011, apenas tres meses después de que, en el ardor de las llamadas “primaveras árabes”, prendiera en Bengazi el alzamiento rebelde que finalmente acabaría con cuatro décadas de dictadura gadafista. adidas yeezy boost 350 v2 męskie En un prolijo artículo publicado por la revista Business Insider, el periodista Ross Buker se preguntaba si el intrigante militar no era en realidad el hombre de la CIA en Libia y lo comparaba con Ahmad Chalabi, el trapisondista político iraquí que la Inteligencia norteamericana financió, entrenó y trasladó a Irak en 2003 junto a cientos de hombres armados para gestionar el país tras el derrocamiento de Sadam Husein, y que fracasó en su intento. Hafter y sus hombres habían volado ya desde EEUU a la frontera entre Libia y Egipto, y el senador demócrata por Ohio, Dennis Kucinich, se preguntaba también si la decisión de la Casa Blanca de promover y sumarse a la intervención militar de la OTAN en Libia respondía al deseo declarado de proteger a la población civil y salvaguardar los derechos humanos, o escondía en realidad un objetivo oculto que viajaba en el petate del anciano general. Nike Air Max 2016 Heren “¿Cómo de espontánea ha sido esa revuelta?”, se preguntaba retóricamente el político. “El nuevo líder de la oposición militar viajó a Libia hace dos semanas, aparentemente casi al mismo tiempo que el presidente firmaba la orden de operaciones… ¿El nuevo líder vivió las dos últimas décadas en Libia? No. Maglia Jeff Teague En un barrio en Virginia, donde no tenía medios visibles de vida. Su nombre, coronel Jalifa Hafter. mochilas kanken baratas Uno se pregunta cuándo planeó el viaje…. y quién es su agencia de viajes”, argumentaba.

    Cinco años después, el general sublevado se proyecta como el principal escollo para la paz en Libia, y como uno de los peones que probablemente contribuirán a decidir si el país se hunde aún más en el caos que actualmente sufre, o logra iniciar el largo y proceloso camino hacia la normalización política. Joe Montana Jerseys Jefe del llamado Ejército regular libio, vinculado al Parlamento en Tobruk -reconocido por la comunidad internacional-, en mayo de 2014 lanzó una gran ofensiva contra las tropas afines al entonces gobierno rebelde en Trípoli en la ciudad de Bengazi que en dos años ha causado cientos de muertos y miles de desplazados internos. Conocida como “Operación Dignidad” -y apoyada por Arabia Saudí y Egipto-, en este tiempo solo ha servido para ahondar la división política entre los poderes rivales de Tobruk y Trípoli, envenenar el proceso de diálogo impuesto por la ONU y abrir las puertas de la urbe a los comandos yihadistas, ahora atrincherados en algunos de sus barrios. bestellen schoenen nike air max 2016 goedkoop Factor clave en la guerra que desangra el país, es también un obstáculo político esencial. El pasado 18 de abril diputados de su cuerda volvieron a boicotear la sesión en el Parlamento de Tobruk que debía votar la confianza del llamado gobierno de unidad nacional, nombrado a principios de este año por el Consejo Presidencial designado por la ONU. La razón, que el proceso incluye también una reforma constitucional (artículo 8) que exige el cese de todo cargo político o militar ejercido con anterioridad a diciembre de 2015, fecha en la que parte de los Parlamentos rivales de Trípoli y Tobruk firmaron en Sjirat (Marruecos) el llamado “Acuerdo Nacional Libio” de reconciliación. Un eventual sí de la Cámara obligaría a Hafter a abandonar el mando del Ejército y dejaría su improbable reelección en manos del actual ministro de Defensa en el gobierno de unidad nacional, Al-Mahdi Al-Barghathi, al que se vincula con los líderes milicianos y señores de la guerra contrarios al taimado general. Días antes de la fallida sesión de confianza, Saqir Al-Jroushi, uno de los oficiales que componen el Estado Mayor de Hafter, amenazó con arrestar a Al-Barghathi tras acusarle de traición por reunirse con ministros y militares extranjeros “sin el permiso del jefe de las Fuerzas Armadas”. “Hafter está en conflicto con la ONU, pero aún mantiene el apoyo económico y militar de Al Sisi y la monarquía saudí”, que le suministran las armas, explica una fuente árabe de Inteligencia. nike air max bambini lunette de soleil ray ban pas cher También de gran parte de la CIA, aquella que siempre ha apostado por sostener militares autoritarios en el poder. billig nike air max 2016Pocos creen que, pese a haber quedado arrinconado en el proceso que ahora aplaude con entusiasmo la UE, el general haya escrito su último capítulo”, agrega, por su parte, un diplomático en la zona sobre un pulso político-militar que amenaza con fragmentar aún más amplia división que corroe al país norteafricano.

    Más allá de las evidentes diferencias de contexto, la situación actual en Libia se asemeja mucho a la que vivió Irak en los días en los que la opción Chalabi se desplomaba y las diversas corrientes políticas estadounidenses luchaban por imponer sus improvisadas y pancistas estrategias. En aquel tiempo, animadas por la declaración de George W. Bush, de que la misión estaba cumplida, las agencias de la ONU y las embajadas extranjeras comenzaron a desembarcar en Bagdad, a reabrir sus puertas y a retomar sus negocios como si la ocupación y la guerra -con sus múltiples cuentas pendientes- jamas hubieran ocurrido. Nike Air Max Thea Dames Recuerdo aquellos días en que un gobierno títere iraquí, movido por el procónsul norteamericano Paul Bremer desde la acorazada “zona verde”, asumía poco a poco las funciones de gobierno en un ambiente de euforia y autocomplacencia occidental mientras desmantelaba el esqueleto de la dictadura baazista de Sadam Husein, incluido su poderoso Ejército. Apenas fue una corta fantasía. El 19 de agosto de 2003, un atentado con camión-bomba segaba la vida del enviado especial de la ONU a Bagdad, Sergio Vieria de Mello, y destruía la sede de Naciones Unidas a la que los corresponsales que en aquellos tiempos trabajábamos en la capital iraquí íbamos con frecuencia a comer. Nike Air Max 2017 Heren blauw Dos semanas antes, los movimientos yihadistas -entonces aún de resistencia- habían perpetrado una ataque similar en la embajada de Jordania. Garrett Richards Jersey Mochilas Kanken Classic Irak, invadido e intervenido por potencias occidentales, se deslizaba hacia el desgobierno y el enfrentamiento sectario en el que más de una década después sigue enfangado, y del que han salido monstruos como el Estado Islámico que ahora pervierte el Islam, mata musulmanes inocentes y atormenta a Occidente.

    En el Trípoli actual, un gobierno impuesto y tutelado por la ONU trata desde hace un mes con apropiarse del poder apoyado por las naciones europeas, dispuestas a reabrir sus embajadas y retomar sus negocios pese a que ese Ejecutivo carece de legitimidad, disfruta de tantos enemigos como frágiles apoyos locales, y de que la situación de seguridad es cuando menos confusa. Canotta NBA En la sombra, decenas de milicias mantienen los arsenales repletos de armas y municiones y venden su fidelidad al mejor postor, mientras el Parlamento expulsado, considerado rebelde, redefine su estrategia. En la parte este del país, Hafter conserva sus apoyos y chantajea al gobierno en Trípoli en busca de mantener y ampliar su poder, pese al rechazo de la mayor parte de las milicias. Y en Derna, Sirte, y otras pequeñas poblaciones de la costa mediterránea, los grupos yihadistas parecen prepararse para nueva ofensiva estival, con los vastos recursos petroleros del país como principal anhelo. Todavía asentados en el vecino -y también inestable- Túnez, muchos de los libios que en 2011 huyeron de la dictadura y del alzamiento rebelde apoyado por la OTAN se obligan aún a estrangular sus ansias de volver: conceden margen al tiempo, aguantan y rezan, con la esperanza de que “nos dejen a los libios elegir nuestro futuro“, y el deseo de que el paralelismo iraquí y la vieja historia intrvencionista y colonial que presidió el siglo XX -obsoleta y dañina- no se repitan.

    De Líbano a Libia: síntomas de una primavera en ocaso

    Avanzado el otoño de 1989, las distintas partes en conflicto en el Líbano se reunieron en la ciudad arábiga de Taif para firmar un acuerdo que pretendía poner fin a 15 años de cruenta y enmarañada guerra civil. Patrocinado por la autocracia saudí, el documento enmendaba parcialmente el reparto confesional diseñado por Francia durante los años de Protectorado (conocido como Pacto Nacional, entregaba la presidencia el país a la comunidad cristina, la jefatura del gobierno a la comunidad suní y la dirección del Parlamento a los chiíes), regulaba el desarme de todas las milicias -a excepción del grupo chiíta Hizbulá o Partido de Dios, entonces único movimiento de resistencia contra la ocupación israelí del sur del Líbano- y exigía el repliegue del Ejército sirio, actor protagonista en la contienda y en el gobierno desde que en 1976 penetrara en el país con el beneplácito de la Liga Árabe. Solo un hombre se opuso a un tratado bendecido, igualmente, por la administración que dirigía en Washington George W. Adidas ZX 750 Heren Bush: el general Michel Aoun, entonces jefe del Ejército Nacional libanés y líder de uno de los dos ejecutivos que en aquellos días pugnaban por el poder entre los escombros de un Estado desolado, arruinado, completamente fallido. Nacido en 1933 en Haret Hreik, un suburbio del sur de la capital mezcla de cristianos y chiíes convertido desde la década de los noventa en el bastión de Hizbulá, con su negativa Aoun prologó un año más el sinsentido bélico que padecían los habitantes de Beirut. Al mando de las principales unidades de artillería, y apoyado por el régimen de Sadam Husein, se acantonó en el palacio presidencial de Baabda para luchar contra lo que consideraba una capitulación forzada desde Damasco. A su entender, el arreglo rubricado en la localidad saudí favorecía las aspiraciones neocolonialistas de Siria -pese a que se le daba un plazo de dos años para retirar sus tropas-, garantizaba la futura supremacía militar (y consecuentemente política) de Hizbulá, ya que se obviaban las condiciones y el plazo para su desarme futuro, y mermaba la influencia y el poder de la comunidad cristiana al equipar el número de diputados cristianos y musulmanes en el Parlamento y traspasar la prerrogativa de la elección del jefe del gobierno de la Presidencia a la Cámara de Representantes. Nike Air Max 2017 męskie El primer capítulo de su resistencia -que le condujo incluso a enfrentarse a cañonazos con su antiguo aliado Samir Geagea, señor de la guerra y jefe de las Fuerzas Libanesas, segunda milicia cristiana del país- acabó el 13 de octubre de 1990 en la embajada de Francia en Beirut. Perseguido por los soldados del presidente sirio Hafez al Asad -en aquel tiempo aliado con Estados Unidos- abandonó el palacio presidencial por la puerta de atrás y partió hacia el exilio en París.

