Los refugiados no huyen de la guerra

Como cualquier otra mañana de oración, el viernes 25 de mayo de 2012 cerca de un centenar de fieles se acercaron a escuchar la jutba en la mezquita de Taldou, una de las barriadas del extrarradio de la ciudad suní siria de Houla. Concluidas las genuflexiones y musitadas las jaculatorias, una inesperada tormenta se desató. Desde posiciones vecinas, unidades de artillería del Ejército sirio comenzaron a abrir fuego sobre objetivos civiles en los barrios aledaños. No era la primera vez que su propio gobierno bombardeaba la ciudad. Pero vecinos consultados días después por periodistas y activistas de derechos humanos coincidieron en señalar que aquella soleada mañana de primavera la intensidad del ataque fue inusual. Según datos de la ONU, más de un centenar de personas perdieron la vida. La mayor parte de ellas, ancianos, mujeres y niños asesinados a sangre fría a manos de sicarios de la satrapía Al Asad, sabiha (matones) procedentes de aldeas de mayoría Alawi, una rama del Islam asociada al chiísmo, que aprovecharon la cobertura artillera para castigar a la población.

La masacre, que el régimen militar sirio trató de adjudicar a facciones terroristas, despertó una ola de indignación mundial y enterró cualquier gramo de oportunidad que le restaba al desacreditado plan de paz de seis puntos que entonces impulsaba el enviado especial de la ONU para el conflicto en Siria y ex secretario general del organismo, Kofi Annan. Estados Unidos, el Reino Unido, Francia, Alemania y Canadá fueron los primeros países en expulsar a los embajadores y representantes diplomáticos de Damasco. mochilas kanken no.2 Una política de aislamiento del régimen sirio a la que enseguida se sumaron con más entusiasmo que cabeza otras naciones como España, Holanda e Italia, y de la que se distanciaron actores de relevancia en el región como Rusia e Irán. goedkope nike air max 2016 schoenen A partir de entonces, el discurso cambió. Annan y su plan de reconciliación fueron discretamente apartados y en las cancillerías de Washington, Berlín o Madrid dominaba una nueva consigna: ninguna solución incluye a Bachar al Asad.

Consciente de que su posición se debilitaba, el denostado presidente sirio utilizó la matanza, por su parte, para asentar y consolidar los pilares de la estrategia que tres años después le permite mantenerse el poder y esbozar una sonrisa al observar que aquellos que en 2012 se disponían a sacrificarle en el altar de la ética, hoy vuelven a llamar a su puerta con esa ética escondida en busca de la solución a una crisis que hunde sus raíces en las ajadas y obsoletas ideas del siglo XX. Como le enseñó su ladino padre, Hafez al Asad, del que heredó el poder en el año 2000, Bachar se atrinchera tras la máxima “cuando la guerra sobreviene y la victoria es elusiva, la mejor opción es intentar sobrevivir”. Resistir a las presiones externas y a las intrigas palaciegas, conservar aliados sólidos y, sobre todo, aplicar el viejo principio político -tan habitual en Oriente Medio- de “gestión a través de crisis”. Es decir, generar problemas y erigirse al mismo tiempo en parte imprescindible de su solución.

Bachar al Asad sobrevive. Avanzado 2015, y gracias en gran parte a la matanza de Houla, su mezquino régimen de terror y miseria moral es todavía el único poder real en Siria. Las distintas fuerzas rebeldes se mantienen divididas y ni siquiera han logrado establecer un bastión en el interior del país desde el que competir en jerarquía y legitimidad con el dictador. Real, y necesario. Cualquier sirio depende aún de las estructuras administrativas del Estado alawi para regular su vida. Tanto si lo que desea es renovar su pasaporte como registrar un nacimiento o defunción, vender una propiedad, cobrar una jubilación, indemnización, compensación, seguro o herencia. air max 2017 dames Incluso en ciudades virtualmente en manos de la oposición, como Idlib o Deir al Zour. En esta última, un pequeño barrio resiste desde julio las infructuosas acometidas de los soldados del grupo yihadista “Estado Islámico”. Cuando el atronador estruendo de la artillería descansa y el olor agrio de la pólvora pierde intensidad, vecinos bajo el puño de los radicales cruzan las líneas del frente para arreglar papeleo o cobrar salarios en las oficinas estatales antes de regresar a casa.

El régimen es esencial también, aún, a la hora de garantizar los suministros de comida, agua y energía en gran parte de las zonas urbanas, aunque en teoría solo conserve el control directo de un 20 por ciento del territorio nacional. Y crucial para la subsistencia de muchas familias, tanto en las zonas que domina como en las áreas en combate: aunque ya no puedan acudir a su puesto de trabajo por haber quedado atrapados bajo el brazo rebelde o yihadista, el aparato administrativo sirio sigue pagando de forma regular los salarios y pensiones a sus funcionarios, una ardua tarea que ofrece la impresión de que, pese a la violencia y la penuria, el antiguo sistema persiste.