    Tres lustros después, Hizbulá aún conserva intactos sus arsenales y ha devenido en la principal fuerza política del país, con amplia presencia en la Asamblea Nacional y sobre todo, un dominio casi absoluto en los ayuntamientos y gobernaciones meridionales; las tropas sirias han retornado a su territorio -forzadas en gran parte por las manifestaciones populares que en febrero de 2005 estallaron en protesta por el asesinato del entonces primer ministro y líder de la comunidad suní Rafik Hariri, del que ase acusó tanto a Damasco como al Partido de Dios; y Michel Aoun ha retornado al palacio de Baadda con las ganas de revancha íntegras y la anuencia -quizá derrota- de aquellos que un día le combatieron y le obligaron a salir de la tierra en la que nació y luchó. Entrevisté al anciano general, al que muchos consideran un criminal de guerra, al poco de su regreso del destierro. El conflicto bélico de 2006 -el último hasta la fecha entre Hizbulá e Israel- acababa de concluir y Aoun emergía de nuevo como un elemento poderoso en la confusa, inestable y tornadiza política libanesa, acostumbrada a toda clase de alianzas efímeras y contra natura. Reconciliado con Geagea -único señor del enfrentamiento fratricida libanés que fue condenado y encarcelado- y aliado con Hizbulá y otras fuerzas pro sirias a las que combatió en 1990 -como las del líder maronita Suleiman Frangie- se presentaba como un simple patriota, un mediador que quería pasar la página del episodio más negro de la afligida y cruenta historia libanesa. Su discurso, directo pero con un estudiado acento conciliador, había contribuido a que su partido, el Movimiento Patriótico Libre (FPM), consiguiera 21 diputados en las elecciones de 2005 y fuera ya entonces el segundo bloque más numeroso del Parlamento. Todavía no había dado el giro definitivo y entrado en el gobierno dominado por Hizbulá, paso que daría tres años después. Sentado en un viejo sillón de su residencia del barrio de Rabieh, afable y distendido mientras hablaba de sus nietos, aún le costaba reconocer que su mayor deseo era recuperar el sillón del que se consideraba desposeído. Faltaba aún quebrar la aversión de la familia Hariri y de su partido Futuro, hegemónico entre la comunidad suní y brazo ejecutor en el Líbano de la plutocracia saudí. “Los acuerdos de Taif fueron un mal acuerdo. New Balance Dames Pero todavía tenemos una oportunidad y debemos aprovecharla”, me dijo entonces.

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    El regreso días atrás del general al Palacio de Baabda supone, ante todo, una nueva victoria de Irán sobre Arabia Saudí en el escenario regional. Aoun no solo ha contado con el apoyo directo de Hizbula -el principal socio de Teherán en el Líbano-, del propio régimen persa -una de las primeras llamadas de enhorabuena que recibió fue la de su ahora colega iraní, Hasan Rohaní- e incluso de Bachar al Asad -a cuyo padre combatió en 1989 y que también le llamó para felicitarle; si no que visto doblegarse ante su aún marcial figura a Saad Hariri, el hijo del primer ministro asesinado hace una década y hombre de paja de Riad en el Líbano. La familia Hariri ha dominado la comunidad suní libanesa desde que a finales de la década de los ochenta, Rafik -el patriarca- se desprendiera de la responsabilidad de sus cresos negocios de construcción en Arabia Saudí y se trasladara al Líbano con el beneplácito de sus patrones, a los que construyó suntuosos palacetes. Forrado de petrodólares, el especulador se apropió de los proyectos para reconstruir el centro de la capital, devastada tras quince años de bombardeos, y los sumó a sus influencias hasta lograr ser elegido primer ministro. Una de las teorías más consistentes que explican su asesinato apuntan a que, henchido de poder y dinero, se atrevió a retar al presidente Bachar al Asad, que hasta entonces aún tenía la última palabra en el devenir de la política y la economía libanesa. Dallas Mavericks “La decisión de Hariri (de firmar un acuerdo con Aoun y Hizbulá) ha generado controversia entre sus bases populares, e incluso ha llevado a varios miembros de su bloque parlamentario a oponerse a la decisión de su líder”, explica el periodista Alí Hashem. Nike Air Max Goedkoop Y muy probablemente está relacionada, en gran parte, con la crisis financiera que atraviesa el multimillonario y el supuesto rechazo a ayudarle de su protector saudí, argumenta. “La principal compañía de Saad, Sudi Oger, no paga los salarios a sus empelados desde hace semanas debido a una serie de reveses financieros sufridos a causa de la propia crisis saudí y de la difícil relación personal que mantiene con el príncipe heredero, Mohamad bin Nayef. Saad se ha topado con una encrucijada: o se arriesga a una apuesta política absoluta o trata de preservar su estatus personal hasta que la situación en la región vuelva a cambiar”. El hijo de Rafik Hariri, que probablemente se convertirá en primer ministro gracias al acuerdo con Aoun, ha elegido la segunda. Una decisión, la de tratar de sobrevivir, que Hashem considera en una de su columnas del diario digital Al Monitor, una verdadera oportunidad para el futuro del Líbano.

    Pero la resurrección de Aoun se perfila también como un síntoma nocivo, como el triste ocaso de una primavera, la cacareada “primavera árabe”, que se resiste a florecer. Bien es verdad que el Líbano apenas se vio sacudido por el viento renovador que desataron las movilizaciones populares de 2011, sumergido como estaba en simas dispares a las que condujeron a la caída de las dictaduras en Egipto, Libia o Túnez. O al intento, aplastado y manipulado, de revolución en Siria. Pero un lustro después de un terremoto social y político que sorprendió y maravilló al mundo, el Líbano parece sumarse también a la preocupante marcha atrás que han emprendido la mayoría de los países árabe-musulmanes. Una tendencia que parece repetir los oscuros patrones que caracterizaron la pasada centuria y en la que las retrógradas monarquías absolutas sobreviven o se refuerzan (caso de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Qatar o Marruecos), en la que surgen nuevos mutantes políticos (como la demo-dictadura electoral turca, cada vez más parecida a la iraní), y en la que las dictaduras se renuevan con tenebrosos personajes del ayer que regresan -bajo la indolencia o quizá beneplácito de Occidente- para garantizar que nada cambie. Solo Túnez ha mostrado hasta la fecha una faz distinta, aunque queda aun por ver si el giro renovador emprendido es sincero o una simple triquiñuela.

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    El proceso ya ha culminado en países como Egipto. Allí, el general Abdel Fatah al Sisi, miembro de la cúpula militar que escoltó y protegió la dictadura de Hosni Mubarak, ha aprovechado las cenizas del Islam Político para imponer una satrapía, tan cruel o más que la dirigió durante más de tres décadas su jefe y predecesor. tn nike pas cher Desde que hace casi tres años liderara un golpe de Estado al que después vistió con una falseada legitimidad democrática, la represión de las libertades individuales y colectivas se ha multiplicado, el miedo ha retornado y el Ejército ha incrementado su monopolio sobre los recursos del poder y el Estado; ministros y responsables de todo el mundo han regresado a Egipto para hacer negocios y los países vecinos -en particular Israel- aplauden la “estabilidad” conseguida. Nada que los egipcios -que se levantaron en 2011 al grito de libertad, derechos y justicia social- no hubieran padecido ya.

    Y progresa adecuadamente -aunque con más lentitud quizá de los esperado- en Libia, donde el mariscal Jalifa Hafter, antiguo miembro de la cúpula que en 1968 aupó al poder a Muamar al Gadafi, pugna por hacerse con el poder. Nacido hace 73 años en la localidad de Ajdabiya, en la parte este del país, Hafter fue durante los primeros años del régimen de Al Gadafi un héroe de guerra. El hombre al que el entonces joven coronel confiaba la dirección de los asuntos bélicos relevantes bélicos, como la guerra de Chad. Sin embargo, avanzado la década de los ochenta, y con las primeras disidencias de importancia en el Ejército, el militar fue acaparando una fama que asustó al excéntrico dirigente. Derrotado y capturado en el campo de batalla, Al Gadafi abandonó a Hafter y a sus hombres a su suerte. Asics Kinsei 5 męskie Solo la CIA, que en aquellos años buscaba crear una fuerza de oposición interna, acudió en su ayuda. Transportado en un avión militar a Virgina junto a 300 de sus hombres, se instaló en una mansión cercana al cuartel general de los servicios secretos norteamericanos en Langley y, al mando de una milicia entrenada por agentes estadounidenses, se convirtió en el principal opositor al tirano en el exilio. Adidas sklep Regresó a su país en marzo de 2011, escasos dos meses después de que estallara en Bengazi el alzamiento. Entró vía Egipto con un nutrido grupo de fieles fuertemente armados y conspiró en el seno de las filas rebeldes hasta lograr que en 2014 el entonces gobierno internacionalmente reconocido en Tobruk le nombrara comandante jefe del llamado Ejército regular libio. Desde entonces, se ha convertido en el hombre fuerte del este del país y en uno de los principales escollos para el desarrollo del plan de reconciliación forzado en diciembre pasado por la ONU. No solo controla el Parlamento en Tobruk -aún la única institución legítima de Libia; ha levantado un cerco a la ciudad de Bengazi, juega con las fuerzas yihadistas e islamistas en su bastión oriental de Derna y en los últimos meses se ha hecho con el control de los puertos petroleros de Sidrá y Ras Lanuf, claves para la exportación de crudo en el país. “Se ha convertido en un factor esencial para el futuro de Libia”, admite en secreto una fuente diplomática de Naciones Unidas. Tanto que, tras intentar apartarlo y ningunearlo con el plan aprobado en diciembre de 2015, el nuevo enviado especial de la ONU, Martin Kobler, le telefonea desde hace semanas -sin éxito- para dialogar con él.

    Los avances de Hafter, quien controla ya más de la mitad del país, han enterrado el citado plan de paz trazado por el anterior enviado especial de la ONU a Libia, Bernardino León, quien jamás llegó a entender la complejidad del conflicto en el que pretendía mediar. Como señala el reputado centro de investigación “Crisis Group” en su último informe, en el inicio el problema residía en la legitimidad: el gobierno en Trípoli se negaba a reconocer el resultado de las elecciones y se resistía a entregar el poder al nuevo Parlamento, que buscó refugio en Tobruk. El objetivo era evitar una división territorial que se halla inscrita en el ADN de este vasto desierto asomado al Mediterráneo: la Tripolitania, en el oeste, y la Cirenaica, en el este, se han sentido regiones diferentes desde tiempos del imperio romano. Para ello Naciones Unidas inventó un Consejo Presidencial, que debía trabajar en la designación de un gobierno de unidad nacional, y un Consejo de Estado, más amplio, que ejercía de Cámara consultiva con la que tratar de equilibrar los intereses del Ejecutivo cesante. El Parlamento de Tobruk asumiría el poder legislativo y entregaría la legitimidad a ese gobierno.

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    El plan dejaba en segundo plano el problema de las decenas de poderosas milicias que existen en el país -verdadero nudo gordiano, más allá del conflicto político- y ocultaba una celada para intentar descabalgar a Hafter. El acuerdo exigía que todos los altos cargos, políticos y militares, cesaran de sus cargos hasta que se constituyera el citado gobierno de unidad, que renovaba su responsabilidad o los sustituía por otros. Air Jordan Uomo 9 Una cláusula que ponía en serio riesgo la continuidad de el general (ahora mariscal) al frente de las Fuerzas Armadas libias.

    Del conflicto sacaron provecho las mafias que trafican con inmigrantes, que han hecho de Libia su principal base en el Mediterráneo, y los grupos extremistas emparentados con la organización yihadista “Estado Islámico”, que -con ayuda de nostálgicos del régimen de Al Gadafi- lograron establecer una consiste provincia del Califato en la ciudad costera de Sirte, cuna y tumba del dictador. A finales de mayo, cuando los fanáticos amenazaron con avanzar a Trípoli, las influyentes milicias de la ciudad de Misrata lograron concitar en su favor al Gobierno de unidad -recién aterrizado en Trípoli- y a varias milicias del oeste del país para liberar la urbe, ofensiva que seis meses después no ha sido resuelta aún, pese a contar la Alianza libia con el apoyo aéreo de Estados Unidos. El ejecutivo nombrado por el Consejo presidencial designado por la ONU esperaba una victoria rápida que le ayudara a congregar el respaldo político y militar del que aún carece. También adolece del favor del pueblo, decepcionado porque no ha sido capaz de solucionar la crisis financiera y logística que sufre gran parte del oeste del país, donde carecen de agua corriente, electricidad y dinero en efectivo.

    “Los objetivos fundamentales que se marcaron en Skhirat -evitar una mayor confrontación militar y prevenir el colapso financiero- aparecen cada vez más distantes. El retroceso del Estado Islámico en Sirte podría desembocar en nuevos enfrentameitnos entre los grupos no yihadistas por el control del petróleo y gas, lo que probablemente pospondría la capacidad de Libia para aumentar las exportaciones y pondría aún más en peligro las perspectivas de paz”, argumenta Crisis Group. “A largo plazo, un proceso de paz fallido y enfrentamientos crecientes darían a los grupos radicales la oportunidad de reagruparse. Por tanto, la prioridad inmediata es evitar la violencia que parece estar gestándose en el Golfo de Sirte, Bengasi y Trípoli quizá”, advierte.

    En círculos diplomáticos, comienza a cuajar, igualmente, la idea de que solo un hombre fuerte, con mano de hierro, puede ordenar este caos. Hafter ha trabajado durante los últimos meses en esta dirección. Fjallraven Kanken Pas Cher Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Rusia -además de Arabia Saudí- respaldan abiertamente al mariscal, al que le proveen de las armas que le impide comprar el embargo impuesto por la ONU a Libia. También alista el apoyo de fuerzas de elite francesas en la lucha contra el yihadismo y de los sectores de la CIA que lo tutelaron en su etapa norteamericana. Enfrente, una parte del gobierno de Estados Unidos mantiene su alineamiento con el Gobierno de unidad; igualmente Italia y otros países europeos, aunque cada vez de forma más tibia. A la espera de conocerse el destino final de Bengazi, capital de la Cirenaica y del alzamiento contra Al Gadafi, todos los ojos miran ya al viejo mariscal, hijo político de un siglo que ya pasó, que ha prometido no abandonar la lucha hasta pisar de nuevo, como su colega Michel Aoun, el palacio de gobierno que cree corresponderle en Trípoli.

    Estado Islámico (año II): el puerto de Mos Eisley

    A mediados de mayo, efectivos del servicio de aduanas del aeropuerto de Túnez interrogaron durante más de once horas a Walid al Qalib, ciudadano libio llegado a la capital norteafricana procedente de Turquía. El incidente, como otros muchos de la misma naturaleza, habría pasado desapercibido si su posterior detención y aprisionamiento no hubiera desatado una ola de arrestos de emigrantes económicos tunecinos en los alrededores de Trípoli.  Emparentado con el ministro de Justicia del gobierno considerado rebelde establecido en la capital libia, Al Qalib respondió sí a dos de las preguntas del juez: una, que era líder de una de las katibas que integran “Fajr Libya” (Amanecer Libia), una plataforma de grupos armados, en su mayoría de ideología islamista, leales al citado Ejecutivo cesante; y dos, que mantenía lazos con la rama libia del autoproclamado Estado Islámico (EI), aunque su abogado, Wisem Said -que relató el encuentro a los periodistas- declinó revelar en qué grado.

    Negó, sin embargo, las otras dos acusaciones que el togado levantó en su contra: que se dedicaba al tráfico de armas; y que su presencia en Túnez estaba relacionada con una práctica que desde hace meses tiene en vilo a gran parte de la comunidad libia exiliada en ese país: el intento de secuestro de una persona que desempeñó un cargo de responsabilidad durante la derrocada dictadura de Muamar al Gadafi. Sentado en un café de la capital, un miembro de los servicios de Inteligencia que prefirió no ser identificado, confirmó esa misma noche que la denuncia se sostenía en la declaración de un ciudadano tunecino afincado en Libia, donde trabajaba como herrero. Este último aseguraba que Al Qalib le había chantajeado para que le proporcionara información sobre algunos de los cientos de “gadafistas” que habitan en la capital y poblaciones aledañas como Cartago y La Marsa. Y que el miliciano utilizaba después esos detalles para perseguir y retener en “campos de internamiento” a los familiares de muchos de ellos. Una versión que refutó sin paliativos el abogado: “Mi cliente solo ha venido aquí, como muchos otros libios, por razones médicas”, afirmó. 

    El incidente y la polémica han dejado al descubierto las complejas relaciones que mantienen Libia y Túnez y el peligro que supone su porosa frontera. Por el paso de Ras Jdir transitan a diario miles de personas en las dos direcciones: tunecinos que buscan el trabajo que no hallan en su tierra y libios que dejaron hogares y negocios atrás, y que años después tratan de conservarlos o recuperarlos. Pero también, matureros de todo pelaje: desde comerciantes dedicados al estraperlo a contrabandistas que se enriquecen con la compraventa de armas y la desesperanzada miseria de aquellos que arriesgan su vida en las pateras. Entre ellos, se camuflan cientos de yihadistas que circulan con aparente libertad a través del Sahel, desde Mali a Mauritania y Marruecos, rumbo a Oriente Medio, y que tienen en las montañas de Chambi, un agreste área de la frontera entre Túnez y Argelia convertida en zona de combate desde 2011, uno de sus principales puntos de encuentro y escala. Fuentes de Inteligencia admiten que muchos de los que parten a la yihad lo hacen en vuelos que aterrizan en Estambul o en Ankara, y que la mayoría de los tunecinos que regresan -según los expertos, Túnez es el primer “exportador mundial” de yihadistas al EI, con más de tres mil voluntarios- se refugian en ese área; otros se aventuran a cruzar la frontera este para sumarse a la rama libia del EI, donde suelen asumir puestos de mando.