Aliados nunca le han faltado. air max 1 femme Desde que las primeras protestas estallaran al socaire de los alzamientos en Túnez y Egipto, Bachar al Asad ha disfrutado del apoyo político, económico y militar de los dos socios tradicionales de su padre: Rusia e Irán. Unidos ante un enemigo común -Sadam Husein- el régimen de los ayatolá y la dictadura baazista sellaron un acuerdo de cooperación en 1987 que creó un eje chií -frente al suní liderado por Arabia Saudí y Egipto- y trocó el destino de la guerra civil en el Líbano. Aunque la colaboración entre Damasco y Teherán se remonta mucho más allá en el tiempo; está emparentada con la guerra fría, ha disfrutado siempre de la anuencia rusa y tiene consecuencias en el diseño actual de Oriente Medio. En 1978, meses antes de que el gran ayatolá Rujola Jomeini se apropiara de la revolución iraní y certificara la desaparición del que era el principal aliado de Estados Unidos en la región, guerrilleros persas que después fundarían la poderosa e influyente Guardia Revolucionaria desembarcaron en el sur de El Líbano para recibir instrucción bélica, previa escala en la antigua capital omeya. Casi cuatro décadas después, algunos de aquellos jóvenes iraníes, convertidos en experimentados oficiales de la temida fuerza Al Quds, brazo exterior de la Guardia Revolucionaria, gestionan bases en el interior de Siria y luchan junto a miembros del partido chiíta libanés Hizbulá en defensa de la dinastía amiga de los Al Asad.

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El dictador cuenta, además, con el apoyo financiero y militar de Moscú. Tanto Rusia como Irán son los principales responsables de que las arcas del Estado sirio no se hayan vaciado y de que su Ejército conserve la capacidad de combate operativa con equipos modernos y munición suficiente. nike air max 90 goedkoop No solo le protegen con ayuda militar. El pasado julio, Irán abrió una línea de crédito a Siria por valor de mil millones de dólares para hacer frente a los subsidios y al pago de los salarios. Moscú, que ha mantenido una misma línea pensamiento durante toda la crisis y se erige ahora en uno de los actores más influyentes, ha implantado medidas similares. Gracias a ello, los mercados se mantienen surtidos y la libra siria apenas pierde valor. Una muestra de que la estrategia de ambos aliados no solo apuesta por la supervivencia del régimen, si no que pretende que ese régimen sea lo suficientemente fuerte como para imponer condiciones en una futura negociación. Dimitri Trenin, director del Centro Carniege en Moscu, lo resumía en una frase días atrás: “lo quieran o no, Estados Unidos y Rusia deberán cooperar en Siria”. Para muchos, una victoria diplomática más de Vladimir Putin.

Yazid Sayigh, conocido analista palestino, advertía este septiembre en las páginas del diario árabe “Al Hayat” que estos anzuelos no garantizan la victoria, pero permiten al régimen comprar más tiempo para tratar de afianzarse en su debilidad. chaussures nike pas cher Esta perspectiva, que se agudizado con la reciente declaración del Kremlin de que se dispone a incrementar y mejorar su ayuda militar a Siria, ha causado que en Estados Unidos y otros países comiencen a alzarse voces críticas con la política de aislamiento. La semana pasada, senadores demócratas como Claire McCaskill o Jeanne Shaheen se preguntaron si no era tiempo de corregir el enfoque y abandonar la estrategia contra Al Asad en favor de combatir con más fuerza al Estado Islámico. Sus colegas Joe Manchin y Tim Kaine advirtieron, por su parte, del peligro que supondría, en la coyuntura actual, dejar un “vacío de poder” en la desmembrada Siria. Un giro político recibido con aplausos en Teherán, Moscú y Damasco.

El tercer pilar, “la gestión a través de crisis”, también parece haberle dado sustanciosos frutos al oftalmólogo reconvertido en tirano. A mediados de 2012, con el Ejército sirio arrinconado en Latakia y los alrededores de Damasco, Bachar al Asad arriesgó a jugar la carta del miedo de occidente al yihadismo. Consciente del poder que comenzaba a atesorar el Estado Islámico, centró su estrategia en conservar los centros de poder vitales y dejó que los radicales avanzaran hacia las zonas controladas por la oposición. Más organizadas y mejor pertrechadas, las huestes fieles al autoproclamado califa ganaron rápidamente posiciones en tierras vecinas a la frontera con Turquía y en provincias bajo la esfera de las fuerzas rebeldes, como Alepo o Deir Ez Zour. Su empuje no solo dividió a la oposición. mochilas kanken baratas Sirvió también para importar la guerra de Irak a los campos de Siria e impulsar el conflicto fratricida entre los diferentes mentalidades salafistas. El resultado hoy es que no existe un poder alternativo a Bachar al Asad más allá del temido Estado Islámico, y la oposición ha devenido en un batiburrillo de grupos armados, cada uno con sus propios objetivos: desde movimientos laicos a señores de la guerra, desertores y yihadistas, unos vinculados a la red terrorista internacional Al Qaida y otros a los servicios secretos de Jordania, Arabia Saudí y el resto de monarquías absolutistas de la península Arábiga. Un caos que azuza los temores a que se haga realidad ese “vacío de poder” y sea aprovechado por la facción más fuerte a día de hoy en Siria, el EI.