    Y ha puesto de relieve, asimismo, el papel protagonista que ha adquirido el territorio turco -desde el que voló Al Qalib-, en el incesante y creciente trasiego de yihadistas que se desplazan por el Mediterráneo. Asentado en las ciudades de Raqqa y Mosul, con la guerra empujada hacia los territorios de la periferia, el Estado Islámico asemeja un enorme panal de rica miel que atrae radicales de todo el mundo, principalmente de las repúblicas ex soviéticas, la península Arábiga, Oriente Medio, el norte de Africa y la propia Europa. Hombres y mujeres movidos por la frustración, la falta de integración o el simple idealismo que en muchos casos convergen en el corazón del antiguo imperio otomano, cuya frontera meridional ha devenido en algo parecido al mítico puerto espacial de Mos Eisley. Un especie de territorio sin ley en el que pululan traficantes de toda cañala, espías de numerosos países -incluidos los del propio Estado Islámico-, intermediarios de empresas armamentísticas, reclutadores, mercenarios, proxenetas, capos de la mafia y otros sujetos sin escrúpulos que contribuyen a engrasar la maquinaria que alimenta las ambiciones de Abu Baqr al Baghdadi y sus secuaces.

    “Las críticas hacia Turquía son injustas”, rebate el periodista local Ayse Sahin, para quien su gobierno supone la primera barrera en la lucha global contra el EI. “Pese a la poca colaboración (que recibe de) parte de los servicios de Inteligencia de sus aliados, Turquía sigue arrestando y deportando a los combatientes extranjeros que vienen del Oeste, y que llegan para sumarse a las filas de Siria e Irak, países en guerra”, denunciaba en un encendido artículo -cerca de 1.100 deportados de 74 países en los últimos meses, según su cálculos. Una queja que no comparten diplomáticos y agentes occidentales, que en privado insisten en que si Ankara optara por aplicar una política de control de fronteras más estricta, el EI –que llena sus arcas con el contrabando de petróleo y el comercio a ambos lados de la divisoria– perdería gran parte de sus recursos y fortalezas. “Quizá desde las cancillerías europeas, y desde Estados Unidos, se debería exigir más a un país que a la postre pertenece a la OTAN y que durante años se ha postulado como socio de la UE”, señalan.

    Las razones, sin embargo, se antojan más complejas y enraízan con la transformación que Turquía ha sufrido en su modelo de gobierno tras la llegada al poder del islamista Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP). Desde que en 2002 ganara las elecciones generales turcas, la formación tutelada por Recep Tayib Erdogan ha socavado de forma sostenida la trascedencia de las Fuerzas Armadas -bastión del laicismo en el país-, en favor de la Organización Nacional de Inteligencia, al mando ahora de la seguridad del Estado. Considerado uno de los ejércitos más grandes de la región, ha sido empujado hacia la irrelevancia política desde que en 2007, y con la excusa de que preparaba un golpe de Estado, el Ejecutivo fomentara una campaña judicial de hostigamiento que en los tres años siguientes permitió el encarcelamiento de cientos de veteranos oficiales y de numerosos líderes políticos considerados “laicos liberales”. En 2011, al tiempo que la guerra civil estallaba en Siria, la decisión del alto mando de dimitir en masa confirmó la supremacía que el AKP y Erdogan ansiaban.

    Es mismo año, el Gobierno se embarcó en una segunda aventura que multiplicó el resentimiento de la, a pesar de todo, todavía influyente cúpula militar. Tras treinta años de conflicto y miles de muertos sobre el terreno – la mayor parte de ellos soldados y oficiales de las Fuerzas Armadas- Erdogan abrió una vía de diálogo y entendimiento con el movimiento separatista kurdo, y en particular con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), a cuyo brazo armado se le atribuyen decenas de atentados contra objetivos castrenses. El proceso de paz -aún en marcha- dilató la brecha entre civiles y militares, religiosos y laicos, que dieron la espalda al presidente cuando este, embarrado en la cenagal sirio -que ha obligado a más de un millón y medio de sirios a buscar refugio en Turquía-, quiso recurrir a sus medios y recuperar su maestría sobre el terreno, sus contactos, y sobre todo su confianza. “En estos años de conflicto, los servicios secretos turcos no han dado la talla. Carecen del conocimiento necesario y han cometido fallos importantes, en especial en sus relaciones con los rebeldes sirios. Muchos colegas se quejan de que en demasiadas ocasiones no se sabe muy bien de que lado están”, explica una fuente de Inteligencia con experiencia en la región.

    Los militares turcos desconfían, asimismo, del acercamiento de Erdogan al gobierno autónomo kurdo en Irak y su relación con los kurdos sirios. Y parecen poco dispuestos a unir sus armas a las de los Peshmerga y sus colegas sirios para enfangarse en una guerra contra el Estado Islámico y el régimen de Bachar al Asad en la que tienen más que perder que ganar.

    Erdogan, preocupado sobre todo por su supervivencia política, actúa desde hace meses en clave electoral. Asido al poder desde que hace casi tres lustros, presenta por vez primera signos de fragilidad popular. Las encuestas vaticinan una victoria menor en los comicios previstos para el próximo siete de junio, y el hombre que revitalizó el islamismo, acotó el laicismo y sedujo al rudo nacionalismo kurdo confiaba en que el pueblo marginado de las montañas al que regaló guiños durante los últimos cuatro años recompensara su buena voluntad y contribuyera a paliar el desencanto que ha causado la incipiente crisis económica. Sin embargo, estos concurren a las elecciones por primera vez bajo las siglas del Partido Popular Democrático (HDP), y los sondeos apuntan a que podría lograr el diez por ciento necesario de los votos para tener representación propia en el Parlamento. Una posibilidad que desde hace semanas espanta a Erdogan, que también por primera vez atisba el vértigo irracional que sienten en la derrota aquellos que solo codician el poder. “Se dice que los kurdos favorables al AKP, incluidos los devotos musulmanes, se están marchando en masa al HDP. Las denuncias de que el gobierno apoyó en un principio al Estado Islámico en contra de los kurdos sirios en la batalla de Kobane es una de las razones”, apuntaba esta semana la periodista Amberin Zaman. 

    La veleidosa y frágil política de Erdogan respecto a la crisis Siria y la emergencia del EI son otras de las causas del desplome de popularidad del actual presidente. Presentado por los expertos como el posible modelo de Estado futuro durante las después fallidas primaveras árabes, la ambigüedad ha minado el prestigio y la influencia de Turquía en la región, superada y ensombrecida por Irán, Arabia Saudí e incluso Qatar y Emiratos Árabes Unidos. Un severo varapalo para un pueblo que hace apenas una década tenía a Bruselas llamando insistentemente a su puerta, era capaz de decir “no” a los planes estadounidenses de invadir Irak desde su territorio, sentía aún vivo el orgullo de ser el heredero de un gran imperio y que ahora ve como “esos árabes” a los que siempre consideró inferiores mueven armas y resortes políticos a escasos kilómetros de su frontera sur.

    El insistente apoyo de Turquía al cambio de régimen en Siria ha sorprendido. Los rebeldes sirios de toda condición, incluidos los militantes islamistas del Ahrar al-Sham, viven en libertad en lugares como Urfa, Hatay y Gaziantep”, explica Zaman. “Y aunque el gobierno ha estrechado la seguridad a lo largo de los 900 kilómetros de frontera con Siria, los milicianos del ISIS continúan usando Turquía como ruta de tránsito para nuevos reclutas”. Un camino que transitan sin descanso y escasos obstáculos hombres oscuros como Al Qalib, y que se asemeja a los angostos callejones que Luke Skywalker y Obi-Wan Kenobi tuvieron que cruzar para contratar a Han Solo en una sórdida y peligrosa cantina del planeta Tatooine. FIN

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    OBAMA, IRÁN Y EL NECESARIO ADIOS AL SIGLO XX

    En el otoño de 2009, el siempre criticado -y probablemente injusto- comité para los premios Nobel, anunció una de las decisiones más controvertidas en sus más de cien años de existencia. La concesión del premio más prestigioso de la Paz para un recién estrenado presidente de Estados Unidos, Barack Obama. No menos sorprendentes y polémicas fueron las razones en las que sostuvieron su inesperada decisión: en tiempos en los que la confianza parece demodé -sirva de ejemplo la puñalada de Angela Merkel a Grecia, un país que supo perdonar a la entonces exhausta Alemania parte de la deuda tras la demencia de Adolf Hitler y el Nazionalsocialismo-, los sabios del Nobel entregaron el galardón al primer presidente negro de Estados Unidos por la ilusión que habían generado sus “esfuerzos (todavía escasos) para fortalecer la diplomacia internacional” y “las esperanzas de un mundo mejor” que proyectaban. Todo un canto al optimismo.

    Cinco años después, el periodista Thomas Sparrow se preguntaba en un prolijo artículo publicado en la página web de la BBC si el mandatario, ahora encanecido por el desgaste físico y mental que implica el poder, había cumplido con las expectativas que le valieron tan alta distinción.  El inicio, recordaba, había sido prometedor. Su voluntad de caminar hacia un mundo libre de armas nucleares había arrancado en 2010 con un simbólico acuerdo, bautizado como “New Start” y firmado con su entonces colega ruso, Dimitri Medvedev, en el que ambos países se comprometían a reducir sus arsenales de armas nucleares estratégicas y a compartir nuevos procesos que permitieran verificar la cantidad que cada uno de ellos poseía. Un lustro después, y con el halcón Vladimir Putin de nuevo al frente de la gran Rusia, ambos países han dado un paso atrás. El Pentágono ha encargado 12 nuevos submarinos, 100 nuevos bombarderos, 400 misiles y ocho plantas y laboratorios atómicos.  Moscú, por su parte, anunció el pasado 16 de junio que a lo largo de 2015 ampliará su arsenal nuclear con la puesta en funcionamiento de 40 misiles intercontinentales capaces de superar sistemas antimisiles sofisticados como el que Washington promueve en Europa del Este.

    Sparrow recordaba, asimismo, que Obama prometió la retirada de Irak y el desenganche paulatino de las tropas norteamericanas de los conflictos en Oriente Medio. El repliegue se inició también en 2010, pero la aparición, ese mismo año, del grupo que devendría en 2014 en la organización autoproclamada Estado Islámico (EI), alteró sus planes. Avanzado 2015, y con el EI más sólido en sus bastiones de Irak y Siria -donde ha duplicado el territorio bajo su control en apenas doce meses- más aviones no tripulados estadounidenses entran en combate cada día. No sólo en los dos países citados. También en Yemen, donde su principal aliado árabe -Arabia Saudí- se halla embarrado en una guerra que decidirá el destino de la nueva rama gobernante en Riad: la del rey Salmán y su estirpe.

    El periodista británico mencionaba, igualmente, la agria cuestión del cierre de la vergonzante cárcel de Guantánamo, otra de las promesas de política internacional incumplidas por el primer político que dijo en voz alta la inspiradora frase con la que los historiadores del futuro recordarán este convulso inicio de centuria: “Sí, podemos”. En un, quizá, arrebato de intuición, Sparrow concluía, no obstante, que el premio mantenía su vigencia, porque más allá de los hechos, la filosofía de la palabra de Obama ha logrado consolidar nuevos valores. Aquella todavía cercana Navidad de 2014 pocos preveían los transcendentales acuerdos con Cuba e Irán, diseñados para acabar con una obsoleta geo-estrategia que aún nos atormenta.

    Obama comenzó a ganar el premio nobel de la paz  con el discurso que el 4 de julio de 2009 pronunció en la Universidad Americana de El Cairo. Aún recuerdo el aroma agridulce que dejó en muchos de mis colegas en Egipto. Y puso las bases para hacerse merecedor del mismo cuando dos años después autorizó la apertura de reuniones secretas con el régimen iraní a través de diversos intermediarios, en particular el Sultán de Omán, Qabús. Era una decisión altamente arriesgada. En aquellos días, la teocracia persa había destapado el peor de sus desabridos rostros y reprimido, a sangre y fuego, el movimiento de reforma verde. Las llamadas “primaveras árabes” acababan de estallar y un fantasma débilmente amarrado a la promesa del cambio que implicaba aquel “Sí, podemos” comenzaba a teñir de ilusión -después revertida en sangre y mentiras- las calles del siempre atribulado Oriente Medio. Recuerdo que en aquellos días, los cinco únicos periodistas extranjeros que residíamos en Teherán soñábamos en mi casa, durante nuestros aquelarres periodísticos nocturnos, con ver llegar de tapadillo en el legendario aeropuerto de Mehrabab a un enviado de la Casa Blanca, como lo hizo Henry Kissinger en China.

    Cuatro años después, esas negociaciones -plagadas de trampas- han desembocado en un acuerdo que pone las bases para destruir el pernicioso “desequilibrio de fuerzas” que se estableció en Oriente Medio en 1979. Que nadie espere aún ver a Obama descender por la escalerilla del “Air Force One” en la polucionada y caótica Teherán. Existe todavía una larga senda que recorrer, salteada de agazapados tramperos más peligrosos que los de antes (ahora son todavía más conscientes de lo mucho que pueden perder). Y al final de ella espera un hombre asido al ayer, a la política rancia del siglo XX, cruel y caprichoso, bendecido por un poder de hálito celestial, omnímodo, capaz de virar en cualquier momento. El gran ayatolá Alí Jameneí tiene la última palabra. Si los enviados de su amigo y confidente, Hasan Rowhaní, han firmado, es porque el hombre que juró hacer pagar a Estados Unidos su soberbia, ha asentido. De igual manera, puede volver a cerrar una puerta que cree manejar a su antojo.

    El acuerdo, pese a lo que se ha publicitado, confirma algo que todos conocían, pero que nadie jamás se atreverá a admitir públicamente: que el programa nuclear iraní es irreversible, y las sanciones, por tanto contraproducentes e inútiles. En 2009, el entonces presidente iraní Mahmud Ahmadineyad nos llevó a un grupo de periodistas a visitar la central nuclear de Isfahan: vestido con una bata blanca, rodeado de su cohorte y con su indeleble sonrisa anunció que Irán había conseguido dominar el ciclo completo de enriquecimiento. El régimen de los ayatolá tenían los medios y el conocimiento para manipular el uranio de forma autosuficiente. Llegar al umbral de la proliferación nuclear -que alcanzarían unos meses después- era ya una simple cuestión aritmética: dependía del número de centrifugadoras en cascada que pudiera juntar. Un problema menor para un país que ya ensamblaba sus propias maquinas de segunda generación, gracias a la colaboración de expertos pakistaníes y norcoreanos, y comerciantes chinos y de las ex repúblicas soviéticas.

    La administración Obama entendió entonces que la estrategia debía tornarse. Exigir a Irán que destruyera un programa bélico que tanto dinero y esfuerzo le había costado desarrollar era una quimera. La estrategia debía tender a incluir a Irán de forma discreta en el club y al igual que en durante la guerra fría, llegar a un entente para convencer al régimen de los ayatolá  de que las protegiera como es necesario y no hiciera uso de ellas. Esa idea parece reposar bajo la declaración del presidente norteamericano de que no se trata de un acuerdo de confianza “si no de verificación”, como el que se estableció con Rusia. El objetivo debe ser ahora que la industria armamentística persa no avance en el programa balístico.

    Irán, por su parte, adoptará la táctica israelí: guardar silencio en torno a su programa atómico pese a tener sus arsenales repletos de cabezas nucleares. Los acuerdos con Cuba y con Irán supondrán el fin de la guerra fría y la vieja política del siglo XX en el Caribe y Oriente Medio porque ataca insidias amarradas a la noche de los tiempos. La Habana es esencial porque abre las puertas al rico Caribe y acaba con los míticos espectros del comunismo trasnochado. El entendimiento de Irán es clave para poder avanzar en la lucha contra la herejía del Estado Islámico; pero también para resolver guerras como las que ensangrientan Siria -Irán es el principal sostén de la dictadura de Bachar al Asad- o Yemen -donde apoya a grupos Houthis. Contribuirá también, posiblemente, a reducir la preponderancia de Arabia Saudí y del wahabismo, numen y origen del yihadismo que amenaza al mundo. No quiere decir que Teherán vaya a sustituir a Riad en la escala de aliados de Washington en la región, pero sí que hará más difícil para la casa de Saud justificar políticas hasta la fecha injustificables. La guinda sería que a ambos países se les exigiera el mismo respeto  a unos derechos humanos que a diario violan con la misma contumacia.

    Y asienta las bases (aún endebles) para poner fin a una injusticia que envenena Oriente Medio y la política internacional desde el fin de la Segunda Guerra Mundial: el conflicto en Palestina. El opositor más enconado a un acuerdo histórico fue, minutos después de ser anunciado, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, quien en medio de los aplausos del resto de la comunidad internacional no tuvo empacho de admitir que hará todo lo que esté en su mano para destruirlo. Una amenaza inquietante a la luz de las políticas que sigue en su país de apoyo a las acciones racistas, carentes de escrúpulos, de los colonos, en los que sostiene el mullido columpio de su poder.  La perspectiva de un Irán rehabilitado arroja nuevas piezas en el tablero regional (Teherán, por ejemplo, es el principal benefactor, junto a Qatar, del movimiento de resistencia palestino Hamás). No significa que vaya a retomar el papel de guardián que desempeñó en tiempos del último Sha de Persia, Mohamad Reza Pahlevi, lacayo de todo aquello que facilitara su hedonista vida. Si no que se proyecta como el primer paso de una ruta aún enmarañada, tan larga como espinosa, plagada de curvas traicioneras, que dos enemigos que aún se escudriñan con el rabillo del ojo tras años dándose la espalda han aceptado intentar recorrer juntos, pero no revueltos. El inicio del fin, quizá, de un viaje cuyo desenlace probablemente conoceremos rodeados de nietos y cuyo impulso fue un hombre al que le dieron un premio nobel de la paz visionario por el espíritu de transformación y cambio que supo inculcar al mundo con un simple “Yes, we can”.  FIN

    © JAVIER MARTÍN

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    Atentado en París: ¿Y si miramos al Golfo?

    El viernes 13 de noviembre de 2015, la localidad tunecina de Sidi Bouzid, cuna de las ahora atribuladas “primaveras árabes”, fue testigo de un suceso devastador. Prendida ya la luz del ocaso, un joven pastor de apenas 14 años apareció en sus calles con la cabeza de otro adolescente colgada de la mano. Aseguran los testigos que le vieron deambular que era incapaz de articular palabra y que su mirada proyectaba un infinito vacío, un dolor abisal y desgarrador. Solo cuando el pánico dejó de atenazar su alma, pudo contar que tres hombres, armados con pistolas y machetes, les sorprendieron en la loma en la que pastoreaba ganado con su primo. Les zarandearon, les golpearon, les ataron de pies y manos, y tras acusarles de herejes, sajaron la cabeza de su compañero. Nike Air Max Norge Nettbutikk Sko Después se la entregaron y le dijeron que si en algo apreciaba su vida, debía de ejecutar la misión que le iban a encomendar: debía llevarla y entregarla a su padres como señal de aviso para todos aquellos que colaboran con la Guardia Nacional tunecina en la lucha que desde 2011 libra con elementos yihadistas en las montañas de Kasserine, un agreste área de unos 100 kilómetros cuadrados de extensión en la frontera con Argelia que ha devenido en centro de control, instrucción y adoctrinamiento de radicales provenientes de todos los rincones del Sahel.