Argumentar, como han hecho algunos medios, que la crisis de los refugiados que asusta a Europa fue provocada por el régimen sirio es un acto de ignorancia. También lo es achacar su responsabilidad a Turquía o las autocracias del golfo Pérsico, aunque todos ellos compartan la culpa y se deba por ello exigirles responsabilidad -sobre todo a las últimas a la hora de asumir su cuota de absorción de refugiados-. Pero no se yerra al afirmar que la explosión migratoria ocurrida este verano entraba en los cálculos más optimistas de un régimen acorralado. Maglia LeBron James Los hombres, mujeres y niños que desde hace semana llegan en masa a las fronteras de la decepcionante Unión Europea no huyen de la guerra. De la guerra, ya huyeron la mayoría de ellos hace cuatro años. air max pas cher Tampoco huyen solo de las barbas intransigentes del Estados Islámico, si no de los barriles con pólvora que vomitan los aviones de guerra de quien es todavía su presidente; de la violencia ciega y vengativa de los sabiha que ensangrentaron Houla. Ahora de quien huyen es del hambre y de la miseria, de la falta de esperanza y del hastío tras cuatro años de olvido internacional y dolor físico en precarios campos de refugiados o en guetos. Huyen del confinamiento en tierra extraña -y en ocasiones hostil- y de la ausencia de futuro en el horizonte. Según la Asociación para la Solidaridad con los Refugiados, cerca de dos millones de sirios malviven en la actualidad en Turquía, 260.000 de ellos en tiendas de campaña o en barrios prefabricados. Solo en Estambul, y de acuerdo con las cifras del ministerio turco de Interior, viven 330.000 sirios, la mayoría de ellos llegados en los primeros años de conflicto. Ciudades como Gaziantep, con 220.000, y Hatay, con cerca de 190.000, acogen un número mayor de refugiados sirios del que Europa no se quiere repartir. Son estadísticas oficiales. Periodistas turcos aseguran que la cifra, en algunas de estas localidades, es muy superior.

Muchos de los que se han instalado en las ciudades de frontera, como Hatay, se benefician del contrabando, en particular de gasolina y armas, pero también del estraperlo de alimentos y otros productos de primera necesidad, como las medicinas. Otros, los más pudientes, han abierto negocios y tratan de llevar una vida lo más normal posible. Y la gran mayoría intenta sobrevivir con trabajos precarios, explotados y mal pagados, situación que ya ha creado conflictos. O se abandona a la mendicidad -se calcula que solo en Estambul hay unos 3.000 mendigos sirios-. En un país con alto índice de paro, muchos turcos ven con indignación como los refgiados, que cobran menos y no exigen beneficios laborales, adquieren la mayor parte de los trabajos temporales en sectores como la agricultura y la construcción. Entre ellos hay médicos, enfermeros, ingenieros, administrativos, profesores, artistas o entrenadores de fútbol como Osama al Ghadab, el hombre al que salvó de la miseria la miserable zancadilla de una miserable reportera. Casi todos afrontan graves problemas de integración. La mayoría viven en guetos del extrarradio y no conocen la lengua del país. Son explotados y trabajan de sol a sol por un puñado de euros. Sin derechos y con miedo. En la mayoría de las poblaciones turcas se han registrado casos de violencia por parte de la población local contra “los sirios que nos roban el trabajo y el pan”. La sanidad es un lujo impensable, así como la educación. Estadísticas de organizaciones locales apuntan que la mayoría prefieren una solución que les permita regresar a casa que emigrar a Europa. Pero que si esa solución no llega, volverán a intentar una segunda huida.

Osama vivió esta experiencia en Turquía y tuvo suerte. La mayor parte de sus compatriotas no. Tras huir por segunda vez, se han topado con una segunda barrera de inhumanidad, injusticia e incomprensión. Concertinas que sajan el derecho a la dignidad; bombardeos sobre su país que solo benefician a la industria armamentística y enquistan el conflicto; errores estratégicos, cálculos políticos, prepotencia y ahora, vuelta al diálogo con un sátrapa al que hace apenas tres años se pretendía enterrar. Apostar por los que garantizan mano dura, como en Egipto, para alejar -sin resolver- el problema de nuestras fronteras: la arcaica receta de un decrépito y fracasado sistema político internacional, hijo del colonialismo, el capitalismo y el comunismo que dominaron el agostado siglo XX, y que cada vez urge más transformar.