    Desplomada la noche, la barbarie había quedado sepultada en los informativos por el peso de una masacre igual de atroz. Casi al tiempo que los padres del adolescente decapitado guardaban la cabeza de su hijo en la nevera en espera del forense, al menos ocho jóvenes esparcían el terror y la muerte en París en nombre de la herejía que predica la organización yihadista Estado Islámico. Al hilo del horror, las declaraciones, los debates y los análisis apresurados, hijos de la inmediatez y el congojo. “Primer atentado del Daesh en Europa”; “cambio de las tácticas del Daesh” fueron dos de los que más fama disfrutaron. New Balance Pas Cher Junto a un mantra iterado: “Seguridad, más seguridad”.

    El brutal atentado en París tiene varios motivos, un contexto, y sobre todo, un origen que se debe combatir y tener siempre presente si la pretensión es diseñar un mundo más justo y seguro. El siete de enero de este mismo año, dos hombres armados sembraron igualmente el miedo en la capital de la luz con un atentado similar en nombre la misma interpretación desviada y herética del Islam que aplica el Estado Islámico. cheap albion gold Armados con fusiles, penetraron en la sede del semanario satírico “Charlie Hebdo” y asesinaron a tiros a once personas. En su huida ajusticiaron a un policía y mataron a varias personas más en un supermercado en el que se acantonaron antes de abandonar este mundo. Aunque la acción fue reivindicada por la organización de Al Qaida en Yemen, la sombra del Estado Islámico siempre ha planeado sobre la masacre. cheap albion silver Las fronteras ideológicas y estratégicas entre ambas organizaciones rivales son cada vez más difusas. En demasiadas ocasiones, son antiguos miembros de la red que lideró Osama bin Laden los que ahora combaten del lado del autoproclamado califa Abu Bakr al Bagdadi. Al fin y al cabo, las dos germinaron de la misma semilla.

    Es el contexto, sin embargo, el que induce a pensar que la huella del Estado Islámico también se insinúa en el atentado de enero. buy albion silver En aquellos días, las fuerzas kurdas, apoyadas por la aviación estadounidense, apretaban su cerco sobre la estratégica ciudad de Kobane, y el Estado Islámico sufría para retener una posición que facilitaba sus relaciones comerciales con las mafias del sur de Turquía y simplificaba la entrada de pertrechos y combatientes extranjeros. Un centro logístico, parada y fonda de voluntarios llegados de lejos, que caería en manos kurdas apenas tres semanas después. Nike Air Max 2016 Heren En las horas previas al ataque en París, unidades de los Peshmerga estrechaban igualmente su asedio sobre la también estratégica localidad septentrional kurda de Sinjar. Su caída se produjo casi en el momento en el que las bombas aturdían la capital francesa; la nueva derrota del EI quedó así eclipsada, ahogada bajo la hosca detonación de las balas en uno de los corazones de la nunca mejor dicho “vieja Europa”.

    La respuesta de esa Europa ha sido desde entonces tan rancia como el adjetivo que la acompaña. Huston Street Baseball Jersey Tan ciega y visceral como la dañina ambición que domina la actual política rusa. Al grito de “es la guerra”, ha satisfecho la inmediata sed de venganza de sus gobernantes con duros -e ineficaces- bombardeos sobre la ciudad de Raqqa, considerada la capital del Estado Islámico en Siria. Y con la adopción de nuevas leyes más restrictivas -y de pactos para la galería-, que coartan la libertad y los derechos de los ciudadanos europeos, pero que de poco o nada sirven para persuadir a aquel que está dispuesto a entregar su insatisfecha vida por un pedazo de impostado de paraíso. Ganar la guerra contra el yihadismo que crece y se acuna en Oriente Medio, contra el racismo, la exclusión y la injusticia social que lo nutre en las ciudades europeas, demanda un cambio absoluto -y sin dilación- de las equivocadas políticas que han imperado en la geoestrategia mundial durante las últimas cuatro décadas.

    Exige acabar con el siglo XX -especialmente con su segunda mitad-, con el colonialismo, el imperialismo, el capitalismo y el comunismo que han facilitado dictaduras y extremismos que tanto dolor y muerte han infligido en las sociedades de Oriente Medio. Exige enterrar el Islam político que ha anclado a las sociedades musulmanas en la añoranza de un idílico pasado que nunca existió -sin dejarles si siquiera atisbar la modernidad y el futuro-, y superar el sentimiento de culpa asido a la II Guerra Mundial que aún atormenta Occidente, y que condiciona las relaciones con la región. cheap albion gold Y exige, sobre todo, asentar la solución de los problemas que afronta este tiempo nuevo en el que, quizá, sea el único pilar sólido que nos ha legado la pasada centuria: la declaración desarrollada de los derechos del hombre. Siempre será lícito debatir que forma de democracia es más efectiva. Si es preferible -si es más justa o no- la que incluye la ley de Hont o aquella en que verdaderamente un hombre es un voto. Pero jamás se podrá admitir discusión alguna sobre el respeto y los límites de los derechos humanos: estos deben ser el irrenunciable cimiento sobre el que construir todas las sociedades del mañana.

    El cambio mundial requiere, asimismo, rebuscar sin cortapisas en las raíces del conflicto. Raíces que irremediablemente se hunden en el golfo Pérsico y que están asidas a la principal de las herejías del Islam, aquella que está en el ADN tanto de países como Arabia Saudí, como de organizaciones del cariz de Al Qaida o el Estado Islámico: el wahabismo. Avanzado el siglo XIII de la era cristiana, en pleno apogeo del dominio mogol sobre la antigua Persia, Mesopotamia y el Levante Árabe, Ahmad ibn Taymiyya, un oscuro ulema afincado en Damasco, estableció los principios de la llamada yihad ofensiva. En una reflexión que condicionaría a partir de entonces toda la historia del mahometanismo, declaró que no solo era lícito luchar contra los nuevos dirigentes, sino que constituía un mandato ineludible ya que su conversión al Islam crecía de sinceridad. El hombre que redefinió el concepto de yihad abogó, además, por la recuperación de una imagen prístina -e idealizada- de la religión mahometana y por una interpretación literal de El Corán, según el texto que había quedado fijado casi dos siglos después de la muerte del Profeta. Sus escritos influyeron sobremanera en un clérigo posterior, Mohamad abdel Wahab, quien en el siglo XVIII extremó los conceptos y alumbró una nueva y más retrógrada interpretación de la tradición islámica en la región del Nedj, corazón de la futura Arabia Saudí. Un oasis en pleno desierto que de acuerdo con algunos textos islámicos está maldito, ya que estaba predicho que en él nacería “la cornamenta del diablo”.

    Abdel Wahab fue perseguido, expulsado y declarado hereje por sus propios correligionarios hasta que halló refugio en la corte de un señor tribal con ambiciones de conquistador: Mohamad ibn al Saud. Ambos establecieron una alianza político-religiosa que 250 años después aún sostiene y vertebra el reino de Arabia Saudí. Alimentadas por los recursos de Ibn al Saud y arengadas por la legitimidad religiosa que se arrogaba Abdel Wahab, las tropas saudíes-wahabíes pronto se hicieron con el control de la mayor parte de la Península Arábiga. A principios del siglo XIX habían arrinconado a los chiíes, que consideraban herejes, en las regiones costeras del Este -donde después se hallaría el petróleo- y en 1805 habían penetrado en el futuro Irak, donde perpetraron varias masacres que aún retumban en la historia negra de los seguidores de Ali. En las décadas siguientes, su influencia se extendería con presteza hasta las tierras altas de Afganistán, la India y el futuro Pakistán: los primeros suicidas que atentaron contra la presencia colonial del Reino Unido en Asia Central eran wahabíes autóctonos instruidos por clérigos árabes llegados de la península Arábiga.

    La historia del reino árabe del desierto dio un nuevo giro en 1945. El 14 de febrero de ese año, escasos tres días después de la crucial conferencia de Yalta, el entonces rey de Arabia Saudí -y fundador del moderno estado- Abdulaziz Ibn Saud y el entonces presidente estadounidense, Franklin D. albion gold Roosvelt, compartieron unos minutos a bordo del buque de combate USS Quincy, que navegaba por aguas del golfo de Suez. Diversas fuentes coinciden en señalar que fue en su cubierta donde ambos cerraron un pacto de caballeros secreto por el que Arabia Saudí se comprometía a abastecer de petróleo de forma preferente a Estados Unidos a cambio de apoyo político y garantías plenas de que siempre defendería su seguridad. buy albion gold A lo largo del siglo XX, el supuesto acuerdo ha sido respetado de forma escrupulosa por todos y cada uno de los inquilinos de la Casa Blanca. Y se ha desarrollado de forma sostenida hasta convertir al reino wahabí en el principal aliado árabe de Washington -y de Occidente- en la región. En 1980, tras el triunfo de la Revolución Islámica en Irán y el intento de asalto de la Gran Mezquita de la Meca por el saudí Juhaiman al-Otaibi y sus hermanos salafistas -acusaban a la casa de Al Saud de corrupción moral, como hizo también Al Qaida y como hace en la actualidad el Estado Islámico- la relación se consolidó aún más. Arabia Saudí se convirtió en uno de los principales compradores de armas a Estados Unidos, y Estados Unidos cumplió con la promesa de defender la plutocracia saudí enviando tropas para expulsar de Kuwait al Ejército de Sadam Husein. Una década antes, y con la ayuda inestimable de Pakistán, ambos abrieron el llamado “puente de los muyahidin”: un corredor que permitió que miles de radicales islámicos procedentes de todos los rincones del mundo musulmán se formaran y se sumaran a la lucha armada contra la ocupación soviética de Afganistán. Destruido el muro de Berlín, la mayor parte de ellos regresaron a sus países donde se encontraron que en vez de ser recibidos como ´héroes, eran empujados a la cárcel o a la clandestinidad. Quienes lograron huir de las dictaduras árabes aliadas de Occidente pronto hallaron un nuevo refugio: las decenas de grupos salafistas, de inspiración wahabí, que en el tránsito entre siglos se sumaron a la red terrorista internacional Al Qaida.

    Avanzado 2015, Arabia Saudí es el ajo de todas las sopas que hierven en Oriente Medio. Secundada por el denominado “Consejo de Cooperación del golfo Pérsico” (CCG) -un organismo regional al que también pertenecen Bahrein, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Omán y Qatar y que creó en 1980 para frenar la influencia de Irán-, fue uno de los principales instigadores entre bambalinas de la ilegal invasión de Irak (2003), y del error fatal que supuso la aniquilación del régimen baazista de Sadam Husein. Ocho años después, descolló como el enemigo más enconado de las mal etiquetadas “primaveras árabes”. asics gel lyte 5 uomo No solo se contentó con reprimir sin compasión la que se gestó en el seno de su cansada y empobrecida sociedad. Cuatro años más tarde, es el principal valedor del nuevo dictador de Egipto: Abdel Fatah al Sisi. A su disposición puso el dinero, las armas y la influencia política para derrocar el gobierno ganado en las urnas por los Hermanos Musulmanes, y para aplastar el creciente movimiento social laico. De forma similar, dinero y armas saudíes llegan -pese al embargo de la ONU- al general Jalifa Hafter, un tenebroso oficial que participó en el incruento golpe de Estado que aupó al ahora derrocado Muamar al Gadafi, que años después se convirtió en su principal opositor en el exilio -vivió durante décadas cerca de la base de la CIA en Washington- y que casi concluido 2015 ha devenido en el mayor escollo para la paz en Libia. Tropas de Arabia Saudí bombardean sin misericordia desde hace más de un año Yemen, y a los servicios de Inteligencia saudíes se le atribuye gran parte del caos que desangra Siria. chaussures nike tn requin Riad fue el principal responsable de la atomización de la oposición siria en el exilio a lo largo del 2012; en su palacios espantaba la opción de que el mayor peso lo sustentara la rama siria de los Hermanos Musulmanes. Comandantes del Ejército Libre Sirio (FSA) se han quejado amargamente en numerosas ocasiones de que no les llegan las armas prometidas por Arabia Saudí; mientras que los grupos yihadistas entroncados con sociedades caritativas y religiosas wahabíes-saudíes tienen los arsenales y santabárbaras repletos. buy albion gold Además, Arabia Saudí ha sido, junto a Israel, el mayor y más contumaz opositor al acuerdo nuclear entre las seis potencias mundiales e Irán, país con el que mantiene un pulso político e ideológico que ha condicionado todas la políticas en Oriente Medio desde la década de 1980.

    Aquellos que ahora bombardean con saña el Estado Islámico son los mismos que han permitido que Arabia Saudí -un país de apenas 28 millones de habitantes- se convierta en cuarto comprador mundial de armas, solo por detrás de Estados Unidos, Rusia y China, y por delante de potencias como Alemania, Francia o el Reino Unido. Aquellos que denuncian las atrocidades del Estado Islámico, son los mismos que negocian y protegen a un país listado entre los mayores predadores del mundo de la libertad y los derechos humanos. Air Jordan 7 Uomo En Riad, al igual que en Raqqa, las mujeres no pueden salir solas a las calles; tienen vedado conducir y deben pasear cubiertas de los pies a la cabeza; no pueden viajar sin el permiso de su marido, padre o tutor, y están segregadas en la escuela, en los mercados y en el trabajo de los hombres. El voto es un derecho que han adquirido hace muy poco. En Riad, al igual que en Raqqa, no se pueden levantar iglesias ni mostrar cruces, y cualquiera puede ser apaleado y detenido por la Policía moral si pasea por la calle a la hora del rezo. albion silver En Riad, al igual que en Raqqa, se decapita en público a los condenados por asesinato, tráfico de drogas, violación, robo con violencia, apostasía y brujería. Se amputan miembros por delitos considerados menores y se corre el riesgo de ser flagelado por consumir alcohol o escribir un tweet que se considere blasfemo.

    Aquellos que un día aplaudieron y animaron las “primaveras árabes”, son los mismos que callan cuando las organizaciones internacionales de defensa de los derechos humanos denuncian que las cárceles saudíes están repletas de hombres y mujeres que simplemente piden derechos, libertad, democracia, justicia social y un sistema legal que no dependa del arbitrio de clérigos ancianos formados en una interpretación retrógrada de la ley de Alá. Aquellos que se lamentan del poder de persuasión y del aparato de propaganda del que disfruta el Estado Islámico son los mismos que han permitido que las mezquitas wahabíes, financiadas con petrodólares saudíes y adalides de una forma de Islam radical, hayan proliferado en Europa y en los países árabes. Aquellos que apelan a neutralizar las vías de financiación del Estado Islámico, son los mismos que han abierto las puertas a la inversión árabe, a la compra-venta de equipos de fútbol, de patrimonio inmobiliario, de agua europea, e incluso de deuda. Y que se pelean porque sus empresas ganen contratos en el golfo Pérsico. Los mismos que son incapaces de exigirle al gobierno saudí que frene el flujo de limosnas y de armas que asociaciones wahabíes y musulmanes a título personal envían desde oficinas y bancos del Pérsico -incluso de Europa y de otros países árabes- a oficinas y mezquitas de Siria e Irak.

    Aquellos que dicen recurrir a las bombas para defender la democracia, son los mismos que han negado durante años a las sociedades árabes el derecho a vivir libres. New Balance 1300 hombre Aquellos que durante años apoyaron a dictadores como Hosni Mubarak, el propio Bachar al Asad, o Zinedin el Abedin Ben Ali y que cuatro años después de la caída del primero de ellos, son los mismos que respaldan sin sonrojo al sátrapa que le ha sustituido, pese a que los egipcios dejaron claro que ansiaban desprenderse del yugo que les asfixiaba. Aquellos que invocan la violencia para acabar con la violencia son los mismos que permitieron que esas dictaduras y las monarquías autoritarias árabes barrieran los movimientos de oposición y no dejaran otra alternativa a la tiranía que el islamismo. Alternativa es quizá la palabra clave. Construir -y no destruir- es probablemente la esencia de la ecuación. Construir sociedades alternativas basadas en la dignidad, en los derechos humanos y la justicia social es lo que piden los ciudadanos árabes y musulmanes; sociedades en la que los jóvenes puedan atisbar un pedazo del horizonte para que no se sientan obligados a elegir entre la nada y la quimera de un paraíso impostado.

    Yemen: La puerta de las lamentaciones

    Asomado al extremo sur de la península Arábiga, Bab al-Mandub es uno de esos accidentes de la geografía bendecidos por la naturaleza y malditos por la codicia de los hombres. Un azaroso estrecho de apenas una treintena de kilómetros en su parte más angosta en el que algunos antropólogos sitúan las primeras migraciones humanas, supuestamente ocurridas hace cuatro milenios, en tiempos del profeta bíblico Jacob. Asics Kinsei 4 damskie Aguas bravas y corrientes vivas que desde la excavación del canal de Suez, y a lo largo del siglo XX, ha agigantado la leyenda negra que le valió su funesto nombre: “Puerta de las Lamentaciones”. Según datos de 2010, cerca de 3,5 millones de barriles transitan a diario por este desfiladero que une el mar Rojo y el océano Índico, a orillas de dos de los países más pobres del mundo, Yibuti y Yemen.

    El dominio de la vecina ciudad de Adén -y por tanto de este estratégico corredor marino-, es una de las múltiples aristas que componen el poliédrico conflicto fratricida que desde hace décadas asuela Yemen. Siempre lo ha sido en un territorio ensombrecida por el fragor de las armas desde que en 1968 -y tras una revuelta que azuzaron Egipto, Arabia Saudí y las potencias coloniales, en particular el Reino Unido- desapareciera el hasta entonces único imanato chií que el mundo conocía. Víctima de la guerra fría y de la avaricia de sus vecinos, la antigua “Arabia Feliz” se rasgó en dos estados: la República Árabe de Yemen, en el norte, durante años bajo la esfera del nasserismo y el socialismo árabe; y la República Democrática Popular del Yemen, secundada desde Riad. Una escisión cerrada en falso en mayo de 1990, fecha en la que, tras un arduo pulso tribal, el entonces presidente norteño, Alí Abdulá Saleh, fue designado jefe del nuevo estado unificado.

    Casi medio siglo después, los Houtis -autoproclamados herederos de aquel derrocado imanato chiíta- han recuperado la capital, Sanaa, y asumido el control de Adén y de gran parte del territorio. Beneficiados por el colapso del Estado que supuso la mal denominada “primavera árabe”, durante los últimos tres años se han extendido sin apenas oposición desde sus tradicionales enclaves en las provincias septentrionales de Saada y Amran -limítrofes con Arabia Saudí-, como el grupo más fuerte y cohesionado de los varios que luchan en un conflicto más complejo que la simple -e interesada- rivalidad entre chiíes y suníes.

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  • Yemen está (inmerso) en un proceso de descomposición: entre los Houtis en el norte, y la coalición antihouti, más fuerte en el sur”, explica April Longley Alley, analista para la Península Arábiga del afamado centro de investigación Crisis Group. “Y en el sur, entre los grupos secesionistas y el creciente frente yihadista violento. Y desde fuera, por la implicación creciente de poderes como Arabia Saudí e Irán. Una guerra entre aliados, violencia sectaria, poder de las milicias y colapso del Estado son la receta de una desastrosa guerra civil de varios frentes”, enumera.

    Para conocer sus orígenes es necesario, sin embargo, retroceder al menos una década. En junio 2004, tribus aliadas y fuerzas leales al entonces presidente del país, Alí Abdula Saleh, trataron de arrestar -en vano- a Husein Badr al-Din al-Houthi, líder de esta corriente chií asentada en Yemen y uno de los señores tribales que se opusieron a la invasión anglo-estadounidense de Irak. Andrelton Simmons Baseball Jersey La acción -y posterior asesinato a manos el Ejército regular del pretendido nuevo imam- desencadenó seis cruentas guerras con el gobierno central que cesaron en febrero de 2010, con cientos de muertos en ambos bandos y varias cuentas por saldar. Más allá del conflicto político o religioso, el malestar en las provincias septentrionales tenía arraigadas raíces socio-económicas. En un país colocado entre los más depauperados del mundo, las zonas chiíes del norte eran un pozo de miseria, resquemor y desesperanza. Una región con significativas cifras de paro, escasez de servicios e ínfimas opciones de futuro, donde el tráfico de armas y el contrabando de todo tipo de productos eran las actividades más lucrativas.

    Razones que explican porque los Houthis se sumaron con ilusión a la revuelta popular contra el gobierno central que estalló un año más tarde, al rebufo del que después sería el crudo y sangriento invierno de los árabes.La transición, en Yemen, ha sido como las del resto de las revoluciones árabes, incluida la de aquí en Túnez”, denuncia Nessim, una joven que lideró en 2011 a sus compañeras de facultad en la avenida Habib Bourguiba, y que ahora lucha por que aquel anhelo de libertad no quede ensombrecido por quienes intentan agitar y aprovechar el fantasma de la inestabilidad para conservar sus vetustos privilegios. Boutique NikeNo han sido más que un pulso en el poder, entre las elites, en el que las necesidades del pueblo han quedado olvidadas. Ninguno de los problemas sociales o económicos se han solucionado, y el tema político tampoco ha cambiado en la dirección que la gente esperaba. Eso ha creado mucha frustración”, resalta.

    Pero no solo frustración en el caso del Yemen; también guerra y un odio confesional que antes apenas existía, fruto de la manipulación saudí del proceso de transición y de los extraños compañeros de cama surgidos en un conflicto de raigambre local que los países vecinos pretenden transformar en global para proyectar en él sus ambiciones particulares. Desbancado Abdula Saleh -a quien Arabia Saudí tendió una alfombra roja salpicada de víboras danzantes-, los diferentes grupos se implicaron -en mayor o menor medida- en un fallido proceso de diálogo nacional auspiciado por la ONU y liderado por el nuevo presidente, Abdel Rabo al-Mansur, el hombre de paja de Riad. nike donna El general, que durante años ejerció de vicepresidente y goza de cuantiosos negocios y privilegiadas relaciones con el ministerio saudí de Defensa, propuso en febrero de 2014 una solución salida del laboratorio de ideas de la Casa de Saud que sugería fragmentar el país en seis provincias federadas, con Sanaa como capital y fortaleza, propuesta que terminó de enervar a los Houthis.

    Apoyados en su sostenida y rápida expansión territorial hacia el sur en los años de transición, y decididos a no quedar una vez más relegados, los “herederos del Imam” redoblaron su presión militar y emprendieron el camino hacia la capital secundados por quien un día fuera su más enconado enemigo: aún influyente entre las tribus del norte y el sur del país, Alí Abdula Saleh prestó a los chiíes sus contactos y armas, confiando en la futura redención de su familia a través de su hijo y sucesor: Ahmed Alí Abdula Saleh. “El ex presidente tiene muchas cuentas pendientes que cobrar: con los saudíes, que maquinaron para despojarlo del poder, y contra Hadi, a quien considera un traidor. Fjallraven Kanken No.2 No se puede subestimar la influencia que él y su clan todavía poseen”, señala un diplomático árabe asentado en el norte de África. “Aún oiremos hablar mucho de Saleh y su familia”, insiste.

    En septiembre de 2014, hombres aún leales al ex mandatario abrieron las puertas de la capital a los Houthis: los zaydies -una de las tres ramas del chiísmo- asaltaron el palacio presidencial e hicieron prisionero a Hadi, quien se resistió a renunciar a sus poderes hasta enero de 2015. Un mes después, consiguió escapar a Adén, donde se retractó y denunció “el golpe de Estado” al tiempo que de intentaba consolidar una gran coalición en torno a su persona. De nuevo cercado por las tropas chiíes, a mediados de marzo huyó de nuevo, esta vez en barco a través de “la puerta de las lamentaciones”, rumbo a Arabia Saudí. La negociación nuclear entre Irán y Estados Unidos -facilitada por Omán- avanzaba aquellos días en la ciudad helvética de Lausanne para desmayo de Riad y la decrépita Casa de Saud no desaprovechó la ocasión para lanzar sus aviones de combate sobre la ciudad que vio nacer al general yemení y denunciar que el régimen de los ayatolá apoyaba y financiaba a “los rebeldes chiítas”.

    Los Houthis son menos dependientes de Irán de lo que lo es Hadi de Arabia Saudí”, advierte Crisis Group. nike air max heren Un argumento, el de la forzada internacionalización de un conflicto genuinamente interno, que comparten otros expertos en la región.

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  • Aunque chiíes, los Houthis pertenecen a una rama diferente a la que domina en Irán. New Balance Pas Cher Conocidos como “Ansar Allah” (los partidarios de Alá), entroncan con el zaydismo -una corriente que reconoce a cinco imames después de Alí, frente a los doce de los chiíes duodecimanos, mayoritarios en la antigua Persia y en el mundo-, y no son monolíticos.

    Surgidos en la década de los noventa con el afán de resucitar el imamato que durante más de un milenio gobernó el norte de Yemen, la ideología de su rama principal está más marcada por los escritos de Husein Fadlalá -uno de los referentes filosóficos del grupo chiíta libanés Hizbulá-, que por las lecturas de los grandes ayatolá en Irán o Irak. No se puede negar que el régimen de Teherán ha intensificado su protagonismo e influencia en los últimos años, como parte de su enconado conflicto político con Arabia Saudí, pero explicar el enfrentamiento como un episodio más en la batalla por el liderazgo del islam entre chiíes y suníes conduce a una imagen falseada de la realidad.

    El pulso entre los Houthis y la alianza forjada en torno a Hadi es la pugna más visible en Yemen, pero no la única. A su vera, otros grupos buscan resurgir de sus cenizas o mejorar sus dividendos. El colapso del gobierno central ha resucitado a los movimientos independentistas sureños, que añoran los tiempos de la República Democrática Popular del Yemen. Y acrecentado el poder y la ambición de tribus como la poderosa familia Al Ahmar, uno de cuyos miembros fue ejecutado por el desaparecido imam Ahmad bin Yahya. El clan Al Ahmar es un ejemplo de la complejidad que define a la sociedad yemení. Zaydies de origen, forman parte de la federación tribus unidas entorno al partido islamista moderado pro saudí Islah y disfrutan de estrechos lazos con Riad. Su fe en los dictados de la familia al Saud es, hasta la fecha, inquebrantable. air max

    Sin embargo, quien más parece fortalecerse es la rama de Al Qaida en Yemen, una de las más importantes de la organización terrorista internacional. nike air presto donna Presente desde finales de los noventa en las áreas del sureste del país -en particular en la empobrecida región de Hadramut- su influencia se ha extendido en los últimos meses, como demuestra el asalto a la cárcel de Mukalla, que permitió la fuga de unos 150 yihadistas. Maglia Larry Bird Scarpe Nike StoreEl desembarco de células del Estado Islámico en Yemen tiene que ver más con el pulso que ambos grupos mantienen que con el propio conflicto en Yemen”, explica una fuente de Inteligencia europea que prefiere no ser identificada. Fjallraven Kanken Sale ClassicEstá claro que existe una estrategia para forzar el enfrentamiento sectario como ha ocurrido en Irak y en Siria, del que al final solo sacan provecho el EI y Al Qaida”, explica la fuente, en referencia al atentado que semanas atrás segó la vida de 140 personas en un mezquita zaydí en Sanaa.

    Es un factor novedoso, muy peligroso, que puede llevar al país a un caos similar al que padecen sirios e iraquíes”, advierte, en una nación donde la convivencia entre chiíes zaydies -que suponen una tercera parte de los 25 millones de habitantes de Yemen- y suníes shafies ha prevalecido tradicionalmente sobre las innumerables guerras, en su mayoría de tinte político. Dejar que eso ocurra es azuzar y transformar un enfrentamiento cuyo futuro es fácil de adivinar. New Balance 997 damskie Basta mirar al norte, hacia Siria e Irak. hogan scarpes outlet nike sklep Allí Arabia Saudí e Irán también han proyectado la bruna sombra de sus lascivas ambiciones regionales, de su agotado modelo petrolero. Nick Chubb Jerseys Una avidez enfermiza que alimenta a los radicales, siembra el odio, crea Estados fallidos y riega de sangre y dolor la tierra.